sábado, 23 de diciembre de 2017

Contradicciones Navideñas

Contradicciones Navideñas

Las fechas de Navidad y Reyes son el tiempo del año cuando supuestamente todos piensan en el Señor Jesucristo. Pero si somos honestos, sabemos que no es así. Para empezar, ni siquiera nació Cristo en esas fechas, pues no hay pastores ni rebaños en los campos en Judea desde octubre hasta marzo, porque en esos meses hay mucho frío, lluvias, nevadas, y heladas, y no se puede estar en el campo. Además, no se conocen esas fiestas y costumbres en la Biblia,  y nada tienen que ver con las cosas que mandó el Señor Jesucristo (Mateo 28:19-20), ni hay registro alguno de ellas en las prácticas de la iglesia apostólica (Hechos) ni las enseñanzas del Nuevo Testamento (las Epístolas). No hay ninguna fiesta ni celebración navideña de parte de los creyentes en el Nuevo Testamento. Al contrario, la historia ampliamente documenta el origen pagano de fiestas como la de Saturnalia, y cómo la iglesia católica romana obró para incluir tales fiestas en la cristiandad.

El Árbol
     En ningún lugar en toda la Biblia somos instruidos a poner un árbol como memorial espiritual, ni en nada se relaciona con el Señor Jesucristo. ¿Pueden los que lo ponen mostrar siquiera un texto bíblico que instruya o apoye el uso de un árbol así? Sencillamente, la respuesta es “no”. Pero, ¡la tradición y el sentimentalismo son fuertes!
    Al contrario, el árbol como objeto religioso radica en las costumbres antiguas del medio-oriente. Siglos antes de Cristo los asirios usaban un árbol sagrado en sus ceremonias y cultos religiosos. Los babilonios empleaban un árbol para celebrar un culto a Tamuz, hijo de Semiramis.

Papá Noel
 
   San Nicolás, o “Santa Claus”, un gran mentiroso, totalmente fuera de lo bíblico, es como un dios que sabe todo y promete venir y aparecer en todo el mundo en una sola noche y reparte bienes (o carbón) según el comportamiento de cada uno. Aunque Navidad no es el nacimiento de Cristo, si lo fuera, Papá Noel tendría el papel de un anticristo, robando la atención y los afectos de muchos.
    En países predominantemente católicos, en la fiesta religiosa de Epifanía, destacan los reyes magos y operan parecidos a Papá Noel, pero sin los renos, repartiendo regalos según el comportamiento de cada cual. ¿Dónde en la Biblia dice que había tres, y de que eran reyes? Pero la iglesia católica felizmente se inventa los nombres y propaga el mito. La Biblia relata la visita de hombres del oriente que traían regalos para el rey nacido – no para todos.

Los Belenes (también llamados: “nacimientos”)
 
   Tampoco caben dentro del marco bíblico, ya que está tajantemente prohibido hacer imágenes de cualquier cosa en el cielo, en la tierra o debajo de la tierra, ni inclinarse ni rendir culto a ellas (Éxodo 20:4-5). Los terafines (dioses y templecillos caseros) han existido desde los tiempos del Antiguo Testamento. Génesis 31:19 habla de “los ídolos” (literalmente “terafines”) de Labán que su hija Raquel hurtó. Esa vieja práctica pagana de tener imágenes religiosas en las casas, es imitada y perpetuada hoy por las imágenes expuestas y veneradas en los templos católicos y ortodoxos, y en las casas, tiendas y plazas públicas de poblaciones católicas. Dios nunca permite ni mucho menos bendice tales prácticas (véase Romanos 12:1-2). Además, presentan errores, como por ejemplo los pastores y los magos juntos, cuando no era así. “Oh, pero es bonito, artístico” algunos dicen. ¿Qué tiene de bonito algo que Dios prohibe?

La Avaricia
   
 
Observamos la gran actividad comercial, las listas de deseos, los caprichos, la codicia, la envidia, todo centrado en compra e intercambio de regalos. Los comerciantes esperan la navidad con ansia porque es cuando ganan más dinero. ¡Y no olvidemos la lotería de Navidad el 22 de diciembre! Derroches de dinero en comidas lujosas. Es una escena totalmente ajena a Aquel que siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos espiritualmente. La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro. 6:23), no relojes, ropa o juguetes. ¿Y por qué no decir la verdad acerca del dinero gastado? Gastan lo que no tienen, para cumplir con las demandas y espectaciones de la fiesta, y se endeudan grandemente. Luego, la cuesta de enero, febrero y marzo cuando intentan salir de la hoya.

La Glotonería
   
La glotonería es “acción de comer con exceso y con ansia”. Es vergonzoso el descontrol en comprar y consumir en esas fechas exageradamente más alimentos de lo que se necesita, ¡y peor cuando la gente lo hace en nombre de Cristo, un Cristo que desconoce y además no quiere que reine en su vida! Las carnicerías y pescaderías ganan enormes cantidades durante estas fechas porque la gente suele comprar sin que le importe los precios. La idea parece ser tener unas cenas tan magníficas de nochebuena y nochevieja que serán recordadas el resto del año. Por ejemplo, un trabajador en una pescadería cuenta como ganan miles de euros en cuestión de una mañana y otros tantos por la tarde en esas fechas.
    Pero luego, es de común conocimiento el derroche de esas comidas, pues en muchos lugares se comen un poco de todo, para poder probar de todo lo que hay, y el resto lo tiran a la basura.
    Tales cosas no les corresponden a los cristianos, sino a los paganos. “El fruto del Espíritu es...templanza” (Gálatas 5:22-23), esto es, dominio propio. El creyente debe hacer todo, incluso comer y beber, para la gloria de Dios (1 Co. 10:31).

La Hipocresía
 
   
El surgimiento repentino de muchos saludos amisotos y sonrisas afectando felicidad viene sólo durante esas fechas, cuando en realidad en muchas casas aumentan las tensiones, y la estadística muestra alta incidencia de discusiones, peleas, y suicidios. Lo mejor que el mundo puede ofrecer es una felicidad superficial y pasajera basada en unos días festivos para regalos y comidas en un ambiente cargado con música y luces.
    Quizás lo más ridículo es la gran cantidad de personas que ni siquiera profesan ser cristianas, en todo el mundo, que celebran la fiesta navideña aunque no creen en el Señor Jesucristo, no le aman, no entienden ni les importa Su muerte, ni desean que Él gobierne sus vidas, ni mucho menos que venga a reinar sobre todo el mundo, ni mucho menos sobre su vida personal. Su nombre y nacimiento son pretextos para festejarse egoístamente.

La Razón de la Encarnación
 
   
Muchos no saben por qué Jesucristo vino. La idea no era traer regalos ni comidas ni días de vacaciones. 1 Timoteo 1:15 declara que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. Su venida era una misión divina de rescate. John 3:16-17 declara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.
    La principal razón por la que se encarnó era hacer posible nuestra salvación. Para eso, Dios encarnado fue al Calvario y llevó “nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Setecientos años antes el profeta Isaías habló de la muerte de Cristo por nosotros, y la describió en el capítulo 53 de su libro. Conviene leer ese capítulo para entender el porqué de la venida de Cristo. Ese propósito se expresa en Hebreos 10:5, que habla de Jesucristo: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo”. El versículo 10 indica que el propósito era sacrificarse en la cruz: “...la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. El versículo 12 comenta la eficacia de esa ofrenda: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”.  Es ese sacrificio lo que el Señor nos manda recordar, y nada tiene que ver con lo que el mundo celebra en diciembre y enero. En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribe y manda: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. En la Biblia los creyentes no celebran el nacimiento del Señor, sino Su muerte y resurrección. Las fiestas paganas nada tienen que ver con la fe cristiana.

