martes, 26 de mayo de 2015

Desmentido: El muchaco no estuvo en el cielo





 









La industria de la "ascensión" es una fuente de ingresos muy lucrativa del escenario de los libros cristianos. Diversos libros sobre personas (sobre todo niños pequeños) que, supuestamente, estuvieron en el cielo y regresaron, han tocado a un público millonario, incluyendo círculos conservadores. Uno de estos pequeños que dijo haber estado en el cielo, Alex Malarkey, hace años ya que señala que su vieje al cielo fue inventado. Su padre, quien fue el impulsor, escribió el libro junto con él: The boy who came back from heaven ("El niño que volvió del cielo"). La mentira ahora se ha dado a conocer públicamente, y la casa Tyndale ha puesto fin a la entrega de la edición en EE.UU., como informó the guardian el día 21 de enero de 2015.

fuentes:
http://www.theguardian.com/books/2015/jan/21/boy-who-came-back-from-heaven-alex-malarkey

http://www.washingtonpost.com/blogs/style-blog/wp/2015/01/15/boy-who-came-back-from-heaven-going-back-to-publisher/ 

revista: Llamada de Medianoche, junio 2015
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"porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre"  (1Ti. 6:10-11).

 

sábado, 23 de mayo de 2015

Los Terrores Del Infierno


Algunos preguntan por la primera parte del libro. Aquí está.

LOS TERRORES DEL INFIERNO

La doctrina del infierno es una de las más olvidadas de toda la Escritura. Cuando hoy se menciona el infierno, generalmente es ridiculizado, como si todo la idea del infierno estuvieras tan pasada de moda que sólo los ingenuos e ignorantes pudieran creer que un lugar así realmente exista. Esto no es difícil de entender. El hombre natural aborrece la idea de tener que dar cuenta de su vida delante de un Dios santo, él (el hombre natural) ama el pecado y no quiere vivir sin él. la mente no regenerada presenta una objeción tras otra con tal de no encarar la realidad del infierno. El ser humano vive su vida pensando que si ignora una dificultad por un determinado tiempo puede que ésta desaparezca. Hasta los líderes religiosos tenidos por conservadores comienzan ahora a atacar la idea del infierno. Dejemos que los hombres hagan lo que les plazca, seguros de que las frívolas objeciones de los necios no conseguirán destruir la realidad del infierno.
    En medio del clamor que busca aniquilar el infierno están aquellos que creen que la Biblia es verdad, estos deben pararse y hablar. Meditar en los terrores del infierno puede ser uno de los ejercicios más importantes que puedas hacer en esta vida. “Si el que oye el sonido de la trompeta no se da por advertido, y viene una espada y se lo lleva, su sangre será sobre su cabeza” (Ezequiel 33:4). Pido el favor de que el lector se tome el tiempo de leer este librito hasta el final.
    ¿Por qué debería uno preocuparse por el infierno? ¿Por qué gastar tiempo leyendo sobre el infierno? Son varias las razones que nos muestran el beneficio de hacerlo:

1) Oír de los terrores del infierno puede chocar a la consciencia y despertarle de su falsa seguridad.

2) Saber del infierno contribuye a detener al hombre de su camino de pecado. Tanto el piadoso como el malvado son persuadidos de no pecar cuando recuerdan los terrores del infierno.

3) Conocer los terrores del infierno puede ayudar a despertara aquellos que piensan que son salvos sólo porque creen en Cristo o en los hechos del Evangelio, pero que no son realmente salvos sino que están de camino al infierno, sin saberlo.

4) Predicar la doctrina del infierno es beneficioso tanto para creyentes e incrédulos, como será demostrado.

    ¿Por qué muchas personas no tienen miedo del infierno? Parece que hoy hay una real carencia de miedo a la realidad del infierno. Esto afecta tanto a aquellos que asisten a la iglesia como a los que viven en el mundo. la gente no teme el infierno, ¿por qué?
    Una persona no tendrá miedo de un león cuando es un cuadro en la pared. ¿Cómo es esto? Bueno, se trata sólo de una pintura. Sabe que no es real. Pero si esa persona fuera dejada sola en la jungla y se encontrara cara a cara con una león real, rugiendo ferozmente, entonces se llevaría un susto de muerte. la consciencia del ser humano tocante al infierno es semejante a la del hombre que sólo ve un león pintado en un cuadro. Sin embargo, oímos del infierno en la Biblia. Sabemos que el Señor Jesús habló del infierno. De hecho, Cristo habló más del infierno que de ninguna otra cosa en las Escrituras. ¿Cómo es que los hombres no creen que el infierno es real? Porque no han escuchado lo suficiente sobre él. No han estudiado todo lo que la Biblia enseña sobre el tema. No es lo que oímos solamente lo que contribuye a forjar nuestra creencia, lo que no oímos también contribuye a formar nuestro sistema de creencias. Únicamente el Espíritu Santo puede presentar a nuestros corazones los terrores del infierno de tal modo que los sintamos más reales que nunca. La doctrina del infierno ha sido usada por Dios en la conversión de pecadores más que ninguna otra de las Escrituras. Ora para que, mientras lees este tratado, el Espíritu Santo pueda mostrarte el infierno tan auténticamente real como es.

