miércoles, 16 de enero de 2019

A Dios Le Importa La Forma De Vestirse

 Ni Hombres En Faldas
Ni Mujeres En Pantalones

Deuteronomio 22:5 dice: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. Este texto es criticado y descartado por muchos evangélicos, porque hoy día las mujeres quieren llevar pantalones. ¿No es curioso que los varones no quieren llevar faldas a las reuniones, pero las mujeres quieren vestir pantalones? En el mundo hacen lo que quieren, pero los cristianos tienen que justificarse. Una razón comunmente dada es que el texto viene en la ley, y el cristiano no está bajo la ley de Moisés.
    Quisiera apuntar primero que no podemos descartar dos tercios de la Biblia simplemente porque no estamos bajo el pacto de la ley. Dos textos en el Nuevo Testamento enseñan el valor del Antiguo Testamento para el creyente. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4). El Antiguo Testamento es para nuestra enseñanza.  El otro texto es 1 Corintios 10:6, “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron”. Y el versículo 11, “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”. Si leemos del 1 al 12 del capítulo 10 vemos que todas estas cosas pasaron a Israel bajo la ley, y están escritas para enseñar y amonestarnos, aunque ni somos Israel ni estamos bajo el pacto de la ley. Dios todavía no quiere que hagamos las cosas que Israel hizo en este texto.
    Y aunque no estamos bajo la ley, el apóstol Pablo afirma su valor: “la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro. 7:12). Viene de Dios, y nos enseña acerca de Sus pensamientos y gustos. Cuando Deuteronomio 22:5 dice: “porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”, habla de algo que desagrada a Dios, y le es repugnante. No sólo respecto a la forma de vestir, sino hay muchas otras cosas. Es interesante estudiar la Biblia con concordancia para ver lo que Dios abomina y lo que le agrada. Por ejemplo, Deuteronomio 7:25 declara que las esculturas de los dioses (ídolos) es abominación a Dios (véase Dt. 17:3-4). Proverbios 12:22 dice que “los labios mentirosos son abominación a Jehová”. En Proverbios 6:16-19 hay siete cosas que Dios abomina. Apocalipsis 21:8 pronuncia maldición sobre los abominables. Los gustos de Dios no cambian porque Él es inmutable. “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta” (Nm. 23:19).
    Hay varios casos en el Nuevo Testamento del uso de la ley para enseñar prácticas para la iglesia. Uno es 1 Corintios 9:7-10 leemos: “¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto”. Esto viene de Deuteronomio 25:4. Pablo, el apóstol que escribió Romanos y Gálatas, utiliza la ley para enseñar que debemos apoyar económicamente a los siervos de Dios. “Por nosotros se escribió” dice el Espíritu Santo.
    Otro es 1 Corintios 9:13, que habla todavía de las ofrendas para los siervos de Dios. “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?” Esta cita viene de Deuteronomio 18:1 acerca de los sacerdotes y levitas. Pero en la ley hay instrucción para nosotros. 1 Corintios 9:14 confirma que el Señor aplica este precepto en nuestros tiempos.
    En 1 Corintios 14:34 recibimos instrucción acerca del silencio de la mujer creyente en la congregación: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice”. Otra vez se refiere a la ley como base para la enseñanza, en este caso, la sujeción de la mujer y su silencio en la asamblea. Problamente “ley” se refiere a la división llamada “la ley” – los cinco libros de Moisés – donde por ejemplo en Génesis 3:16 Dios dijo: “y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.
    Volviendo a Deuteronomio 22:5, no podemos descartarlo simplemente porque está en la ley, ya que hemos demostrado el valor de la ley para enseñarnos aun en la edad de la gracia. ¿Se equivocó el salmista al escribir lo siguiente en el Salmo 19:7-11?

    “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;
    El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
    Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
    El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
    El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
    Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
    Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;
    Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
    Tu siervo es además amonestado con ellos;
    En guardarlos hay grande galardón”.