25 de diciembre, fum fum fum

NAVIDAD
 
El 25 de diciembre es el día señalado en nuestro calendario como el día del nacimiento de Jesucristo, ¿Pero es verdaderamente el día en que nació Jesucristo? ¿Son las costumbres de estas fechas de origen cristiano, o son las navidades el resultado de la unión entre el paganismo y la cristiandad?
    Como hemos de ver, ¡el 25 de diciembre no es la fecha en que Jesucristo nació! Por ejemplo, es evidente que nuestro Salvador no nació durante el invierno, pues cuando Él nació, los pastores velaban sus rebaños en el campo. “Y había pastores en la misma tierra que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado” (S. Lucas 2:8). Como es conocido, los pastores en Israel no hacen esto durante el invierno. Siempre traen sus rebaños de las montañas a los rediles antes del 15 de octubre.
    Con esto está claro que Jesucristo no nació en invierno. Si no nació en diciembre, ¿cómo llegó el 25 de diciembre a ser el día que la cristiandad celebra como el día de Su nacimiento? La historia nos da la respuesta. ¡En vez de ser este día el nacimiento de nuestro Salvador, este era el día en que los paganos, durante muchos siglos, celebraron el nacimiento de su dios solar! Un estudio de esto demuestra cuánto se rebajaron los responsables de la Iglesia Católica Romana en sus esfuerzos por unir el paganismo con el cristianismo, hasta el punto de poner el nacimiento de Jesucristo en una fecha que armonizaba con la celebración pagana del nacimiento del dios sol.
    Amigo, si tú celebras en estos días la Navidad como algo cristiano, ¡estás equivocado! Pero lo peor es que el sentido de la verdadera Navidad tampoco está presente en estos días. Son fechas para la reconciliación momentánea, para organizar la gran comilona familiar. Comer, beber, reír y olvidar son los cuatro verbos presentes, y ¿qué de la verdadera Navidad? ¿Qué de ese Nacimiento que da vida?  El que nació vino para darnos vida, no para darnos una fiesta. Nació para morir, y nos ofrece perdón de pecados y vida eterna a través de Su muerte. Es el mejor regalo. No se caduca nunca, y es gratis. No hay que pagar nada, ni se puede ganar a cambio de obras de piedad o devoción. La gracia de Dios a ti es gratis, pero esto es porque el Señor Jesucristo pagó con Su vida en la cruz. Nació, murió, resucitó, ascendió y vive a la diestra del Padre. Sólo Él puede salvar  perpetuamente a todos los que por Él se acercan a Dios (Hebreos 7:25).
    Tú que celebras en estos días la Navidad
, reflexiona y considera que el nacimiento de Jesucristo fue con el propósito de darte Vida y reconciliarte perpetuamente con Dios. Fue necesario Su nacimiento pero mucho más Su muerte, ya que por ella puedes obtener la salvación eterna.


Asamblea Bíblica
C./Torreblanca, 6, detras de la muralla Macarena
41003 Sevilla, España
Reuniones: domingo: 11:00 y 12:00, jueves 20:00
conócenos en internet:  http://berealibros.wixsite.com/asambleabiblica


Las Armas De Nuestra Milicia



2 Corintios 10:3-4  "Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas"

Sólo con este texto se puede ver claramente que el creyente no tiene por qué involucrarse en cosas como las obras sociales, la psicología o la política. Son armas carnales con las que los del mundo intentan hacer bien y reparar o mejorar al mundo.

William MacDonald comenta:
"Aquí, el pensamiento es que aunque los apóstoles vivían en cuerpos de carne, no batallaban la guerra cristiana según métodos o motivos carnales. Las armas de la milicia cristiana no son carnales. El cristiano, por ejemplo, no emplea espadas, cañones ni la estrategia de la guerra moderna para extender el evangelio cristiano de un cabo a otro de la tierra. Pero ésas no son las únicas armas carnales a las que se refiere el apóstol. El cristiano no hace uso de la riqueza, de la gloria, del poder, de la elocuencia ni de la astucia para conseguir sus propósitos".
"Más bien, utiliza maneras de actuar poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. La fe en el Dios viviente, la oración y la obediencia a la Palabra de Dios son las más eficaces armas de todo verdadero soldado de Jesucristo. Es por ellas que se asaltan las fortalezas".

¿Cuándo Está Bien Deshonrar A Los Padres Piadosos?


¿Qué dice la sabiduría del mundo?
· Cuando tengas 18 (o 21) años de edad, eres adulto y puedes hacer lo que quieres. Tus padres no tienen voz ni voto en tu vida.
 
· Es tu vida, y estás libre a vivir como quieras, sin interferencias. Líbrate de tus padres, pues no eres un niño.
 
· Si estás casado, tus padres no pintan nada y ni siquiera deberían darte consejo a menos que lo pidas, porque eres adulto y puedes pensar y actuar por tí mismo. Estás libre de ellos.
 
· Eres un adulto. ¿Por qué te importa lo que piensan tus padres? Vive tu vida, y ellos tendrán que acostumbrarse a la realidad de que no los necesitas.

· Lo más importante es que seas feliz, no que agrades a otros, ni que sigas normas impuestas por otros.


PERO, ¿Qué dice la Escritura?
Proverbios 1:8
“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre”.    
Proverbios 6:20-21
“Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre;  Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello”. 

Proverbios 20:20
“Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa”.

Proverbios 23:22-25
“Oye a tu padre,a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies. Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia. Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrense tu padre y tu madre, gócese la que te dio a luz”.                                           
Proverbios 30:11, 17
“Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice”.
“El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila”. 

miércoles, 20 de diciembre de 2017

¿Mérito o gracia?

Romans 4:2-5  
"Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.  Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;  mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia".

El Ateismo

Salmo 14:1 
 "Dice el necio en su corazón: No hay Dios"

Romanos 1:21-22
"Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.  Profesando ser sabios, se hicieron necios" 

 

sábado, 16 de diciembre de 2017

14 Frases selectas de A. W. Tozer




1. Ningún hombre se ha arrepentido verdaderamente hasta que su pecado lo ha herido cerca de la muerte, hasta que la herida lo ha quebrado y derrotado y ha tomado toda la lucha y la confianza en sí mismo, y él se ve a sí mismo como alguien que clavó a su Salvador en el madero…No hay nada como una herida que quite la confianza en nosotros mismos, que nos reduzca a la infancia de nuevo y nos haga pequeños e indefensos a nuestra vista…Todos los grandes cristianos han sido almas heridas.

2. “Lamentablemente ha surgido una nueva generación de creyentes que piensan que es posible estar en Cristo sin abandonar el Mundo”

3. Yo no predico ninguna nueva verdad. No tengo ninguna nueva doctrina …. Debemos tener un avivamiento que significa la pureza de corazón como un estándar normal para todos. Tenemos que ser gente limpia, y no estar limpiando la parte externa

4. “Qué cosa más terrible es la idea actual de que los cristianos pueden servir a Dios a su manera”. A.W Tozer

5. “Es dudoso que Dios bendiga grandemente a un hombre, si antes no lo ha herido profundamente”.

6. “El propósito de nuestras buenas obras no es para cambiarnos o salvarnos; es la prueba del cambio dentro de nosotros”.

7. “Usted puede ser teológicamente tan recto como un cañón de escopeta, pero estar espiritualmente tan vacío como él”. 

8. La iglesia debe de buscar en oración y mucha humildad el regreso de hombres hechos de lo que los profetas y mártires fueron hechos.

9. “Estar bien con Dios a menudo ha significado estar en problemas con los hombres”.