LA NECESIDAD DEL INFIERNO

    Muchos de los que hoy día se burlan del infierno, probablemente lo hacen por varias razones. Primeramente se trata de un deseo de estos de continuar en sus propios caminos de pecado sin tener sus conciencias preocupadas con la idea de las consecuencias de sus acciones. No quieren oír que lo que están haciendo está mal. No quieren oír que sus pecados serán castigados. Alguien pudiera objetar: “El tormento eterno en el infierno, ¿no es incoherente con un Dios misericordioso y amante? ¿Cómo puede un Dios bueno castigar a la gente enviándola al infierno para siempre?” Un malentendido del carácter de Dios y de la naturaleza del pecado puede llevar fácilmente a este tipo de preguntas. ¿Por qué es necesario el infierno? Examinemos algunas razones que nos hablan de su necesidad.

1) La pecaminosidad del hombre y la santidad de Dios. La dificultad que la mayoría de la gente tiene a la hora de comprender la necesidad del infierno está relacionada con su incompleto e inadecuado entendimiento de lo terrible que es el pecado y de lo santo y glorioso que es Dios. No vemos el mal tan grande que hay en el menor de los pecados ni entendemos la santidad de Dios, su justicia y su ira. Si viéramos el pecado como la maldad más grande en el mundo y nos diéramos cuenta de que cada pecado es un rechazo del gobierno de Dios sobre nosotros, una burla, una bofetada en su rostro, lanzarle estiércol a Él, comenzaríamos a comprender un  poco de lo que nuestro pecado representa para Dios. Cada vez que pecamos erigimos un dios rival en nuestro corazón, en la forma de nosotros mismos o de nuestro vicio más querido. El pecado rechaza al Creador como Dios y pone la criatura en su lugar.
    Si pudiéramos entender la santidad de Dios y lo que significa ser santo, puro, perfecto, justo, incontaminado, limpio hasta del menor pecado, tendríamos una idea mejor de por qué Dios aborrece tanto el pecado. La santidad absoluta no puede tolerar el menor de los pecados. “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13). Si pudiéramos comprender la gloriosa santidad de Dios y su pureza, así como la naturaleza abominable del pecado, entonces no tendríamos problema con la necesidad absoluta del infierno.
    “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). El corazón humano está enfermo, es malvado, engañoso. La corrupción del corazón hace que el ser humano sea engañado respecto a la fealdad del pecado.

2) La naturaleza infinita de Dios. Para entender lo que el pecado realmente es, debemos verlo a través de los ojos de Dios. Dios es un ser infinito y eterno. Cada acto pecaminoso es cometido contra un Dios infinito y santo. Con cada pecado destronamos a Dios y nos colocamos a nosotros mismos por encima de Él. En cada pecado se encierra esta cuestión: "¿Cuál es la voluntad a cumplirse, la de Dios o la del hombre? Mediante el pecado, el hombre coloca su voluntad por encima de la del Señor, de tal modo que pone a Dios como basura bajo sus pies”. Un solo acto pecaminoso cometido contra un Dios santo e infinito merece castigo infinito. Es un mal infinito ofender a un Dios infinito, incluso una sola vez.

3) La justicia divina. Un solo pecado contra Dios obliga a Dios a vindicar Su nombre y Su justicia mediante un castigo tan completo como sea debido. Dios puede y quiere vindicar Su justicia. Lo promete en Romanos 12:19, donde dice en efecto: “Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dar lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Uno de los predicadores más grandes que jamás haya existido, Jonathan Edwards, escribió: “La gloria de Dios es el mayor bien; es el fin supremo de la creación, es de más importancia que cualquier otra cosa. Pero hay un modo mediante el cual Dios se glorificará así mismo, a saber, la destrucción eterna de los impíos, que glorificará Su justicia. Entonces se presentará como un gobernador justo de este mundo. La justicia vindicativa de Dios se presentará estricta, puntual, asombrosa, terrible y por tanto gloriosa”.


 
del libro Los Terrores del Infierno, Copyright © 1992 by William C. Nichols
Traducido al castellano por Alfonso Ropero

título en inglés: The Terrors of Hell

El Infierno: Aplicación Para Los Creyentes Y Los No Creyentes


(Los Terrores del Infierno, parte III)

 


