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jueves, 10 de septiembre de 2020

¿ES LA POLÍTICA APTA PARA CREYENTES?


En Juan 7:4 los hermanos de Jesucristo le dieron un consejo: “ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo”. Es un consejo que todo político debe seguir. Para ganar una elección tiene que darse a conocer. Necesita el voto del pueblo, y para eso debe ser popular. “Manifiéstate al mundo” – esto es – ¡lanza tu campaña publicitaria! Unos carteles con tu foto, unas operaciones fotográficas para la prensa – que te vean visitando las escuelas, los pueblos, los pobres, hablando con la gente, sonriendo, etc. Monta un equipo de apoyo, personas que trabajarán incansablemente para ayudarte a ganar. Y para todo eso consigue grandes donaciones de fondos, no importa que sean incrédulos, pues los arcones tienen que estar llenos para ganar. Es el camino del mundo y de la sabiduría del mundo.

            Pero no es el camino de Dios, ni la sabiduría celestial. El creyente no tiene que ser votado y elegido, pues Dios ya le ha escogido. No para un puesto en el gobierno, sino “para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Ef. 1:4), y para que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro. 8:29). ¡Por la gracia de Dios ya hemos ganado la única elección que importa!

            Además, el creyente no puede seguir la voluntad de Dios y ganar una elección política, porque el Señor Jesucristo dice claramente:

 “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Jn. 15:18-21).

      

            ¿Eres discípulo de Cristo; fiel seguidor Suyo? Serás aborrecido en el mundo, porque no eres del mundo.  “El mundo os aborrece” dice el Señor. “Acordaos de la palabra que yo os he dicho” – exhorta, pero hoy algunos creyentes no se acuerdan. Creen que van a ser una excepción, o que el Señor no decía esto para hoy sino solo para aquel entonces. Las excusas y los razonamientos son mil, pero al final son culpables de no recordar la palabra del Señor: “El siervo no es mayor que su señor”. ¿Quisieras ser una excepción a esto? El que busca suficiente popularidad para ganarse una posición política intenta hacerse mayor que su señor, y esto simplemente es feo. El mundo aborrecía y perseguía a Cristo (Jn. 15:18, 20), y si somos fieles a Él, nos aborrecerán y perseguirán – así declara el Señor. ¿Quién podría ganar así una elección? Si somos populares y respetables en el mundo, algo falla. No hablo de ser honestos en nuestro trabajo y considerados de los demás, sino de ser fieles a Señor en todo. Esto incluye separarnos del mundo (Sal. 1:1) y lo que ama, hablar y testificar de Cristo, predicar el evangelio, reprender la maldad y advertir a los perdidos. Si hacemos como Pablo enseñó a Timoteo habrá una reacción, ¡aun de algunos cristianos! “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2). Quizás no alzamos la voz como debemos. Quizás hemos aflojado en la separación del mundo, y en la devoción ardiente al Señor. Tal vez nos hemos acomodado en el mundo y empezado a amar al mundo, pese a la exhortación de 1 Juan 2:15-17. La iglesia en Éfeso dejó su primer amor, cayó de su buen estado (Ap. 2:4-5) y el Señor la llamó a arrepentirse. Eso todavía sucede en nuestros tiempos. ¿Algunos de nosotros necesitan arrepentirse?

            ¿Es posible que hayamos olvidado lo que el mundo tuvo para nuestro Señor? ¡Una cruz! A Sus seguidores dice: “En el mundo tendréis aflicción” (Jn. 16:33), no “En el mundo ganaréis elecciones y transformaréis países para bien”. Algunos alegan que si entraran en el gobierno podrían hace mucho bien. La respuesta de Cristo es: “ Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). ¡Este es el bien que Él quiere que hagamos! Sus apóstoles y los primeros cristianos obedecieron y tuvieron mayor impacto que todos nosotros en el mundo de su día. Fueron acusados de trastornar el mundo entero (Hch. 17:6), y ninguno de ellos entró en la política ni los gobiernos. ¿Acaso podemos mejorar el cristianismo apostólico? ¿No sería mejor ser imitadores de esos primeros que marcaron pauta? Los que se enredan en los negocios de la vida no agradan al Señor (2 Ti. 2:4).

