martes, 19 de mayo de 2020

¿Quién Es “Cristiano”?


—¿Es usted cristiano?
—Espero que sí; estoy tratando de serlo.

—¿Es usted un ser humano?
—Espero que sí; estoy tratando de serlo.

    Una respuesta es tan irrazonable e ilógica como la otra. Así como usted nació poseyendo una naturaleza humana, debe usted
nacer de nuevo para ser cristiano (Juan 3:3-8; 1 Pedro 1:23). La cuestión no radica en “tratar” en ninguno de los dos casos.
    Muchos confunden el comportamiento cristiano con el nacimiento cristiano. Se debe obtener primero la vida cristiana, la  naturaleza cristiana, antes de poder vivir tal forma de vida, es decir, el comportamiento cristiano.
    Un cristiano es una “nueva criatura” en Cristo (2 Corintios 5:17). El versículo que nos resume la biografía de la vida cristiana es “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí [esta es la vida cristiana]; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios...” [este es el comportamiento cristiano] (Gálatas 2:20).
    Los discípulos del Señor Jesucristo fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26). Estos primeramente fueron discípulos, y su discipulado se manifestaba a través de una obvia diferencia en su comportamiento. Tal diferencia sólo revelaba su unión con el Salvador, el Señor Jesucristo, quien conquistó el pecado, quien da la vida y quien la transforma. Por lo tanto, el nombre de “cristianos” designaba su relación con Cristo.
    Obviamente, esta relación sobrenatural con Cristo no es el resultado de esfuerzo humano - social, moral o religioso. “Porque por gracia [bondad inmerecida] sois salvos por medio de la fe; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras...” [para que seamos cristianos de comportamiento] (Efesios 2:8-10). Cristo dijo: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo...” (Mateo 12:33). “...porque de adentro, del corazón de los hombres, salen...” las cosas “que contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23). “Mas el fruto del Espíritu [la vida de Cristo en los verdaderos creyentes] es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza...” (Gálatas 5:22-23).
    Así que, si de veras usted se ha arrepentido de su pecado y ha creído el evangelio, ha depositado su confianza en el Señor Jesucristo creyendo que Él murió por usted pagando por sus pecados, que resucitó y vive a la diestra del Padre en el cielo, entonces ha nacido de nuevo. Los que han nacido de nuevo, y sólo ellos, son cristianos, y se les nota en el fruto que llevan en su carácter y forma de vivir.
    Los demás sólo son seres humanos, por religiosos y devotos que sean. Y por mucho que vayan a misa o hagan buenas obras, nada de todo esto puede suplir lo que ellos necesitan para ser cristianos de verdad: una conversión, un nuevo nacimiento.
    Entonces, ¿cómo se define usted?

Tiempos Peligrosos

por Dr. Renald Showers (1935-2019)

Son tiempos de humanismo, inestabilidad, guerras y falsos profetas y “Cristos”. Desde el huerto de Edén el hombre ha rechazado el gobierno de Dios, y ahora parece que está llegando a su punto más frenético. El ser humano se empeña en demostrar que sin Dios puede gobernar el mundo con orden y sentido. Afirma que el gran propósito de todo es la gloria y exaltación del hombre. Su manía antropocéntrica no solo causa que rehúsa someterse al reino de Dios, sino le hace incapaz de someterse (Romanos 8:7).
    Su orgullo y su rechazo del gobierno de Dios le impulsan a hacer cosas opuestas a lo que Dios ha ordenado. Dios ordenó la pena de muerte para homicidas, pero el hombre intenta abolirla. Dios estima y valora la vida humana porque hizo al hombre a Su imagen, pero el hombre destruye a millones a través de abortos. Dios instituyó el matrimonio y ordenó que fuese permanente, pero el hombre practica el divorcio y sugiere que el matrimonio sea abolido. Dios demanda la justicia en la sociedad – la protección de los inocentes y el castigo de los criminales, pero el hombre disculpa y aun sostiene a los criminales a expensas de los inocentes. Dios ordena que la familia sea un lugar para nutrir a futuras generaciones, pero el hombre propone que el gobierno reemplaza la familia. Dios declara que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, pero el hombre prohíbe cualquier mención de Dios en las escuelas. Dios instituyó los absolutos morales para gobernar al hombre, pero el hombre dice que la utopía solo vendrá si rechaza esos absolutos. Dios ordenó las apariencias distintas y papeles distintos entre hombres y mujeres, pero el hombre intenta borrar todo eso. Dios proveyó para el sexo dentro del matrimonio de un hombre y una mujer, pero el hombre pervierte el sexo mediante la pornografía, la fornicación, el adulterio y la homosexualidad. Dios hizo al hombre para que hallara solo en Él su verdadero sentido y propósito en la vida, pero el hombre busca estas cosas en las drogas, el alcohol, el ocultismo, el materialismo, la filosofía, la astrología, las sectas, la meditación transcendental, la fama y el poder ... Habiendo rechazado a propósito la verdad de Dios, el hombre adora y sirve a sí mismo en lugar del Creador.