Los profetas del Antiguo Testamento nos avisan constantemente de los peligros del infierno: “¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?” (Isaías 33:14). “En presencia de su indignación, ¿quién resistirá? ¿Quién se mantendrá en pie ante el ardor de su ira? Su furor se derrama como fuego” (Nahum 1:6). Pecador, ¿eres tan arrogante como para pensar que puedes soportar la ira de Dios cuando sea derramada en toda su capacidad sobre ti? Es posible que pienses que el infierno no es tan ardiente como se pinta y que podrás soportarlo bastante bien. Si crees esto eres algo más que un necio. los terrores del infierno hacen que hasta los mismos demonios tiemblen, ¿eres tú tan necio como para permanecer inmóvil ante estos o tomarlos a la ligera?
    No pienses que simplemente porque vas a la iglesia, o crees en Dios, o aceptas intelectualmente las verdades del cristianismo, escaparás del infierno. La mayoría de los que asisten regularmente a cultos de una iglesia cada semana alrededor del mundo irán al infierno. Thomas Shepard, pastor y fundador de la Universidad de Harvard (EE.UU.), escribió: “Creyentes nominales y hombres que creen ser salvos que tienen algo parecido a la fe, al pesar, al verdadero arrepentimiento, a los buenos deseos; pero solo son imágenes; engañan a otros y a sí mismos ... la mayoría de los que viven en la iglesia perecerán”.
    Tú, que dices ser cristiano pero que no lees mucho la Biblia y oras poco: ¿cómo piensas escapar del castigo del infierno? Tú, que no te preocupas mucho de los pequeños pecados ni de los pensamientos vanos y sucios que te pasan por la mente: ¿estás preparado para ir al infierno? Tú, que piensas que el reino de Dios consiste en una confesión verbal de fe en Cristo o aceptación intelectual de que Jesús murió por tus pecados, pero que no te interesas por llevar una vida santa, piadosa, ni dedicar algún pensamiento a Dios durante la semana: ¿estás preparado para soportar los tormentos del infierno, día y noche, por los siglos de los siglos? Deberías estarlo, pues si estas cosas son ciertas de ti, estás en camino directo al infierno, a menos que te arrepientas. ¡No te engañes a ti mismo! El cristianismo no consiste en palabras o afirmaciones piadosas o creencias intelectuales, sino en un corazón nuevo y una nueva vida apartada del pecado y dedicada a la gloria de Dios. Si tu corazón y tu vida no han sido cambiados por Dios, aún estás en tus pecados. Si estás viviendo en abierta desobediencia a la Palabra de Dios y eres indiferente a ello, no tienes ningún derecho a creer que vas a ir al cielo, por el contrario, estás en el camino del infierno. Arrepiéntete de todos tus pecados y vuélvete a Jesucristo y ríndete a él como Señor. Presta atención a las palabras de Cristo: “Si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego” (Mateo 18:9). “Nada menos que el negarse por completo a uno mismo, abandonar el ídolo más acariciado, abandonar el hábito pecaminoso más acariciado – figuradamente representado como cortar la mano o arrancar un ojo – es lo que Cristo exige de todo aquel que quiere tener comunión con Él”.  Recuerda que la dificultad que conlleva abandonar todo por Cristo no es nada comparada con pasar toda la eternidad en el infierno.
    No creo que nadie se espante por la idea de ir a al cielo, pero sí de ir al infierno, de tal modo que pudiera comenzar a buscar a Dios de todo corazón y a implorar la misericordia divina. El ser humano está en el borde mismo del abismo del infierno, pronto a caer precipitado en él, y aún así, completamente inconsciente de semejante peligro. Si oír hablar del infierno puede conseguir que personas insensibles a su situación real consideren las verdades eternas, entonces, predicar sobre el infierno es bastante beneficioso. Es mejor considerar ahora el infierno, mientras vivas; y ser aterrorizado por esto, que tener que soportarlo luego.
    No quisiera que estuvieras más atemorizado del infierno como de pecar. El pecado es tu verdadero enemigo. El pecado es peor que el infierno porque el pecado dio a luz el infierno. ¿Estás dispuesto a ir al infierno por toda la eternidad a cambio de unos cuantos placeres y lujuria aquí en la tierra? ¡Huye del pecado! Deja de vivir para el yo y la auto gratificación y acude a Jesucristo. Cuando mueras será demasiado tarde. Toda oportunidad de arrepentimiento se limita a la vida en la tierra.
    Esta doctrina es tan beneficiosa para el justo corno para el injusto. La doctrina del infierno debería llevar al justo a temer a Dios. Un temor santo es útil de muchas maneras. Aquel que teme a Dios en su corazón tiene un mayor respeto por los mandamientos de Dios. Quien realmente teme a Dios no temerá a los hombres y preferirá enemistarse con los hombres que con Dios (Isaías 8:12-13). Esta doctrina debería aumentar la fidelidad y el gozo del justo en Cristo, puesto que ha sido salvado de los tormentos del infierno y, del mismo modo, debería aumentar su amor por Cristo que soportó la ira de Dios en la cruz en su lugar.
    La doctrina del infierno tendría que producir en ti temor al pecado. Tendría que hacer que temieras hasta los pecados más pequeños y ser diligente en confesarlos, tanto de corazón como de pensamiento y vida. Deja que la doctrina del infierno te guarde de practicar el pecado.
    La doctrina del infierno debería ayudar al creyente a ser paciente en los días de aflicción. No importa lo grande que sean tus tribulaciones en este mundo, son mucho más pequeñas que los tormentos del infierno, de los cuales el Señor ha salvado a los santos. Puede que tengas que atravesar tormentos  menores en este mundo, pero recuerda que son meramente temporales y que has sido liberado del más grande de todos ellos de modo que puedas regocijarte aún en el tiempo de la aflicción.
    Esta doctrina ayuda a motivarte a testificar a otros de Cristo y su mensaje. Eryl Davies escribió en su libro The Wrath of God  (“La Ira de Dios”): “La eternidad de los sufrimientos del infierno deberían hacernos más celosos y prontos a hablar a la gente del único que puede salvarles. ¿Rehuimos declarar estas solemnes verdades? ¿Nos disgusta la idea del infierno? Recuerda que Dios será glorificado incluso por medio de los castigos eternos de los incrédulos en el infierno. Su majestad ofendida será vindicada... lo que es supremo en el propósito de Dios a la hora de elegir y reprobar a los hombres es su propia gloria, y el infierno también glorificará su justicia, su poder y su ira por toda la eternidad. Mientras tanto es nuestra responsabilidad orar y procurar la salvación de los pecadores antes que castigo tan horrendo caiga sobre ellos”.
    No puedo terminar sin una palabra final dirigida a aquellos que se creen convertidos pero que no lo están, y también para aquellos que saben que no están convertidos. ¿Puedes concebir la eternidad? Detente un momento y trata de imaginar ser atormentado incesantemente, para siempre, sin final. ¿Esto no te aterroriza? Jamás una oportunidad de descanso; o una gota de agua fría que refresque la garganta. Piensa de nuevo la duración de la eternidad. Trata de imaginártela: día y noche, por los siglos de los siglos, ardiendo con fuego como una araña en una hoguera. Gritos, lamentos, dolor, maldiciendo el día de haber nacido; y siendo maldecido eternamente por los demonios y condenados alrededor. Recordando, siempre recordando las veces que fuiste advertido en la tierra y cómo ignoraste todos aquellos avisos: auto satisfecho y auto engañado, creyendo que todo estaba bien con tu alma. La mujer de Job le dijo a éste que maldijera a Dios y muriera. A no ser que te arrepientas y vayas a Cristo, quien es tu única esperanza, serás maldito por Dios y eternamente atormentado por Él en Su presencia, en la terrible plenitud de Su ira, sin poder morir jamás. Nunca morirás, amigo. ¡Tú no morirás jamás! ¡La eternidad es para siempre!
Copyright © 1992 by William C. Nichols
Traducido al castellano por Alfonso Ropero