10. “Un verdadero adorador lo es en todo momento y en todo lugar, con su corazón, mente y voluntad, no sólo cuando entona un himno”.

11. Es necesario, que nuestro Padre Celestial, quien vela por nosotros con todo cuidado, nos prive de Sus consuelos internos y retire nuestra comodidad a veces para enseñarnos que solo Cristo es la Roca sobre la cual deberíamos descansar y depositar nuestra confianza eterna.

12. “No somos diplomáticos, sino profetas, y nuestro mensaje no es un arreglo al que llegamos, sino un ultimátum.

13. La iglesia evangélica moderna se ha rendido al mundo, lo excusa, lo explica, lo adopta y lo imita. Cada vez son más los predicadores jóvenes que imitan a los hombres de este mundo con un grado muy superior de esfuerzo que el que aplican a imitar a los santos de Dios. No les interesan los hombres santos, ni tampoco imitarles, sino que se vuelcan en imitar al mundo y aceptarlo por entero.

14. “'Santos' que no son santos; esa es la tragedia del cristianismo de hoy

tomado del blog:  http://alianjesus.cubava.cu/2016/02/16/15-frases-selectas-a-w-tozer/

lunes, 11 de diciembre de 2017

Tacañaría y Codicia



Estas dos palabras están vinculadas porque son opuestas. Ser codicioso es tener o mostrar un deseo intenso y egoísta por algo. Ser tacaño es la indisposición de dar algo que se tiene. Las dos veces que la palabra ‘codicia’ se usa en el Nuevo Testamento tiene que ver con el dinero. Pablo le dijo a Timoteo que un hombre culpable de ser “codicioso de ganancias deshonestas” no está calificado para ser anciano o diácono entre el pueblo de Dios (1 Ti. 3.3, 8; Tit. 1.8). Sin embargo, la codicia y la tacañería van más allá del dinero, e incluyen todo lo material.
    No nos sorprende que de las 19 características que marcan a los hombres en los últimos días (2 Ti. 3) la expresión “amadores de sí mismos” encabece la lista. La frase es una sola palabra en el griego (philautos), y significa “egoísta”. La segunda característica, la "avaricia", significa “amador del dinero” (philarguros). William MacDonald comenta que “el apóstol ofrece ahora a Timoteo una descripción de las condiciones que existirán en el mundo antes de la venida del Señor. Se ha observado a menudo que la lista de pecados que sigue es muy similar a la descripción de los impíos paganos en Romanos 1. Lo destacable es que las mismas condiciones que existen entre los paganos en su estado salvaje e incivilizado son las que caracterizarán a los profesos creyentes en los últimos días.
     ¡Qué solemne pensar en esto! Tal vez lo que nos debería preocupar es que estos temas se estén tocando en una revista dirigida principalmente a lectores cristianos. ¿Hay evidencia de que estas cosas predominen entre nosotros? Con frecuencia cometemos el error de juzgar lo que es pecado comparando nuestra actitud y acciones con las de los impíos, o incluso con las de los que profesan ser creyentes.
     Mientras no vivamos al mismo nivel de exceso que ellos nuestra
consciencia está tranquila. ¿No es nuestro estándar la Palabra de Dios, y nuestro ejemplo el Señor Jesucristo? ¿Nos habremos acostumbrado a la mentalidad de la cultura occidental, que hay los que sí tienen y los que no tienen? Aunque el Señor dijo que los pobres siempre estarían con nosotros (Mt. 26.11), también enseñó que “al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses”, Mateo 5.42.
     A veces, para entender algo es útil observar lo opuesto. El Señor Jesús, en Lucas 21, les enseñó a sus seguidores una lección sobre cómo dar. Mientras observaba a los ricos echando sus donativos en el arca de las ofrendas, también vio a una viuda que echó dos blancas. Y dijo: “En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos, porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía”, Lc. 21.3-4.
     En otra ocasión el apóstol Pablo les escribió a los creyentes en Corinto y les habló de las iglesias de Macedonia, que “en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas”, (2 Co. 8.2-3). Estos creyentes entendían el principio de dar, sabiendo que si daban todo, Dios en su gracia supliría lo necesario para sus necesidades. Fíjese cómo termina: “Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios”, (2 Co. 8.5). Esta enseñanza de sacrificio propio se veía desde los primeros días de la iglesia.  Lucas destaca: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común... Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”, (Hch. 4.32, 34-35). Fíjese que no fue una repartición arbitraria ni igualitaria de todas las posesiones, sino según la necesidad. “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Jn. 3.17).
     El principio de dar va incluso más allá del dinero y los bienes materiales. Hay una palabra en la Biblia cuyo significado tenemos que volver a aprender. La palabra es “consagración”. Es el acto de darnos o dedicarnos a nosotros mismos a algo, o a otro. Fíjese en el lenguaje de David en 1 Crónicas 29 al contemplar la posibilidad de edificar una casa para el Señor. “Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios... Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario... ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?... Entonces los jefes de familia, y los príncipes de las tribus de Israel, jefes
de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrecieron voluntariamente”, (1 Cr. 29.1-5). ¿Pudiéramos sugerir que dar de nuestro tiempo es de igual o mayor valor para Dios que aun nuestro dinero y posesiones materiales? Podemos aprender mucho del ejemplo de una generación de creyentes antigua, que tenía un entendimiento diferente de lo que significa ser parte de una asamblea a lo que se ve hoy en día. Congregarse al Nombre del Señor era mucho más que sólo “asistir a veces a la iglesia”. Era su vida. Y de aquellas reuniones emanaba una vitalidad de servicio y sacrificio que solo podía venir de su apreciación de Cristo y del lugar de su Nombre.
     Hagamos caso a las palabras del Señor Jesús en Mateo 6.19-21, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.
por Jack Coleman, Hatboro, EE.UU
este artículo viene del "Mensajero Mexicano", nº 103,


jueves, 23 de noviembre de 2017

¿Deben los cristianos meterse en la política y el gobierno de países?

“Para Dios, un anciano en una asamblea significa más que el gobernante de una nación”.
“La iglesia local es más importante para Dios y Su pueblo que el imperio más grande del mundo”.

William MacDonald 


 Es típico entre los seres humanos que alguien decide lo que quiere hacer, y luego busca cómo justificarlo. Pero es triste cuando los que proceden así son creyentes.
     Para los que quieren justificar su participación en la política, una táctica común es el uso de ese refrán de Edmund Burke, escritor, filósofo y político, considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Este dicho suena lógico y deja a algunos buscando una respuesta adecuada, pero no al hermano William MacDonald, que escribió:

        “Los que dicen “sí” a la política invariablemente citan el aforismo familiar: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Si eso no les gana el argumento, entonces citan a José, Moisés y Daniel como ejemplos de creyentes que estaban metidos en el sistema político.
        Aunque suena convencedor el maxim, debemos recordar que es un dicho de sabiduría humana, no revelación divina. No debemos otorgarlo la autoridad de las Escrituras. Y respecto a José y Daniel, nunca se presentaron como candidatos para una elección, sino sirvieron, como cautivos, como empleados del gobierno. Moisés fue más un tábano al gobierno que parte de él.
 