 

    El problema que tenemos con la ley no es intelectual, ni teológica, sino espiritual. Romanos 7:14 dice: sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.  Romanos 8:7,  los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”.  
    Así que, hermanos, aunque es cierto que no estamos bajo el pacto de la ley, ni para salvación ni para la vida cristiana, todavía ella tiene cosas que enseñarnos acerca de los pensamientos y la voluntad de Dios, y son aplicables en nuestros tiempos. No debemos invocar “la gracia” para hacer lo que a Dios es abominación. “No uséis la libertad como ocasión para la carne” (Gá. 5:13), es un consejo sabio y sano, porque la carne no quiere ni puede sujetarse a Dios ni agradarle.
     Hacemos saber a todo hermano/hermana en comunión que es importante vestir piadosamente en las reuniones de la asamblea, y fuera de las reuniones, como obediencia a Dios y como parte del testimonio santo.

El Mundo O La Palabra

    La moda de vestir pantalón las mujeres es parte de la agenda del mundo, y no agrada a Dios. Romanos 12:1-2 nos instruye a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable, y no ser conformados a este siglo, sino transformados. El sacrificio del cuerpo incluye la forma de vestir: ropa decorosa, con pudor y modestia, y sin adornos externos (1 Ti. 2:9-10; 1 P. 3:3-6). No es decoroso que una mujer lleve ropa de varón.
    El cambio en la forma de vestir de las mujeres es como otros cambios que el mundo impone. La moda “unisex” intenta borrar distinciones entre hombres y mujeres – la vestimenta y el pelo. 1 Corintios 11:14 declara que es vergonzoso que el varón deje crecer su cabello. Pero 1 Corintios enseña: “a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso” (literalmente en griego: doxa, “gloria” o “glorioso”).
     El feminismo  quiere a las mujeres fuera de casa, trabajando en las empresas, y ocupando los mismos puestos que los hombres. La cuestión NO es si ellas son capaces, sino si Dios lo quiere así. Él indica que sean: “Cuidadosas de su casa” (Tit. 2:5; véase Pr. 31:10-31). Nuestro culto o servicio racional (inteligente) a Dios es que nos dejemos guiar por Su Palabra y hagamos todo para la gloria de Dios. Se oye decir: “Pero esto se lleva en el mundo hoy”. La idea es que las cosas han cambiado y debemos ponernos al día y no ser anticuados.
          Hermanos, es verdad que el mundo ha cambiado y ya no da importancia a estas cosas, pero a Dios sí son importantes. ¿Queremos ser amigos de Dios o amigos del mundo? Hay presión constante en la sociedad a llevar la moda y ser como las demás personas – que no conocen a Dios ni les interesa agradarle. Pero los creyentes ya no pertenecemos al mundo. Debemos morirnos a la opinión del mundo. No debemos conformarnos, sino ser transformados (griego: metamorfosis), para comprobar la buena voluntad de Dios.

No Somos Nuestros

    No somos nuestros, pues hemos sido comprados por precio (1 Co. 6:20), y debemos glorificar a Dios en nuestro cuerpo y nuestro espíritu, los cuales son de Dios. En este texto vemos que a Dios le importa lo interno y lo externo. Él es Señor no sólo de nuestro corazón sino también de nuestro vestuario.
    Si en la Palabra de Dios vemos lo que agrada a Dios,y lo que le desagrada, entonces sabemos qué hacer. Consideremos también el poder del ejemplo, y nuestro testimonio a los demás. Porque con el buen ejemplo podemos influir para bien, pero con el mal ejemplo podemos ser estímulo para la desobediencia de otros.
    Cristo dijo: “El que me ama, mi palabra guardará” (Jn. 14:23). Si queremos amistad con Cristo, si Él realmente nos importa, debemos hacer las cosas que le agradan. El amor no nos permite hacer lo que nos parece. “El amor de Cristo nos constriñe” (2 Co. 5:14). El amor propio y el amor al mundo nos contaminan y desvían.
    Santiago 1:21 nos amonesta a recibir con mansedumbre la Palabra implantada. No discutir – recibir y hacer. El versículo 22 nos llama a ser hacedores de la Palabra, no tan solamente oídores. La bienaventuraza es para los que miran atentamente y hacen lo que la Palabra de Dios dice (v. 25).  Se aplican aquí también las palabras de Cristo: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Jn. 13:17).                 
 Carlos Tomás Knott