            Hermanos, ¡un discípulo fiel del Señor no puede ganar una elección – el voto popular – sino a expensas de la fidelidad a Cristo. En Lucas 6:26 el Señor advierte: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas”. El que desea ganar una elección sabe que es necesario que hablen bien de él. El Señor habló claramente, tal como hizo en Edén, pero como entonces, viene el tentador y comienza a sugerir, razonar e inducirnos a hacer lo opuesto a lo que Dios ha dicho. Su estrategia todavía funciona. ¡Qué poco hemos aprendido!

            Un creyente no puede montar una campaña, tomar donaciones y gastar dinero en publicidad, anunciándose para que le voten. Hacer publicidad de sí viola el camino de los apóstoles. “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor” (2 Co. 4:5). “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Co. 2:2). Hay que evitar elocuencias, excelencia de palabras y sabiduría, y palabras persuasivas de humana sabiduría. Debemos anunciar a Cristo y el evangelio, no a nosotros o nuestras propuestas. Cuando se reuna la gente, debemos hablarles de Cristo y la Palabra de Dios. “Predicad el evangelio”, y “que prediques la Palabra” son mandamientos bíblicos.

            Respecto a las finanzas, considera como salieron los siervos de Dios en tiempos del cristianismo primitivo. ¨Ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles” (3 Jn. 7). ¡El que presenta en campaña política no puede decir esto de ninguna manera, ni que sale por amor del Nombre de Cristo, ni que rehúsa el dinero de los inconversos! Y si no toma nada de los gentiles, ¡ni mucho menos debe recibir dinero de creyentes! Sus ofrendas deben ser para apoyar a los siervos de Dios, para ayudar a hermanos pobres, para publicar tratados evangelísticos y literatura para edificación cristiana, pero ni un centavo para la política. El que da o gasta dinero en fines políticos se encuentra en la situación del mayordomo infiel, que fue acusado como disipador de los bienes de su amo (Lc. 16:1). Debe prepararse para oír estas palabras del Señor: “¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo” (Lc. 16:2).

            En el tribunal de Cristo, los que han gastado tiempo, energía y bienes en la política y el gobierno verán que sus obras, aunque aplaudidas por algunos en este mundo, no soportarán la prueba de fuego (1 Co. 3:13). No ha edificado sobre el fundamento de Cristo, sino sobre el fundamento del mundo y la sabiduría humana. Todas sus horas y obras de servicio político serán manifestadas: “madera, heno, hojarasca” (1 Co. 3:12), y “sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo” (1 Co. 3:15). La vida y los recursos que Dios nos da, y los dones espirituales, deben ser todos usados para el reino de Dios y Su justicia (Mt. 6:33). No tenemos permiso para prostituir estas cosas para el mundo.

            Colosenses 3:1-4 nos recuerda que si hemos resucitado con Cristo, debemos buscar las cosas de arriba (v. 1). “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (v. 2). Hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (v. 3). Solo cuando Cristo se manifieste seremos nosotros manifestados con Él en gloria (v. 4). Hasta entonces, nuestro camino en este mundo es el de renunciar lo que el mundo valora y considera importante, y vivir para la gloria de Dios.

       Puesto que es así, ¿por qué los hermanos de Cristo le aconsejaron a ir a darse a conocer para que Sus seguidores le vieran? ¿Por qué le dijeron: “manifiéstate al mundo”?  Juan 7:5 da la respuesta inspirada: “Porque ni aun sus hermanos creían en él”. Su consejo fue carnal, nacido de la mente inconversa y la sabiduría del mundo. Incluso suena sospechosamente como las cosas que el diablo decía al Señor en el monte de la tentación. ¡Qué vergüenza cuando algunos cristianos toman ese consejo como bueno!


 ¿Quién Te Haces A Ti Mismo?                 