        La Respuesta Bíblica
  
        Si vamos a la Palabra buscando respuesta, ¿qué hallamos? El Señor Jesús no se involucró en la política. Realmente se encontró en relación adversa al sistema. Sus discípulos tampoco se metieron en la política. ¿Perdieron lo mejor que Dios tenía para ellos porque concentraron en el evangelio? El apóstol Pablo no participó en la política. Su fidelidad a su llamamiento y su mensaje le puso en contra de la sociedad farisaíca.
        Jesucristo enseñó que Su reino no es de este mundo (Jn. 18:36). Dijo a sus hermanos incrédulos: “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7). El apóstol Juan nos recuerda que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Y la política es parte del sistema del mundo.
        Tenemos que separarnos del mundo para influirlo (2 Co. 6:17). Arquimedes dijo que podría mover el mundo si consiguiera un fulcro fuera del mundo. Debemos colocarnos fuera del sistema del mundo si queremos moverlo para Dios.
        Pablo insistió que “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4). Todo creyente está o debe estar en servicio activo. No debe dejarse distraer ni enredar por las cosas de la vida.
        La política es corrupta. Es un sistema de concesiones y transigencias. Se toman decisiones en base a lo que es expediente, en lugar de lo que es correcto. Se basa en principios humanos, no divinos, y funciona por ellos. El finado senador Vandenburg de Michigan (EE.UU.) dijo: “La política es por naturaleza corrupta. La iglesia no debe olvidar su verdadera misión ni intentar participar en la arena de asuntos humanos donde será un competidor pobre...perderá su pureza de propósito si participa”.


    La Biblia define la responsabilidad cristiana, no la definen los profesores universitarios, los filósofos, los de ciencia política ni la publicidad de una campaña.
 “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Ro. 3:4).
 

jueves, 19 de octubre de 2017

La Rebelión de Uzías: Cuando lo bueno se vuelve malo

2 Crónicas 26:16-18

“...su corazón se enalteció para su ruina;
 porque se rebeló contra Jehová su Dios...”
(v. 16)

Muchos se acuerdan de la rebelión de Coré, pero no tantos recuerdan la rebelión de Uzías. El rey Uzías era uno de los reyes buenos de Judá, e hizo mucho bien. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice: “Mas cuando ya era fuerte...”, vino el problema. Uzías se había hecho fuerte, era un hombre poderoso y que había logrado mucho. Veía que podía hacer todavía más, y quizá confiaba en su riqueza, habilidad y vigor, pero si fue así, en esto se equivocó. Para muchas personas, hombres y mujeres igualmente, la fuerza y riqueza es más una prueba de su carácter que la debilidad.
    Puesto que Uzías era un rey bueno, ¿en qué se rebeló? Otros habían introducido la idolatría, como Jeroboam, y aun Salomón. Aun David se rebeló una vez y cometió adulterio. Otros habían confiado en alianzas inmundas con los enemigos de Israel. Alguno incluso mató a un profeta de Dios. ¿En qué se rebeló Uzías? No fue nada de todo eso. Ni siquiera fue nada que pudiera parecernos tan grave, porque al fin y al cabo, simplemente quería quemar incienso a Jehová, servirle y rendirle culto de esta manera, en adoración. ¿Acaso es esto malo?
    Por supuesto que no. Servir a Dios es bueno. Adorarle es bueno. Pero, como Caín mismo y otros habían tenido que aprender a lo largo de la historia, es Dios y no nosotros quien decide cómo se le debe adorar y servir. Dos hijos de Aarón habían muerto en el tabernáculo al principio de su historia, siendo ellos sacerdotes consagrados, simplemente porque: “tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó” (Lv. 10:1-2). Para Dios, el pecado de Nadab y Abiú fue tan grave como el pecado de Israel con el becerro de oro, y mostró Su disgusto y condenación con un juicio instantáneo.
    Volviendo a lo de Uzías, los sacerdotes de Jehová se pusieron contra él, y le dijeron:

    “no te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios” (2 Cr. 26:18).

    Los ministros de Dios tuvieron que ser valientes, y actuar sin acepción de personas. El rey mandaba en el reino, pero no en el templo, la casa de Dios.  Y cuando los siervos de Dios actuaron con valentía, Dios mostró Su aprobación y juzgó al rey encolerizado.
    Aunque es del Antiguo Testamento y tiene que ver con cosas del primer pacto, recordemos lo que el Nuevo Testamento afirma: “...las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Ro. 15:4). Quemar incienso a Dios es bueno, pero lo bueno se vuelve malo, cuando alguien a quien no le pertenece se empeña en hacerlo. Si una persona intenta entrar en un ministerio o servicio que Dios no tiene designado para ella, por buenos que sean el ministerio y sus intenciones, está cometiendo un pecado. Como lo fue con Uzías, es el pecado de rebelión: “contra Jehová”. Y la rebelión no es un mero acto físico, es una actitud, radica en el corazón: “su corazón se enalteció”. Es decir, Uzías tenía una opinión de sí mismo, su potencia, su habilidad o sus derechos, que era más allá de lo debido, fuera de los límites.
    Vivimos en tiempos cuando el mundo piensa y habla mucho del potencial humano, y de los derechos humanos. Quizás hay muchas maneras de las cuales podríamos aplicar la lección de Uzías, pero invito a cada lector a considerar la siguiente. Entre otras cosas, un gran énfasis está siendo puesto sobre el tema de la mujer, su igualdad con el hombre, su potencia y habilidad, y sus derechos. El movimiento feminista ejerce su influencia en todo el mundo, incluso en las iglesias evangélicas. Es bueno que la mujer no sea tratada como propiedad ni como objeto de placer, por supuesto. Pero el tema que nos preocupa no es el maltrato de la mujer, sino el maltrato que algunas mujeres están dando a la Palabra de Dios y el orden que Él estableció, no los hombres. Las iglesias que no han sido tocadas por los vientos de cambio respecto a la mujer son más bien pocas.   
    Un misionero inglés, procedente de las asambleas pero casado con una mujer  pentecostal, me solía decir: “tenemos que potenciar el ministerio de la mujer”. No se refería al ministerio de la mujer delineado en Proverbios 31, sino más bien a la idea de dejarlas predicar, enseñar en reuniones de mujeres y llevar a cabo el pastoreo femenino en las iglesias. El mundo aplaude esto, porque es la actitud en general hoy – lleva décadas fortaleciendo y potenciando a las mujeres. Pero el protagonismo y los aplausos del mundo deben hacernos parar y pensar, porque es el enemigo de Cristo y de la Palabra de Dios. En nuestros tiempos es común encontrar aún en las congregaciones evangélicas que las mujeres jóvenes estudian carreras universitarias. Los colegios e institutos las mentalizan que eso es lo que deberían hacer. Para ellas lo anormal es que una mujer joven no tenga carrera. Aunque quizás no lo dirían exactamente así, miran con cierto desdén el concepto “anticuado” de quedarse en casa. Afirman que la mujer es capaz de hacer lo mismo que el hombre. En muchas cosas no lo dudamos ni lo discutimos, pero la cuestión no es si puede, sino si debe.
    A muchas mujeres creyentes les está pasando la crisis y prueba de Uzías. Han bebido de las fuentes del mundo, y: “ya son fuertes”. Ven que tienen potencial y habilidad, se han fortalecido y engrandecido. Ya no son las humildes y sencillas mujeres piadosas de antaño cuyo ministerio era ser esposas, madres y amas de casa. Ahora son más intelectualmente desarrolladas (como si trabajar en casa fuera para tontas), y han logrado cierto éxito en sus empresas. Como Uzías, ellas también creen que pueden hacer más, y quizás confían en su habilidad y vigor, pero en esto se equivocan.  Para estas mujeres, la fuerza es más una prueba de su carácter que la debilidad y están cayendo en el mismo pecado, de enaltecerse para su ruina, y rebelarse contra Jehová su Dios. Es una acusación muy grave, ya lo sé, y procuraré explicarme.
    Como Uzías, un número creciente de mujeres evangélicas, que tienen apariencia de piedad, y de quienes se supone que sólo desean glorificar a Dios, se están equivocando respecto al ministerio. Y el problema se hace peor si alguna de ellas es misionera o la mujer del pastor, y usa su posición e influencia para enseñar sus ideas y prácticas a otras, todo con el consentimiento de su marido. Pero recordemos: “Lo ha dicho la misionera” o “...la mujer del pastor”, no es lo mismo que: “lo ha dicho Dios”. En todo el hablar de los derechos de la mujer, se nos están olvidando la Palabra de Dios y los derechos de Dios y Sus prerrogativas divinas. Todavía en el siglo XXI es Dios quien decide cómo se le debe adorar y servir, y Sus decisiones han sido declaradas en Su Palabra, no en congresos ni concilios de evangélicos.
    Pero hoy las personas jóvenes no conocen otra cosa, porque han nacido en un ambiente evangélico ya alejado de la Palabra de Dios, ya contaminado por ideas mundanas. Les parece normal que haya reuniones y estudios de mujeres, retiros para mujeres (y en algunos de ellos la cena del Señor con sólo mujeres, presidida por ellas), conferencias para mujeres, revistas para mujeres con mujeres escritoras y mujeres pastoras. Aunque no sean reconocidas como tales, existen situaciones en las que aparentemente creen que sólo ellas pueden visitar, entender y aconsejar a las mujeres. Eso es una afrenta a la Palabra de Dios y el liderazgo y ministerio de los hermanos varones que Dios, no los hombres, estableció. Las conferencias celebradas son para todos los creyentes, el ministerio de la Palabra en la iglesia es para todos los creyentes, y las revistas hasta hace poco han sido para todos los creyentes. ¿De dónde entonces esta idea de algo: “sólo para nosotras” y “caminemos juntas”? Cierto es que su procedencia no es bíblica, porque no está en la Biblia. No hay ningún libro en la Biblia escrita por una mujer, ni escrita solamente para mujeres.
    En el Nuevo Testamento (espero que al lector le importe) no hay mujeres misioneras, conferenciantes, escritoras, pastoras, etc. Las mujeres piadosas aprendieron en silencio y no enseñaron ni ejercieron liderazgo. La única manera de lograr estas cosas hoy en día es apelando a argumentos culturales (la evolución social: una teoría de Marx, tomada de ideas de Darwin) y en nombre del progreso. Pero las asambleas progresistas carecen de apoyo bíblico, porque el buen camino no está por descubrir en el futuro. Está atrás, en la Palabra de Dios. En Jeremías 6:16, Dios no dice: “adelante”, sino: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él”. Lamentablemente, el pueblo respondió: “No andaremos”. Era un problema de la voluntad, no de falta de información. Dios continuó: “Escuchad al sonido de la trompeta” (alarma), pero el llamado pueblo de Dios dijo: “no escucharemos” (v. 18). Otra vez, es cuestión de la voluntad. ¿No tenemos el mismo problema hoy en día? No nos falta información, sino voluntad para obedecer a Dios. Sería mucho más triste si hoy en día repitiéramos este gran error. Sufriríamos también el disgusto y la desaprobación de Dios. Como la iglesia de Laodicea, el olor del mundo está sobre las iglesias “contemporáneas”, progresistas, manifiestamente mundanas. Su éxito y popularidad temporales no les salvará en el día del juicio. En aquel día la Palabra de Dios será abierta, y dice:

