miércoles, 1 de febrero de 2017

¡Los Muertos En La Iglesia!


LOS MUERTOS EN LA IGLESIA


    “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos ... Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé. Nunca os conocí; apartaos de mi, hacedores de maldad” (Mt. 7:21-23).

     Dicen que era costumbre entre los egipcios que en sus banquetes festivos presentaran un cadáver sentado a la mesa con los invitados, recordándoles su carácter de mortales. ¡Imagínate! La mano del muerto descansaba sobre la mesa, encogida, arrugada, fría y sin tacto, inmóvil. Los ojos abiertos miraban hacia los invitados que estaban delante, pero sin parpadear, porque no tenían ni chispa de vida. Era un muerto, presente en cuerpo, ausente en espíritu. (Stg. 2:26, “el cuerpo sin espíritu está muerto.”)

Si bautizas a un muerto, no por eso vivirá
    Algo semejante sucede en nuestras iglesias evangélicas: cuando se reúnen, también lo hacen con algunos muertos presentes. No derraman lágrimas, ni tiemblan sus labios, ni se conmueven cuando se mencionan los sufrimientos de Cristo. No suspiran, no inclinan la cabeza para orar, no dan evidencia alguna de conmoverse por la salvación tan grande que Dios ha provisto. Aunque les dijera el Señor como dijo Jeremías: “¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido” (Lam. 1:12), ellos no serían conmovidos;  su corazón está como una piedra.
    No leen las Escrituras, aunque busques la cita para ellos. De sus bocas no salen oraciones, ni “amenes”, y no cantan alabanzas al Señor con los demás. Se parecen mas bien estatuas en la Cena del Señor. Están, pero no están. Aunque hayan sido bautizados, si bautizas a un muerto no por eso vivirá. Aunque lleven años “presentes” en las reuniones, no por eso son regenerados. Son cuerpos sin espíritu, y “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:9). No son palabras mías, ni es opinión mía. Es la Palabra de Dios. Así piensa Dios, y así dice Dios: “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. ¿Eres uno de ellos, amigo lector? ¿Estás todavía muerto espiritualmente? ¿Estás perdido en una iglesia evangélica?
    Es una paradoja, porque fuera del local de reunión parece que tienen vida para todo lo que les interesa: hablan y opinan sobre todos los temas, miran lo que les interesa, también andan, y van a muchos sitios. Bailan, fuman, beben, chismean, trasnochan en juergas, cantan, comen, se ríen, lloran, se enamoran y todo lo que quieras. Pero aún estando dentro de una iglesia evangélica, están muertos espiritualmente y por lo tanto están perdidos. Insisten en llamarse evangélicos, pero ¿habrá evangélicos perdidos? Por lo visto, sí.

Muertos, que parecen muy vivos
    Luego hay otra variedad muy curiosa de personas perdidas en las iglesias. No parecen muertas, antes todo lo contrario, parece que tienen mucha vida. Gritan: “¡Aleluya, hermano!", y si alguien dice: “¡Cuántos alaban a Dios?”, todos se levantan y contestan levantando las manos y gritando “¡Aleluya!” Estos cantan, y cómo cantan!, con mucha emoción sobre Jesús, incluso algunos lloran y otros se marean de alegría. Profetizan, y lo hacen en el nombre de Jesús. Imponen las manos sobre la gente que ellos dicen que está endemoniada, y gritan: “¡En el nombre de Jesús, sal fuera!”, y la gente cae al suelo como muerta, mareada e inconsciente, haciendo ver que han salido los demonios.
    “¡Gloria a Dios!”, exclaman todos. Y muchos otros milagros, sanidades, revelaciones especiales, etcétera, se hacen en el nombre de Jesús. Dicen que Él es Señor y que ellos son cristianos evangélicos. Pero, ¿qué te parece si alguien dijera que estos también están perdidos en las iglesias evangélicas? ¿Qué te parece si alguien dijera que estos van al infierno? ¿Te parecería muy duro? ¿Dirías que no se puede juzgar así? Lo siento, pero si piensas así estás muy equivocado, porque quien ha dicho que estos están perdidos es el Señor Jesucristo. Es Él quien no está de acuerdo con estos profesados cristianos, aunque todo lo hacen en el nombre de Jesús. Le llaman Señor, y cantan a Él, y profesan servirle y testificar de Él. Esto lo dicen ellos, pero el Señor dice en Mateo 7:21, “No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”
    Estas personas, llamadas cristianas y evangélicas, que profetizan, echan fuera demonios y hacen muchos milagros en el nombre de Jesús, no hacen la voluntad del Padre, evidentemente, porque el Señor Jesucristo dice que son hacedores de maldad. El Señor Jesucristo dice que serán muchos, no pocos, sino muchos los que tendrán que oír de Él el rechazo en aquel día, a pesar de sus obras carismáticas y milagrosas. Debes creerlo y tomarlo muy en serio, porque no lo digo yo, sino el mismo Señor Jesucristo lo dice. No debes descuidar esa advertencia seria y solemne de la boca de Cristo. No habla de los que saben que no son cristianos, sino que habla de los muchos que están perdidos en las iglesias —sí — aun en las iglesias que se llaman evangélicas. Amigo, ¿eres tú una de estas personas? Y los milagros y los que los hacen, en los que confías tanto, ¿qué harás cuando el Señor los acuse de ser hacedores de maldad y los desecha? ¿Estás perdido en la iglesia?