Renald Showers, The Most High God (“El Dios Altísimo”), Friends of Israel Gospel Ministry

martes, 31 de marzo de 2020

Cosas Que Dejar Atrás, Parte II




Texto: Col. 3:1-17

     En el estudio anterior leímos versos en el capítulo 1 donde Pablo daba gracias porque hemos sido hechos aptos y partícipes de una herencia espiritual. Además de esto, vimos que Dios nos ha trasladado de las tinieblas a la luz – de Egipto a Canaán. En Cristo tenemos redención de modo que ya no somos esclavos del pecado. Además vimos que todos estos son hechos de Dios que no dependen de nosotros.
    En el capítulo 2 vimos que en nuestro Señor Jesucristo resucitado y sentado a la diestra de Dios habita toda la plenitud de la divinidad. Debido a esto, en Él estamos completos – y si esto es así, ¿qué más necesitamos sino darle las gracias? El mundo no puede de ninguna manera añadir a lo que tenemos en Cristo, ya sea por su religión, su filosofía o cualquier otra cosa. Estamos completos en Él.
    En los versículos 1-4 del capítulo 3 nos condiciona, por decirlo de una manera. ¿Habéis resucitado con Cristo? Entonces, hay que buscar las cosas de arriba. Vuestro peregrinar ha de ser mirando las cosas del cielo. La orientación del cristiano debe ser celestial, no terrenal.
    En el versículo 5, entonces, habla de hacer morir lo terrenal. ¡Cuántas cosas malas nombra aquí, y es lo que hay en el mundo!  En el mundo el deseo puede ser noble, pero no tiene poder para mejorar, porque está en servidumbre a la maldad. Como mencionamos anteriormente, bien dijo el catedrático Don José Luis San Pedro: “el mundo no tiene solución, porque hizo del dinero su dios”. Hay deseos y a veces planes de mejorar el mundo, pero se quebrantan en el camino y no se pueden llevar a cabo. El mundo no puede alterar su rumbo; va de mal en peor. En este versículo vemos cosas que nos llaman la atención. A mí me gusta leer detenidamente, pararme en las palabras y pensar en el significado de ellas. Es así que aprendemos. Por ejemplo, aquí habla de los “malos deseos” entre otras cosas. Cuando Dios creó al hombre, nos creó con necesidades: de comer, de beber, de respirar, de dormir, etc. Edén estaba provisto de árboles para comer y de un río para beber. Dios también proveyó trabajo provechoso para el hombre. Pero lo que Pablo aquí les recuerda que hay que dejar son deseos, no necesidades. Hay diferencia entre deseos y necesidades. El maligno, el tentador, entró y creó y provocó toda una serie de deseos en el hombre, para arruinar la obra de Dios. Las necesidades se miden; los deseos no. Los deseos son inconmensurables, mientras que las necesidades pueden ser cuantificadas y ordenadas. Tengamos esto en cuenta. Las necesidades puede ser satisfechas, pero los deseos nunca.
    Eclesiastés 7:29 dice: “Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones”. La palabra “recto” también se traduce “sencillo”. Es bueno ser sencillo, porque es como Dios nos quiere. La palabra “perversiones” también se traduce “artimañas”. En el Salmo 106:13-14 leemos: “bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo. Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto”. Dios los sacó de Egipto por Su gran poder, y al llegar al desierto no hubo agua. Pero llegaron a Mara, donde había agua amarga, y en respuesta a su queja Dios la cambió en dulce. Luego llegaron a Elim donde había palmeras y mucha agua. Al andar por el camino en el desierto Dios les proveyó también de maná, pero tenían deseos de las cosas de Egipto – estaban cubiertas sus necesidades pero tenían deseos desordenados. Estos deseos y el dar lugar a ellos desagradaron a Dios y resultaron en juicio sobre Su pueblo. Recordemos esto al leer en Colosenses 3. Hay que hacer morir los deseos malos – no vivamos en ellos porque nada bueno nos van a traer. El deseo empieza en la mente y no termina si no lo terminamos nosotros.