    “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Ti. 2:11-14).

    Hay que afirmar que amamos y estimaos a nuestras hermanas en la fe, pero ni aun así le corresponde a una mujer el liderazgo, ni siquiera de otras mujeres, y con la Biblia NO se puede demostrar lo contrario, porque Dios estableció que lo tuvieran los varones. No se trata de machismo, sino de aceptar el diseño y el plan del Creador y Cabeza de la Iglesia. Porque una escoba no debe usarse para pintar una casa, no quiere decir esto que no sea útil. Es útil en el lugar y trabajo que le corresponde. Y así es con el servicio que cada uno debe rendir al Señor y a Su Iglesia. Respecto a la mujer creyente, las razones dadas por el Espíritu Santo aquí no tienen absolutamente nada que ver con la cultura, sino con los propósitos de Dios en la creación y después de la caída. No se contempla en la Palabra de Dios “directoras” de ministerios, ni pastoras, ni consejeras, ni escritoras, ni nada semejante. Seamos honestos, la Biblia no enseña que las mujeres hagan esto. Al contrario, Dios dice en Su Palabra inspirada e inerrante: “Aprenda en silencio, con toda sujeción”. Queridos hermanos, es inútil defender la Biblia como plena y verbalmente inspirada por Dios e inerrante, y luego claudicar en la práctica sobre lo que Dios ha dicho. Y en algunos casos, es más que un error; es hipocresía.
    Es interesante notar que el mismo pasaje, 1 Timoteo 2:9-15, asocia la piedad de la mujer con su forma de vestir, con su carácter y con su conducta. Y justamente estas cosas son las que muchas veces también les falta a muchas mujeres evangélicas. Han aprendido del mundo cómo vestirse, qué carácter es bueno tener, y cómo conducirse. El bombardeo continuo de los medios de comunicación, la tele, la radio, las revistas, también la educación en escuelas públicas, y la influencia de la sociedad alrededor nuestro han dejado su marca. Es una especie de lavado de cerebro, hecho poco a poco, a lo largo de los años de la juventud y sin ser percibido hasta que su trabajo, como la carcoma, ya está hecho.

    “Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza,; porque lo mismo es que si se hubiese rapado...Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles...Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?” (1 Co. 11:5-13).
           
    Dios estableció el velo como símbolo de autoridad, y por ende, símbolo de la sumisión de la mujer cristiana a esta autoridad. No se puede relegar a los tiempos y la cultura de Corinto, puesto que el versículo 16 habla de: “las iglesias de Dios”.

    “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Co. 14:33-35).

    El apóstol Pablo escribió esto, no por su cuenta, sino bajo la inspiración del Espíritu Santo. Es Palabra de Dios, y por lo tanto, el silencio de la mujer en la congregación, en público, es bíblico y por tanto, correcto. Es doctrina apostólica acerca de la mujer. Y añade: “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Co. 14:37). Entonces, fue Dios, mediante el apóstol, quien hizo de esta doctrina un “test” de servicio a Dios y espiritualidad. Las iglesias que no observan el silencio de la mujer desobedecen la Palabra de Dios. Los que les enseñan a hacerlo, por más letras que tengan detrás de su nombre, no hablan de parte de Dios ni son espirituales, antes al contrario, les falta discernimiento en la Palabra de Dios. Comprendemos que declarar esto es para muchas personas como una provocación, pero tal reacción simplemente indica lo lejos que hemos ido de la Palabra en nuestro desliz. ¡Es hora ya de parar, mirar, preguntar por la senda antigua, y andar en ella! Uzías se rebeló contra la Palabra de Dios; quiso tomar para sí libertades (supuestamente buenas) que Dios no permitía. Fue pecado.
    Otra vez vivimos las circunstancias vergonzosas de la rebelión de Uzías, cuando algo bueno se vuelve malo. Pero esta vez las mujeres son las protagonistas en la rebelión. Es rebelión contra la Palabra de Dios cuando una mujer entra en el pastoreo, cuando deja de aprender en silencio y comienza a dar estudios y enseñar la Palabra de Dios. Cuando una mujer toma el liderazgo en la iglesia, por buenos que sean el ministerio o las intenciones de ellas, es pecado. Se supuso que Uzías quería glorificar a Dios y rendirle culto más de cerca, pero los sacerdotes le mandaron salir del santuario, y le declararon tres cosas:

    1. “no te corresponde a ti”
    2. “has prevaricado”
    3. “no te será para gloria delante de Jehová Dios”