martes, 25 de diciembre de 2018

Tres Enramadas

Los Paganismos Navideños

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor” (Mt. 17:1-6).
    Poquísimas personas han tenido la dicha de esos tres apóstoles. En Génesis 18 Jehová visitó a Abraham y comió con él. Siglos después, enseñó Su gloria a Moisés (Éx. 33:18-34:8). Una vez setenta de los ancianos de Israel, Moisés, Aarón y sus hijos subieron el monte y vieron una manifestación gloriosa del Dios de Israel (Éx. 24:7-11).
    En el Nuevo Testamento, los discípulos Pedro, Jacobo y Juan subieron el monte con el Señor y le vieron transfigurado y glorioso. Aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él. Pedro, impresionado sobremanera, sugirió para conmemorar la ocasión: “hagamos aquí tres enramadas”. A Dios no le gustó esa idea. Una nube les cubrió y una voz dijo: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. No se hizo ninguna enramada, ni para Moisés, ni para Elías, ni siquiera para Cristo. Dios no lo quería entonces, ni hoy tampoco.
 
El Belén vaticano - la madre de la idolatría y de toda abominación
   Pero hoy la gente hace sus enramadas, llamadas “belenes” o “nacimientos”, con José, María y Jesús, la “sagrada familia”, supuestamente para comemorar algo importante. Es parecido al error de Pedro. En lugar de Moisés y Elías ponen a José y María, los pastores, los magos, los ángeles y otros. Pedro pensaba que su idea de enramadas era buena, y los religiosos también creen buenas sus belenes. Alguien dijo con sarcasmo que la navidad es el tiempo del año cuando los protestantes no tienen problemas con imágenes de Jesús, María, José y los ángeles. Tiene razón, porque con sus emocionalismos se les olvida que Dios prohibe hacer y tener imágenes. Si las rindes culto o no es otra cuestión y todavía peor sí lo haces. Pero está prohibido tenerlas. Es pecado.
 
 "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás" Éxodo 20:4-5
      Está claro que Dios no mandó hacer imágenes para navidad, ni fue una práctica de los primeros cristianos. Además, como hemos dicho, repetimos: Dios prohíbe todo uso de imágenes. ¿Qué hacen terrafines en casas de creyentes? ¡Qué vergüenza! Y peor si eres misionero, obrero o anciano en una iglesia -- porque Santiago 3:1 dice que para ti, hermano, el juicio será más severo. Has dado mal ejemplo a la grey del Señor. ¿No deberías pedir perdón publicamente? No es posible agradar a Dios ni honrar a Cristo con enramadas e imágenes. La "navidad" no es una excusa para poner imágenes en casa. No tiene disculpa la idolatría. No es inofensiva. No es cristiana. La práctica no está en la Biblia. Reconócelo. No es una costumbre inofensiva. Si has puesto un belén en tu casa, arrepiéntete y quítalo. "Vete y no peques más".
Carlos Tomás Knott

sábado, 22 de diciembre de 2018

El Amor Al Dinero

EL VILLANCICO FAVORITO 
DE MILLONES


   Hoy casi toda España ha estado embobado y medio paralizado, con el tema de la lotería de navidad. Por la mañana no se escuchaba ni se veía a penas a nadie en la calle. Era como un día festivo en que la gente se queda dormida. Pero es el día de la lotería y todos están pegados a la tele y otros medios, para escuchar su villancico favorito cantado por los niños, y saber a quiénes le tocan “millooooooonesss”.
     Dinero de otros, no el suyo, por supuesto. No han trabajado para ganarlo, ni se lo merecen. Es dinero puesto por avaros y ambiciosos, pobres y parados, necios y necesitados, deseando que “la suerte” les toque y que de repente tengan miles de euros – ¡el dinero de otros! Por eso han comprado el cupón, ¡no para ayudar a los demás!
    La Biblia dice que el amor al dinero es raíz de todos los males (1 Timoteo 6:10). La forma correcta de obtener dinero es trabajando: “...trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno” (Efesios 4:28). “Contentaos con vuestro salario” predicó Juan el Bautista (Lucas 3:14).
      Pero la persona que ama al dinero y quiere enriquecerse no consulta las Escrituras para saber si está bien o no. Primero decide lo que quiere, y después busca cualquier manera de justificarlo. A los tales casi es perder el tiempo citarles textos bíblicos, pero aquí están los consejos y las advertencias bíblicas.