            Más adelante cuando el Señor discutía con los líderes de los judíos en Jerusalén, ellos le preguntaron: “¿Quién te haces a ti mismo?” (Jn. 8:53). Observa cómo Cristo comenzó Su respuesta: “Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica...” (v. 54). Si esto es verdad respecto a Cristo, también es aplicable a todo ser humano. ¿Qué hace un ser humano glorificándose a sí mismo? ¡Nada, pero muchos lo hacen! Esa gloria nada es. Es vana y despreciable. Esto tiene muchas aplicaciones, pero dado que hablamos de la política, considera cuán vana y mundana es cuando un cristiano intenta glorificarse a sí mismo – busca ser reconocido y ensalzado, alabado, para que le tributen honores o en este caso para que le voten. Como los fariseos en Mateo 6, hacen sus justicias delante de los hombres para ser vistos, y esa es su recompensa (Mt. 6:5).

            Recordad, hermanos, que la gloria del creyente no está en este mundo. En esta vida, llevamos Su vituperio (He. 13:13), y esperamos pacientemente. Cuando Él se manifieste, estaremos a Su lado en gloria. Tenemos “la esperanza de la gloria de Dios” (Ro. 5:2), no aquí sino más allá, no ahora sino más adelante. En 1 Corintios 4 el apóstol usó de la ironía para reprender a los corintios: “...Nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados” (1 Co. 4:10). Lo mismo diría hoy a los que quieren meterse en la política y puestos del gobierno – siendo fuertes y honorables en el mundo. Los apóstoles eran débiles y despreciados y lograron más para Cristo que miles que intentan usar la política y el gobierno. ¡Van por camino equivocado! Hay un hermoso himno de consagración que no pueden cantar sin mentir los que entran en la política:

 

Todo a Cristo yo me rindo, lo que tengo, lo que soy,

Pues le amo, en Él confío; por Su gracia al cielo voy.

Todo lo que tengo, todo lo que soy,

¡Oh, Señor, a Ti me ofrezco, y me rindo hoy!

Todo a Cristo me presento, cual humilde servidor,

Y mi vida Le ofrendo, pues al mundo muerto soy.

 

  A continuación, Pablo declaró a los corintios:

 “Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos” (1 Co. 4:11-13).

            ¡Quién puede ganar una elección viviendo y procediendo así! El que es “la escoria del mundo, el desecho de todos” fracasará. Observa cuidadosamente a qué quería llegar el apóstol, pues lo declara en el verso 16: “os ruego que me imitéis”. Su deseo inspirado es que los creyentes viviesen con tanta devoción y fidelidad como los apóstoles, aunque tuviesen que sufrir por ello. “Padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando...nos maldicen... padecemos persecución... nos difaman...hemos venido a ser...como la escoria del mundo, el desecho de todos”. Todo esto sufría por separarse del mundo y vivir en sacrificio vivo para anunciar el evangelio a cuántos podía. ¡Y termina diciendo que le imitemos! Imitarle a Pablo sería desastroso para un político, pero él nos llama, nos implora por las misericordias de Dios, que presentemos nuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (Ro. 12:1). El “sacrificio vivo” es para Dios, no para un partido ni el gobierno. “Santo” significa “puesto aparte para uso especial”. Debe ser “agradable a Dios”, y como Cristo bien dijo: “Ninguno puede servir a dos señores” (Mt. 6:24). No vas a ser una excepción a ese precepto. Hay que escoger, y esto significa adiós para siempre al mundo en todas sus formas, como Moisés dejó a Egipto (He. 11:27). No, hermanos, por esas y muchísimas otras razones bíblicas la política no es para los creyentes. El Señor dice: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lc. 12:32). Por lo tanto, “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lc. 9:60).

 Carlos Tomás Knott, septiembre 2020

viernes, 19 de octubre de 2018

Conflictos entre el Cristianismo y la Política




Cristo llama a los Suyos a ser humildes y tomar el lugar bajo. En la política uno se exalta, se engrandece y erjece potestad. Pero Cristo dijo a los Suyos: "no será así entre vosotros" (Mr. 10:42-45).