    Esto es lo que debe suceder entre nosotros, queridos hermanos, si vamos a ser un pueblo fiel a Dios y a Su Palabra. ¿Dónde están los varones de Dios, siervos fieles que creen a Su Palabra? Los sacerdotes respetaban al rey, pero no obraron con acepción de personas. Nosotros respetamos y estimamos a las mujeres creyentes, como coherederas de la gracia, claro que sí. No se trata de una lucha contra las mujeres, sino contra la falta de respeto que hemos tenido a la Palabra de Dios. Pero debemos obrar con acepción de personas simplemente porque en este caso son mujeres. No hay que andar de puntillas porque son esposas de ancianos, de misioneros  o mujeres “encomendadas” a algún ministerio eclesial o paraeclesial, sino ponernos contra ellas (no como personas, ni como mujeres coherederas de la gracia, sino en el contexto bajo consideración) y decirles tres cosas: “no os corresponde”, “habéis prevaricado”, y “no os será para gloria delante de Jehová Dios”.  Y al hacerlo, que nadie nos acuse de tener manías a las mujeres, porque no es así. Es cuestión de amar al Señor y Su Palabra tanto, ¡que deseamos fervientemente hacer lo que dice!
    Y en más de un caso, gran parte del problema son los varones. Hemos cedido nuestras responsabilidades y privilegios a las mujeres, a veces por pereza, otras por apatía, a veces por avaricia o amor a los deleites. Nos hemos pegado a la tele, hechos unos adictos al futbol o a las películas, y las mujeres han preferido la Palabra de Dios. O nos hemos sumergido en el trabajo y el negocio, haciendo dinero, subiendo en la carrera, y no hemos tenido tiempo para la Palabra del Señor ni para servirle. No nos pueden preguntar en casa acerca de la Palabra, porque no sabemos, excepto acerca de quién ganó la copa del rey. No nos hemos esforzado para salir a las puertas, para ir a visitar, ni siquiera hemos abierto las nuestras para ejercer hospitalidad. Comprendemos a nuestro perro de caza o nuestro Mercedes más que a las personas, así que, ¿cómo vamos a aconsejar y pastorear? Todo esto es verdad, y de ello tenemos que arrepentirnos, pero aunque esto es así, los hombres no tienen toda la culpa en exclusiva.
    La otra cara de la moneda acerca de los hombres es que algunos son pusilánimes. Aun el gran Acab escuchó la voz de su mujer, Jezabel. Dios acusó a Adán de haber escuchado la voz de su mujer al sumergir la raza en el pecado. Abraham escuchó la voz de Sara respecto a un hijo, y el resultado fue Ismael y siglos de problemas. Hay hombres que en la calle son leones, pero en casa, gatitos domesticados. En el púlpito son grandes oradores, pero en casa son mandados. Y en algunos casos los propios maridos temen  pararle los pies a su mujer, y si no pueden con ella, ¿qué van a hacer en la iglesia? Quizá saben que como Uzías, ellas se llenarán de ira y habrá una escena desagradable. Puede que algunas manden en privado, en su matrimonio y familia, aunque no deberían, pero no podemos callarnos cuando como Uzías, ellas llenan sus manos con incienso y desean entrar en un ministerio que Dios les tiene prohibido. Quizá se enojarán, pero ¿cuál es la procedencia de semejante ira, sino el alto concepto que algunas tienen de sí mismas? Quizá se creen “maestras” y “líderes”. Si han bebido de las fuentes del mundo, están en cierto sentido borrachas de ideas mundanas en cuanto a su importancia y potencial. Así que, debido al mucho tiempo en que los varones han ido cediendo el terreno, dejando a las mujeres “desarrollar” su ministerio fuera de casa más y más,  ahora no será fácil la reconquista de lo perdido por falta de valentía o por falta de convicción.
    Es válido hasta cierto punto el temor de que si nos oponemos a ellas, habrá contienda, división y pérdida. A lo mejor no reaccionan ellas así públicamente, pero sus maridos y otros hombres controlados por ellas, sí, levantarán oposición abierta. La dinámica de esta situación ha sido descrita por el dicho: “En casa ella le escribe las partituras, y el público él canta”. Pero quien escribe las únicas “partituras” que valen para la iglesia, la familia y la vida cristiana, es Dios. Así que, hay que decidir, como los sacerdotes en el tiempo de Uzías, qué es realmente importante.
    Siempre vale más ser fiel a Dios y Su Palabra que quedar bien con los hombres, o en este caso, con las mujeres que desean el protagonismo en las asambleas. La Palabra de Dios no ha cambiado, y en ella no hay precepto ni ejemplo de lo que hoy en día  las mujeres evangélicas hacen y quieren hacer. Pero en las asambleas padecemos de una crisis de convicciones bíblicas y de liderazgo espiritual.
    Es mi convicción que debemos arrepentirnos humildemente, y confesar nuestro pecado, no tratando de excusarlo o minimizarlo, y volver a dirigir las congregaciones (y nuestros matrimonios y familias) por la Palabra de Dios. No es cuestión de simplemente hacer declaraciones, sino de hacer cambios, de ordenar nuestras vidas y prioridades para que los varones sean en verdad los líderes, guías y maestros espirituales que toda la iglesia necesita.
    Toda retórica acerca de derechos, habilidad o potencial de la mujer es vana, porque no se trata de esto. Se trata de que Dios ha hablado y nos ha dicho cómo proceder. Entonces, sobran todas nuestras ideas acerca de cómo mejorarlo. Dios ha hablado en Su Palabra, la Biblia. ¡Este librito no es la Biblia! Todo lo que cita de la Biblia debe ser leído y escudriñado como hicieron los de Berea. ¿No sería triste si Dios estuviera tratando de decirnos algo y no le dejábamos?
    Todos los creyentes, varones y mujeres, somos miembros de la familia de Dios sólo por Su gracia. Somos coherederos y copartícipes de la misma gracia (1 P. 3:7). Pero recordemos esto, habilidad y oportunidad no son lo mismo que responsibilidad. En la casa de Dios no todos tenemos la misma responsabilidad y función. Hermanos, hermanas, no repitamos el error de Uzías. Nuestras amadas hermanas no deben desear entrar en el ministerio que el Señor designó para los varones, y los hermanos no deben ser pusilánimes ni cobardes ni permisivos respecto a las intrusiones femeninas. No se nos envanezca el corazón más para nuestra ruina, y no nos rebelemos contra lo que Dios ha escrito. Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.
Carlos Tomás Knott

miércoles, 18 de octubre de 2017

Cristianos Sin Propósitos

     En Rut 1:1 Elimelec respondió a las circunstancias difíciles abandonando la tierra que Dios le había dado, y yendo a la tierra pagana de Moab, sólo porque ahí estaría más cómodo. Su decisión y hecho ilustran a las personas que no viven por fe. Su vida es una serie de reacciones cómodas y tal vez "lógicas" o convenientes a sus circunstancias, pero carecen de la guía del Señor.

     En su libro Fe Auténtica A. W. Tozer escribió:
De la misma manera que un bebé no tiene propósito, veo que el cristiano inmaduro tampoco lo tiene. Vive para la siguiente lección. Quiere saber dónde estará el buen predicador, y va a escucharle. Quiere enterarse de dónde cantará ese coro tan estupendo, y va, se sienta y  halaga su inmadurez escuchando a los mejores cantantes que encuentre. O bien quiere saber dónde se reúne el mayor número de personas y la multitud le carga las baterías. Aquí no hay propósito alguno; nunca entró y cayó de rodillas para decir: 'Dios, ¿para qué he nacido y por qué he sido redimido? ¿Qué sentido tiene todo?' Su vida carece totalmente de propósito."