    En el versículo 8 vemos como comienza con la palabra “pero”. “Pero” es una conjunción adversativa que marca un contraste, un antes y un después. Como en Efesios 2:4 – marca el cambio entre lo que éramos y lo que es Dios y cómo nos trató. En la cena del Señor que hemos celebrado venimos a recordar a Aquel que nos amó aunque éramos pecadores, y vino del cielo para rescatarnos. En Colosenses 3:7 habla de “en otro tiempo”, pero en el 3:8 nos trata en el tiempo presente: “Pero ahora dejad también vosotros...” Las cosas que hemos de dejar, es así porque todas ellas pertenecen al viejo hombre. En Romanos 6 dice que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo. La cruz del Señor rompe los lazos y el poder del viejo hombre y el pecado sobre nosotros.
    A veces queremos los creyentes que el mundo legisle conforme a nuestros principios y criticamos las leyes que aprueban. Jamás podemos cambiar el mundo por este proceder. El mundo vive en el viejo hombre y legisla según el viejo hombre. No puede hacer otra cosa porque está en una servidumbre al pecado. Sólo los que han despojado el viejo hombre pueden revestirse del nuevo hombre (v. 9).
    Dios nos hizo en Su imagen. El pecado quitó esta imagen, podemos decir que desdibujó la imagen de Dios en nosotros. Es el efecto triste del pecado. Pero el versículo 10 nos informa que no sólo nos hemos despojado del viejo hombre, sino también nos hemos revestido del nuevo, el cual es “conforme a la imagen del que lo creó”. En Cristo somos revestido de esta imagen de Dios. Los versículos 10-14 hablan de las vestiduras del nuevo hombre. “Vestíos” – se nos exhorta. Hay que proseguir la meta como Pablo dice a los filipenses, y hay que proseguir la meta como también les dijo. La idea es que vayamos renovándonos cada día y conformándonos cada día más a la imagen de Dios.
    Nuestra función no es criticar las leyes de los parlamentos, sino predicar el evangelio. Es únicamente por el evangelio que pueden venir los cambios deseados. Cuando los hombres oyen y creen, reciben poder para ser hechos hijos de Dios, y entonces hay cambios buenos. No sirve de nada criticar los productos sin cambiar la fábrica– esto es– la vieja naturaleza, el viejo hombre, la naturaleza pecaminosa, y este cambio lo hace Dios, no los hombres. El viejo hombre nunca va a ser renovado. No puede cambiar su naturaleza. Hace falta una obra de Dios.
    Hace poco que el Secretario General de la O.N.U. nombró una comisión para estudiar el problema de la pobreza y la distribución de los bienes en el mundo. Llegó a la conclusión de que el mundo produce suficiente alimentos, pero están mal distribuidos. Esto es debido a los malos deseos, porque los malos deseos, además de malos, son insaciables. El problema radica en los deseos y el corazón humano, no en sistemas políticos, leyes, etc. Por esto el mundo va de mal en peor y no tiene posibilidad de solucionar sus problemas, porque no puede tratar la raíz de estos problemas: la naturaleza humana.
    En Romanos 6:6 leemos así: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado...” Dios no quiere que seamos ignorantes. Quiere que actuemos en base a conocimientos correctos. Por esto comienza con “sabiendo esto” – ahí está la base del conocimiento correcto – algo que saber y tener en cuenta. Nuestro viejo hombre fue crucificado. ¿Qué es nuestro viejo hombre? Es la naturaleza que recibimos de Adán, el progenitor de la raza humana. Dios tiene un plan para este viejo hombre, esta vieja naturaleza que es pecaminosa. Su plan es: “crucificado”, porque Su propósito es: “para que el cuerpo del pecado sea destruido”. Ahora bien, “destruido” no quiere decir aniquilado, sino arruinado, dejado sin efecto.