Cristo llama a los Suyos a sufrir con Él, el odio, rechazo y reproche del mundo (Jn. 15:18; 16:33). En la política uno busca la popularidad, para que la mayoría le vote. El político no podría llevar el letrero que llevó el evangelista W. P. Nicholson: "Muerto a la opinión pública".

"Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece"  (Jn. 15:19)

Cristo llama a los Suyos a predicar el evangelio a todo el mundo. Pero eso no es el mensaje de los políticos. Cristo quiere rescatar a almas del mundo antes de que sea destruido. La política quiere mejorar el mundo.

Cristo llama a los Suyos a separarse del mundo y de los yugos desiguales (2 Co. 6:14-7:2). Pero en la política uno tiene que unirse a los inconversos, cultivar amigos de toda clase, y cooperar con personas que no desean agradar a Dios. Son alianzas inmundas que violan el principio de Amós 3:3, "¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?"

Cristo llama a los Suyos a esperar en Dios. El la política uno espera en el partido y en el pueblo.

Cristo llama a los Suyos a vivir por fe, y pronuncia bendición sobre los pobres (Lc. 6:20), pero en la política uno no se mueve por fe sino por dinero.

Cristo llama a los Suyos al sacrificio vivo (Ro. 12:1-2), y a dar a Dios lo que es de Dios (Mt. 22:21). Si un creyente gasta todo su fuerza, tiempo y dinero en la predicación del evangelio, haciendo discípulos y cuidando de la iglesia, no tendrá tiempo para la política.

"Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios" (Lc. 9:60).


jueves, 23 de noviembre de 2017

¿Deben los cristianos meterse en la política y el gobierno de países?

“Para Dios, un anciano en una asamblea significa más que el gobernante de una nación”.
“La iglesia local es más importante para Dios y Su pueblo que el imperio más grande del mundo”.

William MacDonald 


 Es típico entre los seres humanos que alguien decide lo que quiere hacer, y luego busca cómo justificarlo. Pero es triste cuando los que proceden así son creyentes.
     Para los que quieren justificar su participación en la política, una táctica común es el uso de ese refrán de Edmund Burke, escritor, filósofo y político, considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Este dicho suena lógico y deja a algunos buscando una respuesta adecuada, pero no al hermano William MacDonald, que escribió:

        “Los que dicen “sí” a la política invariablemente citan el aforismo familiar: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Si eso no les gana el argumento, entonces citan a José, Moisés y Daniel como ejemplos de creyentes que estaban metidos en el sistema político.
        Aunque suena convencedor el maxim, debemos recordar que es un dicho de sabiduría humana, no revelación divina. No debemos otorgarlo la autoridad de las Escrituras. Y respecto a José y Daniel, nunca se presentaron como candidatos para una elección, sino sirvieron, como cautivos, como empleados del gobierno. Moisés fue más un tábano al gobierno que parte de él.
 
        La Respuesta Bíblica
  
        Si vamos a la Palabra buscando respuesta, ¿qué hallamos? El Señor Jesús no se involucró en la política. Realmente se encontró en relación adversa al sistema. Sus discípulos tampoco se metieron en la política. ¿Perdieron lo mejor que Dios tenía para ellos porque concentraron en el evangelio? El apóstol Pablo no participó en la política. Su fidelidad a su llamamiento y su mensaje le puso en contra de la sociedad farisaíca.
        Jesucristo enseñó que Su reino no es de este mundo (Jn. 18:36). Dijo a sus hermanos incrédulos: “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7). El apóstol Juan nos recuerda que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Y la política es parte del sistema del mundo.
        Tenemos que separarnos del mundo para influirlo (2 Co. 6:17). Arquimedes dijo que podría mover el mundo si consiguiera un fulcro fuera del mundo. Debemos colocarnos fuera del sistema del mundo si queremos moverlo para Dios.
        Pablo insistió que “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4). Todo creyente está o debe estar en servicio activo. No debe dejarse distraer ni enredar por las cosas de la vida.
        La política es corrupta. Es un sistema de concesiones y transigencias. Se toman decisiones en base a lo que es expediente, en lugar de lo que es correcto. Se basa en principios humanos, no divinos, y funciona por ellos. El finado senador Vandenburg de Michigan (EE.UU.) dijo: “La política es por naturaleza corrupta. La iglesia no debe olvidar su verdadera misión ni intentar participar en la arena de asuntos humanos donde será un competidor pobre...perderá su pureza de propósito si participa”.