    Dios podía haber guiado y bendecido a Elimelec como seguramente quería hacer.  Salmo 25:12-13 declara; "¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar". Pero Elimelec no se dejó enseñar y en lugar de bendición halló muerte. Muchos todavía tienen que aprender como élo, por la dura experiencia de pérdidas y lágrimas, la verdad de Jeremías 10:23 dice: "Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos". Hermanos, Santiago 1:5 todavía está en el Libro. "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios". Pero no le vemos a Elimelec orando y pidiendo el consejo y la guía de Dios. Santiago 4:15 nos enseña cómo debemos proceder: "...deberíais decir, si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello".

sábado, 23 de septiembre de 2017

EL MENSAJE DEL REINO DE LOS CIELOS

 
“Es absoluto en sus demandas. Requiere obediencia ilimitada. Otorga y demanda; es a la vez un regalo y una responsibilidad. Jamás ha habido reino que presente demandas autoritarias como el reino de Cristo y de Dios. La autoridad y la obediencia, el liderar y el seguir, el mandamiento y la sujeción, así es el orden. Es un Rey totalitario en el reino y en la iglesia. Toda doblez de corazón y toda tibieza son abominación al Rey. A Él le pertenece todo el ser humano: espíritu, alma y cuerpo, en todas las relaciones celestiales y terrenales. Renunciar todo, tomar la cruz, seguir y amar a Jesucristo antes que lo más precioso de este mundo, servirle sólo a Él, aborrecerse a uno mismo, perder su vida para ganarla eternamente: así es la mentalidad que el Rey demanda”.


Erich Sauer: El Triunfo del Crucificado

jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Gustos, Opiniones o Escritura?

Un jóven adulto inconverso al que testifico, me dijo después de hacerse un “piercing” y un gran tatuaje: “Sé que no te gustan estas cosas”, dando por finalizada la conversación sin que yo participara. Como se suele decir: “para gustos, colores” o “sobre los gustos no hay nada escrito”.  Pero no es cuestión de gustos, así que le respondí: “No importa si me gusta. Lo importante es lo que dice Dios”. En Levítico 19:28 Dios manda: “...ni imprimiréis en vosotros señal alguna”. El asunto es, que a Dios no le gusta, y Él lo prohibe. Cuando Dios ha hablado, no importan los gustos ni la moda.
    Otra persona, creyente, me dijo: “Quiero saber tu opinión sobre la política”. Pero ¿qué importa mi opinión? Otra vez, como con el inconverso, lo importante es lo que dice Dios. Si bien la palabra “política” no aparece en la Biblia, hay preceptos divinos que gobiernan. Por ejemplo: “Mi reino no es de este mundo” (Jn. 18:36). “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6:33). “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros...” (Mr. 10:42-43). “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida” (2 Ti. 2:4). Sólo es una pequeña selección de textos bíblicos pertinentes y capaces de guiarnos si queremos salir del campo de las opiniones a la verdad de Dios.
    Otro creyente pregunto: “¿Qué opinas de la participación vocal de las mujeres en las reuniones?” Mi respuesta siempre es: “¿Qué importa lo que opino yo?” ¿No es mejor saber lo que Dios enseña y manda en Su Palabra? No es cuestión de votación – ¿cuántos a favor y cuántos en contra? Ni importa más la opinión del rico que el pobre. “¿Qué dice la Escritura?” es la orientación correcta. Dios habla claramente: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Co. 14:34-35). No es una opinión o punto de vista, sino un mandamiento. Hermanos y amigos, Santiago 1:5 NO dice que si a alguien le falta sabiduría, pregunte a los demás,  si les gusta o no, o compare las opiniones de varias personas. “Pídala a Dios” es el consejo. Y Dios nos habla en Su Palabra.
    Pero la gente suele hablar así, quizás para hacer un sondeo amistoso con varias personas y luego escoger lo que le parece, evitando la cuestión de la Palabra y los mandamientos de Dios. Quiere tratar los temas como si fuesen cuestiones de gustos u opiniones, porque así no hay nada que obedecer. Todo es sujetivo y cada uno puede hacer lo que le parece – como en los días de los jueces. “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jue. 17:6). Es una descripción acertada de nuestros tiempos.
    Pero Dios ha hablado, y nos ha dejado un Libro compuesto de 66 libros, donde ampliamente expresa Su voluntad para nosotros acerca de todos los áreas de la vida. Es asombrosa la cantidad de consejos prácticos que contiene solo el libro de Proverbios. Y si leemos las epístolas vemos también gran cantidad de consejos para nuestra vida. ¿Hasta qué punto quiere Dios dirigir nuestras vidas? “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31).
    Así que, en lugar de hacer sondeo de opiniones y gustos, sería mejor pedir un consejo bíblico, algo así: “¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de tal cosa?” Debemos vivir para agradar a Dios en todo, y para hacer eso, toda parte de nuestra vida debe ser guiada por él.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Ley Mordaza? -- La Vuelta A La Inquisición






La mordaza fue empleada en la Inquisición para prevenir que hablasen los herejes, para que nadie escuchara sus protestas o sus doctrinas. Lo que parece absurdo es que en pleno siglo XXI haya quienes quieren volver a esa intolerancia y ese anticuado e inhumano método de "proteger" sus ideas. Me refiero a la propuesta ley mordaza LGBT, que si se hace ley, hará culpable las autoridades de prevaricación:
"delito que consiste en que una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta y contraria a la ley"

La ley que proponen es injusta. Es contraria a la ley de la libertad de expresión. Y sobre todo, es contraria a la ley de Dios. Los cristianos somos mandados por Dios a predicar el evangelio, y proclamar toda la Palabra de Dios, y esto incluye las partes que denuncian el pecado -- toda clase de pecado -- no sólo homicidios, robos, estafa y fraude, sino toda clase de inmoralidad: fornicación, adulterio y prácticas homosexuales y lesbianas. No es justo que intentan prohibir que los cristianos obedezcamos a Dios y hablemos lo que Dios manda. Incluso debemos llamar a los LGBT y todo otro pecador al arrepentimiento y la fe en Jesucristo, porque si no se arrpientan, la Palabra de Dios declara que irán al castigo eterno. 

Cuando las autoridades judías intentaron aplicar algo como ley mordaza a los primeros cristianos, los apóstoles Pedro y Juan respondieron: "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios" (Hechos de los Apóstoles, 4:19). Siguieron predicando el evangelio, y fueron otra vez detenidos y amonestados por las autoridades: "No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre?" (Hechos de los Apóstoles, 5:28). ¿Cuál fue su respuesta? La misma que nosotros los cristianos tendremos que dar: "Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos de los Apóstoles, 5:29).

Pero estemos claros, que nadie nos acuse a los cristianos de odiar a las personas. No es así. Ni usamos de violencia ni deseamos el mal de nadie. Ellos no pueden decir lo mismo. Lo que aborrecemos y denunciamos es el pecado como Dios expone y manda:

      "Los que amáis a Jehová, aborreced el mal" 
            (Salmo 97:10).
      "Aborreced el mal, y amad el bien" 
             (Libro del profeta Amós, 5:15)
     "Aborreced lo malo, seguid lo bueno" 
            (Epístola a los Romanos, 12:9)
     "el discernimiento del bien y del mal" 
           (Epístola a los Hebreos, 5:14)

Y el bien y el mal son establecidos por Dios, en la Biblia, no por los hombres en Madrid, Roma, Washington ni ningún otro lugar. ¿Qué eso no les guste a los de otro pensar? ¡Ya lo sabemos, porque ellos continuamente aprovechan todos los medios públicos y privados para hablar contra el cristianismo y critican la Biblia y a los cristianos! Cuando blasfeman usan el nombre de Dios, Cristo y cosas asociadas con el cristianismo. Pero no proponemos leyes humanas de mordaza. Predicamos la Palabra de Dios, pese al disgusto de ellos. ¡No sean llorones! ¿Tienen derecho a hablar ellos? ¡Nosotros también! ¿Tienen derecho ellos a sus creencias y prácticas? ¡Nosotros también! No intenten poner mordaza a los que enseñan lo contrario de ellos, pues es buscar la mordaza de la inquisición, y volverse al oscurantismo de la edad media.