    “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste” (Proverbios 23:4).

    “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8).
  
    “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).
  
    El apóstol también identifica los “malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).
  
    “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

    Además, en las iglesias debe haber disciplina eclesial para los avaros: “No os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:5). Y los avaros no pueden ser ancianos ni diáconos. Las iglesias deben estar limpias y libres de toda clase de mundanalidad, incluso del amor al dinero.
    Los que no conocen a Dios ponen su esperanza en cualquier otra cosa, el estado, los ricos, la lotería, el timo, el robo; da igual con tal de que reciban dinero de otros, por el cual no han trabajado. ¡Pero es horrible pensar que uno puede llamarse cristiano y jugar la lotería!
    Hace años que William MacDonald escribió:
       “¡Usted puede ganar 1.000.000 de pesetas!” Con esta frase y otras similares nos bombardean constantemente tentándonos a participar en alguna clase de apuesta. Seducen a las amas de casa que van de compras al supermercado para que participen en los sorteos más recientes. Se estimula continuamente al hombre de la calle para que envíe su nombre (junto con una suscripción para una revista) y participe en la próxima lotería millonaria. La lotería y juegos como el bingo están a la orden del día con la llamativa promesa de que esta vez seremos los ganadores. También hay otras formas de apuestas más singulares: ruleta, carreras de caballos, de perros, quinielas, etc.
        ¿Qué tiene que decir la Biblia acerca de todo esto? Nada bueno.
        Dice: “las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta” (Pr. 13:11).
        Dice: “Se apresura a ser rico el avaro, y no sabe que le ha de venir pobreza” (Pr. 28:22).
        Dice: “Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente amontona riquezas; en la mitad de sus días las dejará, y en su postrimería será insensato” (Jer. 17:11).
        Aunque los Diez Mandamientos no dicen explícitamente: “No apostarás”, sí declaran: “No codiciarás” (Éx. 20:17), y ¿qué es apostar sino una forma de codicia?
        La práctica de apostar no debe tener lugar entre creyentes ni gozar de buena reputación, especialmente cuando recordamos cómo los soldados romanos echaron suertes para apropiarse de la túnica sin costura del Salvador en la escena de Su crucifixión.
         Consideremos también la pobreza y angustia que traen a sus familias los jugadores crónicos, los crímenes que se cometen para recuperar pérdidas, y las malas compañías asociadas con ello, y veremos que las apuestas no tienen lugar en la vida del cristiano.
        Después de recordarle a Timoteo que el creyente debe 
contentarse con sustento y abrigo, Pablo advirtió que: “los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Ti. 6:9).
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Tampoco vale el prometerle a Dios que si te toca le harás una gran ofrenda. Dios no quiere que le ofrezcas dinero sucio, dinero de chantaje, dinero de otros. El rey David declaró: “no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste” (1 Crónicas 21:24).
    Si los que venden el cupón te preguntan si quieres, no pienses que la suerte llama a tu puerta. Llaman el diablo, el mundo y la carne. Dí que no porque confías en Dios, no en la suerte. No pienses que Dios utilizaría la lotería para bendecirte, pues Él ya ha declarado lo que piensa. “Oh, pero no lo compré. Me lo regalaron” – otra excusa. ¿Dirías esto si te quieren regalar una película pornográfica?  ¡No! Pero la fornicación está en la misma lista de pecados que la avaricia. Así que, dí: “No gracias, soy creyente en el Señor Jesucristo”. Pero si participas en la lotería, y no hables de fe ni de Cristo, porque será una contradicción. Y piensa en cómo afectas para mal la congregación cuando escondes tu avaricia. Dios lo ve y no te puede bendecir. Acán fue avaro y lo escondió de los demás, pero dañó a toda la congregación de Israel (Josue 7).
    En Lucas 16:13-15 leemos del encuentro de Cristo con los avaros.
    “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”.

 Carlos Tomás Knott