    La Biblia define la responsabilidad cristiana, no la definen los profesores universitarios, los filósofos, los de ciencia política ni la publicidad de una campaña.
 “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Ro. 3:4).
 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

William MacDonald comenta sobre el peligro de la política

Capítulo 31 del libro: EL MANDAMIENTO OLVIDADO: SED SANTOS

La Política
¿Debería el cristiano participar en la política? Los que dicen que sí citan invariablemente el conocido adagio: “Todo lo necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada”. Si esto no es convincente, citan a José, a Moisés y a Daniel como ejemplos de creyentes participantes en el sistema político.
    Aunque el adagio suena convincente, deberíamos recordar que es una declaración de sabiduría humana, no de revelación divina. No deberíamos darle la autoridad de las Escrituras. En cuanto a José y a Daniel, nunca buscaron ser elegidos, sino que sirvieron como funcionarios del gobierno. Moisés fue más una molestia para que gobierno que parte del mismo.

La respuesta bíblica
    Si vamos a la Palabra para conseguir una respuesta, ¿qué encontraremos?
    El Señor Jesús no se dedicó a la política. Más bien, se encontró enfrentado al sistema. Los discípulos no participaron en política. ¿Acaso se perdieron la mejor porción de Dios al concentrarse en el evangelio?
    El apóstol Pablo no se dedicó a la política. La fidelidad a su llamamiento y a su mensaje lo enfrentaron contra la sociedad farisea.
    Jesús enseñó que su reino no es de este mundo (Jn. 18:36). Y dijo a sus incrédulos hermanos: “no puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7).
    El apóstol Juan nos recuerda que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). La política forma parte del sistema del mundo.
    Debemos separarnos del mundo para poder influir sobre él (2 Co. 6:17). Arquímedes dijo que podría mover el mundo si encontraba un punto de apoyo fuera del mismo. Debemos posicionarnos fuera del sistema del mundo si queremos moverlo para Dios.
    Pablo insistía en que “ninguna que milita se enreda en los negocios de la vida” (2 Ti. 2:4). Todos los creyentes están (o deberían estar) en servicio activo. No deberían dejarse distraer.
    La política es algo corrompido. Es un sistema de compromisos. Las decisiones se toman generalmente sobre la base de lo que es conveniente, no sobre la base de lo que es correcto. Se adhiere a principios humanos, no a los principios divinos. El difunto senador por Michigan, Vandenberg, dijo: “La política es corrupta por su misma naturaleza. La iglesia no debería olvidar su verdadera función tratando de participar en un aspecto de los asuntos humanos donde tendrá que ser una pobre competidora. Perderá su pureza de propósitos si participa”.