Nosotros no inventamos el mensaje de la Biblia. ¡Viene de Dios! El apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, nos informa que Dios "condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente".  Dios condenó "la nefanda conducta de los malvados" (2ª Epístola del apóstol Pedro, 2:6-7).

¿Qué quieren? ¿Volver a poner la Biblia en el "Índice de libros prohibidos" como la Iglesia Católica hizo durante la inquisición? ¿Quieren quemar todas las Biblias? Los nazis en Alemania y los comunistas en la Unión Soviética también quemaron libros. Piénsenlo bien. ¡Porque es la Biblia, Palabra de Dios, la que condena como pecado esas cosas que ellos con su ley mordaza quieren proteger. ¡Tendrán que quemar todas las Biblias y encarcelar o acabar con todos los cristianos! Mira si son hipócritas, porque critican a régimenes como en Corea del Norte por hacer cosas así.

Dios aborrece el pecado, pero ama a los pecadores (Evangelio según Juan, 3:16), y por eso envió a Su Hijo Jesucristo, para proveer mediante Su sacrificio el perdón de pecados y la vida eterna a todo aquel que se arrepintiera y creyera en Él como su Señor y Salvador. Lean bien como nuestro Dios es "rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Epístola a los Romanos, 10:12-13). Pero recuerden, Dios ama la justicia y aborrece la maldad (Salmo 45:7). "No tendrá por inocente al culpable" (Libro del profeta Nahum, 1:3).

"Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso" (Epístola a los Romanos, 3:4).

todas las citas bíblicas son de la versión Reina-Valera, revision de 1960
 

martes, 19 de septiembre de 2017

¿QUIERES MÁS?



El predicador puritano Jeremiah Burroughs (1599-1646) dijo que el contentamiento es "la joya rara". William MacDonald, autor de El Verdadero Discipulado, escribió en otro libro suyo, De Día En Día (CLIE), lo siguiente sobre el contentamiento.

“Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8).

    Pocos cristianos toman estas palabras seriamente, sin embargo, éstas son tan verdaderamente Palabra de Dios como Juan 3:16. Nos dicen que debemos estar satisfechos teniendo sustento y abrigo. La palabra “abrigo” incluye un techo sobre nuestras cabezas así como las ropas que vestimos. En otras palabras, debemos estar contentos con lo mínimo esencial y poner todo lo demás que está por encima de eso para la obra del Señor.
    El hombre que tiene contentamiento tiene algo que el dinero no puede comprar. E. Stanley Jones decía: “Todas las cosas pertenecen al hombre que no desea nada. Al no tener nada, posee todas las cosas en la vida, incluyendo la vida misma... Es rico en la escasez de su indigencia y no en la abundancia de sus posesiones”.
    Hace años cuando Rudyard Kipling habló a una clase de graduados en la Universidad McGill, advirtió a los estudiantes para que no le dieran mucho valor a la riqueza material. Dijo: “Algún día se encontrarán con un hombre a quien no le importa ninguna de estas cosas, y entonces se darán cuenta de cuán pobres son ustedes”.
    “El cristiano más feliz sobre la tierra es el que tiene pocas necesidades. Si un hombre tiene a Cristo en su corazón, el cielo ante sus ojos y solamente las bendiciones temporales estrictamente necesarias para llevarle sin problema por la vida, entonces el dolor y la tristeza tienen poco que hacer; este hombre tiene poco que perder” (William C. Burns).
    Este espíritu de contentamiento parece haber caracterizado a muchos de los gigantes de Dios. David Livingstone decía: “He determinado a no considerar mío nada de lo que poseo excepto en relación al Reino de Dios”. Watchman Nee escribió: “No deseo nada para mí mismo; deseo todo para el Señor”. Y Hudson Taylor decía que disfrutaba: “el lujo de tener pocas cosas por las que preocuparse”.
     Para algunos, la idea de contentamiento significa falta de empuje y ambición. Describen a la persona satisfecha como un zángano o un aprovechado. Pero ése no es el contentamiento cristiano. Éste tiene abundancia de empuje y ambición, pero está dirigido hacia lo espiritual, no a lo material. En vez de vivir de gorra, el cristiano trabaja para poder dar a aquellos que están en necesidad. En las palabras de Jim Elliot, la persona satisfecha es aquella que: “ha aflojado la tensión de la mano agarrada”.
(lectura del 16 de agosto)

 




LA AVARICIA

escribe William MacDonald

“Mirad y guardaos de toda avaricia” (Lucas 12:15).

     La avaricia es el deseo excesivo por la riqueza o las posesiones. Es una manía que atenaza a la gente, causándoles desear más y más. Es una fiebre que les lleva a anhelar cosas que en realidad no necesitan.
     Vemos la avaricia en el hombre de negocios que nunca está satisfecho, que dice que se detendrá cuando haya acumulado una cierta cantidad, pero cuando ese tiempo llega, está ávido de más.
    La vemos en el ama de casa cuya vida es una interminable parranda de compras. Amontona toneladas de cosas diversas hasta que su desván, garaje y despensa se hinchan con el botín.
    La notamos en la tradición de los regalos de navidad y cumpleaños. Jóvenes y viejos igualmente juzgan el éxito de la ocasión por la cantidad de artículos que son capaces de acumular.
    La palpamos en la disposición de una herencia. Cuando alguien muere, sus parientes y amigos derraman unas lágrimas fingidas, para luego descender como lobos a dividir la presa, a menudo comenzando una guerra civil en el proceso.
    La avaricia es idolatría (Ef. 5:5; Col. 3:5). La avaricia coloca la propia voluntad en el lugar de la voluntad de Dios. Expresa insatisfacción con lo que Dios ha dado y está determinada a conseguir más, sin importar cuál pueda ser el coste.
    La avaricia es una mentira, que crea la impresión de que la felicidad se encuentra en la posesión de cosas materiales. Se cuenta la historia de un hombre que podía tener todo lo que quería con simplemente desearlo. Quería una mansión, sirvientes, un Mercedes, un yate y ¡presto! estaban allí instantáneamente. Al principio esto era estimulante, pero una vez que comenzó a quedarse sin nuevas ideas, se volvió insatisfecho. Finalmente dijo: “Deseo salir de aquí. Deseo crear algo, sufrir algo. Preferiría estar en el infierno que aquí”. El sirviente contestó: “¿Dónde crees que estás?”
      La avaricia tienta a la gente al riesgo, a la estafa y a pecar para conseguir lo que se desea.
    La avaricia hace incompetente a un hombre para el liderazgo en la iglesia (1 Ti. 3:3). Ronald Sider pregunta: “¿No sería más bíblico aplicar la disciplina eclesial a aquellos cuya codicia voraz les ha llevado al “éxito financiero” en vez de elegirles como parte del consejo de ancianos?”
    Cuando la codicia lleva a los desfalcos, la extorsión u otros escándalos públicos, exige la excomunión (1 Co. 5:11). Y si la avaricia no es confesada y abandonada, lleva a la exclusión del Reino de Dios (1 Co. 6:10).

del libro DE DÍA EN DÍA, lectura para 15 de agosto, Editorial CLIE