“Carnal” es sinónimo de “muerte”
    Finalmente, hay un tercer tipo de persona que está perdida en la iglesia: es la persona que nunca ha experimentado una conversión verdadera como la que predicaron los apóstoles. No conoce la conversión que experimentaron los cristianos de la Biblia, pero sigue llamándose cristiano, practicando el pecado y siendo vencido por el mundo (1 Jn. 5:4). Y esto aún siendo miembro de una congregación evangélica. De ahí los llamados cristianos mundanos, otra contradicción. Para acomodarles, algunos han dividido los cristianos en dos tipos, espirituales y carnales. Para esta persona carnal, los espirituales —o ser llamado espiritual — es casi un insulto, y si alguien trata de vivir una vida de santidad y devoción al Señor como los primeros cristianos, ésta enseguida se le llama “el espiritual” (o fanático), en sentido despectivo. Pero se ha equivocado, porque sólo los espirituales irán al cielo (véase Ro. 8:5-6). El Señor Jesucristo tenía la razón cuando dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”
    Pero estos que no son espirituales se disculpan, diciendo que es normal que ciertos cristianos son carnales. Su profesión de fe es: haber levantado la mano, pasado al frente después de una predicación, hecho una oración, firmado un folleto o seguido a alguien que le guiaba en una oración. Por esto, ahora se consideran cristianos. Siguen viviendo una vida que es netamente como la de antes, con la excepcion que ahora asisten a algunas reuniones de alguna iglesia evangélica. Y si hay excursiones y fiestas, películas y conciertos, juegos y deporte cristiano, la probabilidad de que se queden en la iglesia es mayor. De los temas de santidad —persecución, entrega, sufrir penalidades, separación del mundo, compromiso y obediencia— ¡ni hablar! Ellos tienen sólo una palabra para todo esto, lo llaman “legalismo”, no sabiendo que ellos caen en el antinomianismo, que son carnales y mundanos. Tienen los mismos apetitos que antes, los mismos pasatiempos y diversiones, las mismas prioridades, la misma forma de hablar, de vestirse, etcétera. Contradicen 2 Corintos 5:17, que dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todos son hechas nuevas”.
    ¿Dónde está la nueva vida? ¿Dónde está el nuevo poder para vivir en santidad? ¿Eres tú así? ¿Estás perdido en la iglesia?
    “Cristiano carnal”, parece ser algún tipo de híbrido que ha entrado en las iglesias. Es curioso como añaden la palabra “carnal” al final, como si esta palabra pudiera modificar la palabra cristiano. ¡Pero es una contradicción! La Biblia dice: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu...y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:5, 9).
    Más claro – ¡agua! La Biblia no les llama cristianos carnales, sino dice que no son de Cristo. Es decir, perdidos en la iglesia. Las cosas de la carne se encuentran en pasajes como 1 Corintios 6: 9-10 y Gálatas 5:19-21, al final de los cuales dice claramente que: “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.
    No son cristianos carnales, sino simplemente carnales. Al pan, “pan” y al vino, “vino”. Esos están perdidos en las iglesias evangélicas. El diablo les tiene donde él quiere. No pensarán mucho en el evangelio porque creen que ya son cristianos. Tienen amigos que les defienden diciendo que son convertidos pero no consagrados (santificados). Y esto, ¿cómo se come? ¿Cuál es la conversión que no santifica? La Biblia llama a los creyentes “santos”, y no sólo en lo que atañe a “posición”, sino también en la práctica. Las Escrituras declaran que sin la santidad nadie verá a Dios (He. 12:14). ¿Verás tú a Dios, o estás perdido en la iglesia?
    Algunos dicen que estos tienen a Cristo como Salvador pero no como Señor. No hagas caso, porque la Biblia no dice esto. Jeremías 8:11 dice que estos hacen mal: “Curan la herida de la hija de mi pueblo con liviandad”. ¡Despiértate! El ocuparse de la carne es muerte. Si vives según la carne no puedes agradar a Dios. ¿Eres tú así? ¿Estás perdido en la iglesia? Si Cristo no es tu Señor, tampoco es tu Salvador. No se puede recibir a la mitad de Cristo. No se puede convertir a medias, pero está más que demostrado que se puede congregar a medias. Aunque estos “cristianos carnales” se congregan (a veces) con los verdaderos creyentes que van al cielo, ellos no heredarán el reino de Dios; no tienen el mismo destino. Están juntos en la vida, pero estarán separados por toda la eternidad. Están perdidos en la iglesia. “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte” (Pr. 14:12). Amigo, otra vez te pregunto: ¿eres tú uno de ellos? ¿Estarás perdido en la iglesia? Desengáñate ya, antes de que sea demasiado tarde.