El proyecto plátano
    La solución de Dios a los problemas del mundo no es política, sino espiritual. Su respuesta es el nuevo nacimiento, no la elección de nuevos representantes. La política no es nada más que un vendaje para un cáncer. Nuestra consigna es: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios” (Lc. 9:60). La historia de la cáscara de plátano pone las cosas en su perspectiva adecuada.
    Había un hombre con un puesto muy importante en la actividad editorial y tenía la responsabilidad de la publicación y distribución de miles de obras. Un día se dirigía a trabajar, y al pasar por una esquina del centro de la ciudad vio una cáscara de plátano en la acera. Sabiendo que era un peligro potencial, la tiró de una patada a la alcantarilla, donde nadie podría resbalar a causa de ella. Pero comenzó a pensar en todas las cáscaras de plátano que podría haber en las acercas de esta gran ciudad. Supongamos que hubiera una que nadie hubiese echado a la alcantarilla y que alguien la pisara. Quizá debería tomarse el tiempo de buscar por las calles de la cuidad para encontrar las peligrosas cáscaras de plátano. Si no fuera así, alguien podría romperse algún hueso. De esta manera, se podría ahorrar a muchos una estancia en el hospital. Pero ¡espera un minuto! Él tenía sus propias responsabilidades. Era un factor importante en el mundo editorial. Su responsabilidad era mantener las imprentas en marcha y enviar sus contenidos hasta lo último de la tierra. De mala gana, abandonó el proyecto plátano por el más esencial. Que los barrenderos se ocupasen de las cáscaras de plátano. Esto era tarea de ellos.
    Hagamos ahora una aplicación. Un cristiano tiene la mayor responsabilidad en el mundo, esto es, publicar las buenas nuevas del Señor Jesucristo. Ésta es una importante tarea para el cristiano. Si no la hace él, nunca la harán los demás. Por eso dijo Jesús: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Muchas personas están participando en la política... pero Dios nos ha encargado la bendita tarea de proclamar el mensaje del evangelio a los hombres y mujeres de este mundo de muerte. Otros proyectos pueden ser válidos, pero si dejamos el nuestro, nadie tomará nuestro puesto.
    El propósito de Dios en esta edad no es hacer del mundo un lugar mejor donde vivir, sino llamar de entre las naciones a un pueblo para su nombre (Hch. 15:14). Deberíamos estar obrando para Él en el cumplimiento de este objetivo. Jowett lo dijo bien: “Somos colaboradores con Dios en la rendición del mundo. Ésta es nuestra misión... ungir en el Nombre del Señor a los hombres a una vida de realeza, a la soberanía sobre el yo, al servicio para el reino”. Y pasa luego a lamentar la tragedia de los cristianos que dejan de apreciar su alta vocación, que abrazan lo inferior, que se arrastran en lugar de volar, que son esclavos en lugar de reyes.
    La ciudadanía primordial del cristiano es celestial (Fil. 3:20). Es peregrino y extranjero en este mundo (1 P. 2:11). Aunque tiene la responsabilidad de obedecer al gobierno y derecho a usar sus procedimientos judiciales, no está obligado a formar parte del sistema.
    Si participo en la política, estoy dando un voto de confianza a su capacidad de resolver los problemas del mundo. No tengo razón alguna para tal confianza después de siglos de fracaso político.
    El tenor general del Nuevo Testamento es que las condiciones no van a mejorar (1 Ti. 4:1-3; 2 Ti. 3:1-5). Esto hace tanto más urgente la responsabilidad del cristiano respecto a la Gran Comisión.
    ¿Significa esto que los creyentes deben adoptar una actitud pasiva? ¡No! Lo que significa es que podemos hacer más con la oración que lo que podamos jamás hacer mediante la votación. Nosotros mantenemos el equilibrio del poder mediante la oración. Podemos afectar el destino de las naciones mediante la oración. “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas
(2 Co. 10:4).
    No ha llegado el momento para que los cristianos reinen (1 Co. 4:8). Nuestra vida es un tiempo de instrucción para cuando nos toque reinar. William Kelly dijo:

    Nunca se han mezclado los cristianos en el gobierno del mundo excepto para deshonra del Señor y para la propia vergüenza de ellos. Ahora son llamados a padecer con Cristo; en el futuro reinarán con Él. Ni Él ha asumido aún su gran poder para reinar. Él está sentado en el trono de su Padre, como el Cristo rechazado por el mundo, esperando la palabra de su Padre para ejecutar el juicio y sentarse en su propio trono (Ap. 3:21).

    Precisamente mientras escribo esto, he recibido un recorte de prensa que apoya la postura de Kelly. Dice:

    Van Dyke, un cristiano nacido de nuevo, fue un personaje polémico. Su carrera política quedó marcada por el escándalo. Fue casi expulsado de la Legislatura en 1984 por emlear una literatura fraudulenta en su campaña. La Comisión de Información Pública le multó en 500 dólares, y la Legislatura exigió que presentase disculpas.

    Vale la pena ponderar la declaración de Kelly: “Nunca se han mezclado los cristianos en el gobierno del mundo excepto para deshonra del Señor y para la propia vergüenza de ellos”.