Los textos bíblicos son de la Biblia de las Américas, 
© The Lockman Foundation 1986, y de la Reina Valera revisión de 1960.




Notas:
1. Thomas Shepard, The Works of Thomas Shepard (“Las obras de Thomas Sephard”), vol. 1, p. 94. AMS Press, Nueva York, 1967.
2.Jonathan Edwards, The Works of Jonathan Edwards (“Las obras de Jonathan Edwards”), vol. 11, p. 87. The Banner of Truth, Edimburgo 1974.
3.Id. p. 82.
4.Christopher Love, Hell's Terrors (“Los terrores del infierno”), p. 19. T.M. Londres 1653.
5.J. Edwards, op. cit., p. 884.
6.Id. P. 80.
7.Id. p. 81.
8.Charles Haddon Spurgeon, The New Park Street Pulpit (“El Púlpito de la calle New Park Street”), vol. 1, p. 308. Baker Book House, Grand Rapids 1990.
9.C. Love, op.cit., pp. 54-55.
10.John Gerstner, Heaven and Hell (Cielo e Infierno), p. 77. Baker Book House, Grand Rapids 1991.
11.Thomas Shepard, The Works of Thomas Shepard (“Las obras de Thomas Shepard”), vol. 1, p. 58. AMS Press, Nueva York 1967.
12.Arthur W. Pink, Studies in the Scriptures (“Estudios en las Escrituras”), p. 18. Enero 1932.
13.E. Davies, The Wrath of God (“La ira de Dios”), p. 59, Evangelical Press of Wales, Glamorgan 1984.