    En Romanos 6:11 leemos: “consideraos muertos al pecado”. Esto es el segundo paso. Primero hay que saber, no sentir (v. 6). Después hay que considerar (v. 11). ¿Qué significa esto? “Consideraos” quiere decir: “estimaos”, “contaos”. Debemos estimarnos o contarnos como muertos al pecado. Tercero, en Romanos 6:13 nos dice: “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”. Esto es nuestro proceder. Nuestros miembros, nuestro ser y nuestro cuerpo, son instrumentos o del pecado o de la justicia. Aquí entra nuestra voluntad, nuestra decisión y consagración práctica.
    Dios no quiere que seamos ignorantes. En el versículo 6 dice: “Sabiendo esto”. En Colosenses 3:16 dice que “la Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”. Romanos 6:6 es difícil de entender, porque no podemos razonarlo – hay que creerlo y asentarlo como base. Hay que creer los hechos de Dios. Luego el versículo 11 dice “consideraos”, y el versículo 13 dice “presentaos” (entregar, rendir, consagrar, etc.). Habla de nuestra voluntad porque es lo que tenemos.
    La salvación de Dios descansa sobre dos cosas: el amor de Dios y la humildad de Su Siervo, Cristo. Él dijo: “aprended de mí, que soy manso y humilde”. Humilde y entregado. No vino a hacer Su voluntad sino la del que le envió. La cruz es el más alto grado de la humillación, y el Señor Jesucristo la escogió. Debemos aprender de Él, porque Su mansedumbre y humildad son comunicables – son para imitar. Si no hacemos esto, no podemos servir bien a Dios. Consideremos el ejemplo de Moisés, otro “salvador” aunque en sentido secundario, sin embargo es una ilustración del Señor Jesucristo. Israel sufría en esclavitud a los egipcios, y Dios en Su amor, se acordó de Su pacto y envió un libertador, que fue Moisés. Ahora bien, Moisés como joven y adulto fue adoptado por la casa de Faraón y educado en toda la sabiduría de Egipto. Pero siendo él poderoso, se adelantó, tratando de comenzar a salvar a su pueblo matando a un egipcio y escondiendo su cuerpo. Pensó que nadie lo sabía. Pero luego cuando reprendió a dos hebreos que reñían, uno de ellos  respondió: “¿Quién te ha puesto...sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?” (Éx. 2:11-14). Y tuvo que huir de Egipto y vivió cuarenta años en el desierto, un lugar sin cultura y donde no podía emplear nada de lo que aprendió en Egipto. Allí estuvo, cuarenta años cuidando ovejas, y los pastores de ovejas eran una abominación a los egipcios. Fue un largo tiempo de humillación para Moisés, porque “cuarenta años” se dice pronto, pero pasan lentamente. Y allí Dios estaba obrando en él, por medio de estos cuarenta años, por medio del desierto, por medio del pueblo nómada y su vida sencilla, por medio de aquellas ovejas. Dios estaba formando a Su siervo, porque la obra de Dios depende del amor de Dios, y de la humildad de Su siervo. Moisés tuvo que aprender la humildad y la mansedumbre para llegar a ser buen siervo de Dios, útil en Sus manos. Luego dice la Biblia que Moisés era el hombre más manso de la tierra (Nm. 12:3).
    Así, hermanos, Dios desea obrar en nosotros, formando la imagen de Su Hijo en nosotros. Quiere que dejemos atrás las cosas de este mundo, y que nos vistamos de las cosas que le agradan. Quiere que aprendamos la mansedumbre y la humildad, para que seamos útiles en Sus manos para dar testimonio de Él  en el mundo y para servir a Su pueblo. Que así sea para la gloria de Dios. Amén.
de un estudio dado en Sevilla por D. José Álvarez que es de Avilés, Asturias, el 13 de enero, 2008