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe: probaos a vosotros mismos” (2 Co. 13:5). 

adaptado de un viejo tratado en inglés, sin datos de autor, imprenta, fecha ni copyright

domingo, 1 de enero de 2017

Separados del Mundo

La Feria de Vanidades, del Progreso Del Peregrino, por Bunyan

por William MacDonald

    Los cristianos son llamados a caminar separados del mundo. Puede que en el pasado algunos hayan limitado o definido demasiado estrechamente lo que es el mundo: el baile, los teatros, fumar, beber, jugar a las cartas y apostar. Pero incluye mucho más: la mayoría de lo que sale en la televisión es mundano, y apela sin cesar a los deseos de los ojos y la carne. El orgullo en todas sus formas y disfraces, trátese de los títulos, los grados académicos, el salario, las herencias o la búsqueda de la fama. 
     Es mundano vivir en medio de lujos, sean casas palaciegas, comidas exquisitas, vestidos ostentosos para llamar la atención, joyería o automóviles de marcas de prestigio. Como también lo es una vida rodeada de comodidades y placer, que gastan su tiempo viajando a ningún lugar en cruceros, derroches de dinero en viajes y vacaciones, compras impulsivas, los deportes y el recreo. Nuestras ambiciones y las de nuestros hijos pueden ser mundanas, aun cuando parezcamos espirituales y piadosos. Finalmente, el sexo fuera del matrimonio es una forma de mundanalidad.
    Cuanto más consagrados estemos al Salvador y más dedicados a Su servicio, menor será el tiempo que dispondremos para los enredos, placeres y diversiones de este mundo. C. Stacey Woods decía: “La medida de nuestra devoción a Cristo es la medida de nuestra separación del mundo”.

Sólo extranjeros somos y ni una casa aquí deseamos
Sobre esta tierra que sólo una tumba te dio;
Tu cruz los lazos que nos ataban rompió,
Sólo por ti, tesoro nuestro, suspiramos.
                                  

                    J. G. Deck

Andar Por Fe


por William MacDonald 

“Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).

    ¿Alguna vez te has detenido a preguntarte por qué un partido de fútbol es más excitante para la mayoría de la gente que una reunión de oración? Sin embargo, si comparamos los registros de asistencia, veremos que es así.
    Podríamos preguntar: “¿Por qué es la Presidencia del gobierno más atractiva que el pastoreo de ovejas en una asamblea?” Los padres no dicen a sus hijos: “Come lo del plato y algún día serás pastor”. No, más bien les dicen: “Limpia el plato y algún día serás presidente”. 
¿Por qué es más atractiva una exitosa carrera de negocios que la vida de un misionero? A menudo los cristianos desalientan a sus hijos para que no vayan al campo misionero, y se contentan viendo como crecen para ser “funcionarios titulados de empresas seculares”.
    ¿Por qué es más absorbente un documental de la televisión que el estudio de la Palabra de Dios? ¡Piensa en las horas que pasas frente al televisor y los pocos momentos apresurados ante tu Biblia abierta!
    ¿Por qué la gente está dispuesta a hacer por dinero lo que no haría por amor a Jesús? Muchos que trabajan incansablemente para una corporación son letárgicos e insensibles cuando les llama el Salvador.
    Finalmente ¿por qué nuestra nación llama mucho más nuestra atención que la Iglesia? La política nacional es multicolor y absorbente. En cambio, la Iglesia  parece andar pesadamente y sin dinámica.
    La causa de todas estas cosas está en que andamos por vista y no por fe. Nuestra visión está distorsionada. No vemos las cosas como realmente son. Valoramos más lo temporal que lo eterno. Valoramos lo terrenal más que lo espiritual. Valoramos la opinión de los hombres por encima de la de Dios.
    Cuando caminamos por fe, todo es distinto. Alcanzamos visión de total agudeza espiritual. Vemos las cosas como Dios las ve. Apreciamos la oración como el privilegio indecible de tener audiencia directa con el Soberano del universo. Vemos que un pastor en una asamblea significa más para Dios que el gobernante de una nación. Vemos, con Spurgeon, que si Dios llama a un hombre para ser misionero: “sería una tragedia verlo descender para ser rey”. Vemos la televisión como el mundo falso de irrealidad, mientras que la Biblia tiene la llave que abre la puerta a una vida llena de realización. Estamos dispuestos a gastar y ser gastados por Jesús de una manera que jamás estaríamos por una indigna corporación impersonal. Y reconocemos que la iglesia local es más importante para Dios y para Su Pueblo que el imperio más grande del mundo.
    ¡Andar por fe marca la diferencia!  

de su libro DE DÍA EN DÍA, (CLIE), lectura para el 7 de enero