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miércoles, 17 de febrero de 2021

LA TIRANÍA DE LO URGENTE

Charles E. Hummel



    ¿Alguna vez has deseado un día de treinta horas? Seguramente este tiempo extra aliviaría la tremenda presión bajo la cual vivimos. Nuestras vidas dejan un rastro de tareas no acabadas. Cartas sin contestar, amigos sin visitar, artículos sin escribir y libros sin leer nos acechan en esos momentos de calma cuando nos detenemos a reflexionar. Desesperadamente necesitamos alivio.
    Pero, ¿resolvería realmente el problema un día de treinta horas? ¿No nos sentiríamos igual de frustrados que ahora con las veinticuatro horas de que disponemos?  El trabajo de una madre no termina nunca. Ni el de cualquier estudiante, profesor, ministro u otros que conozcamos. El transcurso  del tiempo tampoco os traerá una solución. Los niños, al crecer en número y edad, requieren más de nuestro tiempo. Una mayor experiencia en la profesión y en la iglesia lleva consigo la asignación de mayores responsabilidades. Encontramos así que estamos trabajando más y gozando menos.

    ¿REVOLTIJO DE PRIORIDADES?

    Al detenernos para reflexionar, nos damos cuenta de que nuestro dilema radica en algo más profundo que la falta de tiempo. Se trata básicamente de un problema de prioridades. Trabajar mucho no hace daño. Todos sabemos lo que es trabajar a toda prisa durante horas y horas, completamente absorbidos por una sensación de éxito y satisfacción. No es el trabajar mucho lo que nos oprime. En cambio sí nos oprime el espíritu de ansiedad que hace presa en nosotros cuando, recelosos, contemplamos un sinfín de tareas sin terminar a lo largo de un mes o de un año. Intranquilos, empezamos a sospechar que quizá hemos dejado de hacer lo importante. Las exigencias de otras personas –cual vientos–  nos han precipitado contra un escollo de frustración. Aun al margen de la cuestión de nuestros pecados, confesamos que hemos dejado sin hacer lo que debíamos haber hecho; y hemos hecho aquello que no debíamos.
    Hace algunos años el experimentado director de una industria algodonera me dijo: "Su peligro más grande está en permitir que las cosas urgentes marginen a las importantes". Aquel hombre no se daba cuenta del tremendo impacto que causó en mí esta máxima suya. A menudo me persigue y me reprocha de nuevo porque suscita el problema crítico de las prioridades.
    Vivimos en permanente tensión entre lo urgente y lo importante. El problema consiste en que las tareas importantes rara vez deben ser hoy mismo, o incluso esta misma semana. El dedicar más tiempo a la oración y estudio de la Biblia, visitar al amigo no creyente, el estudio detallado de un libro importante son proyectos que pueden esperar. Pero las tareas urgentes demandan acción instantánea y sin tregua. Apremian a todas las horas de cada día.
    El hogar del hombre de hoy ya no es el castillo donde refugiarse. Ya no es un lugar a cubierto del ataque de los asuntos urgentes, porque el teléfono atraviesa los muros con imperiosas demandas. El momentáneo atractivo de estas tareas parece irresistible e importante. Y absorben nuestras energías. Pero a la luz que proporciona la perspectiva del tiempo su alto relieve resulta decepcionante y pierde rigor. Con sensación de pérdida recordamos entonces los asuntos importantes marginados. Nos damos cuenta de que hemos sido esclavizados por la tiranía de lo urgente.

    ¿ES POSIBLE EVADIRSE?

    ¿Hay posibilidad de huir de esta clase de vida?  Tenemos la respuesta en la vida de Nuestro Señor. La noche anterior a su muerte, Jesús hizo una declaración extraordinaria. En la gran oración de Juan 17 dijo: "He acabado la obra que me diste que hiciese" (v. 4).

    ¿Cómo podía Jesucristo utilizar el término "acabado"?  Sus tres años de ministerio parecían un tiempo demasiado corto. Una prostituta en el banquete de Simón había encontrado perdón y nueva vida,  pero muchas otras todavía recorrían las calles sin perdón y nueva vida. Por cada diez músculos paralizados que habían recibido la flexibilidad de la salud, cien permanecían impotentes. Sin embargo, en esa última noche, con muchas tareas útiles sin terminar y urgentes necesidades humanas insatisfechas, el Señor tenía paz. Sabía que había terminado la obra de Dios.
    Los relatos evangélicos dan a entender que Jesús trabajaba duro. Tras la descripción de un día lleno de actividad, Marcos escribe: "Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios" (1:32-34).
    En otra ocasión, las demandas de los enfermos e imposibilitados fueron causa de que omitiese la cena y trabajase hasta tan tarde que sus discípulos pensaron que estaba fuera de sí (Mr. 3:21). Un día, después de una extenuante sesión de enseñanza, Jesús y sus discípulos subieron a un barco. Hasta una tormenta fue incapaz de despertarle (Mt. 4:37). ¡Qué cuadro de extenuación!
    Con todo, su vida jamás se caracterizó por un ritmo febril. Él tenía tiempo para atender a la gente. Pasaría horas hablando con una persona, tal como hizo con la mujer samaritana junto al pozo. Su vida mostró un maravilloso equilibrio, un discernimiento exacto de las oportunidades. Cuando sus hermanos le buscaban para ir a Judea, les contestó: "Mi tiempo aún no ha llegado" (Jn. 7:6). Jesús no echó a perder sus dones con el apresuramiento. En su libro, The Discipline and Culture of the Spiritual Life (“La Disciplina y El Cultivo de la Vida Espiritual”), A. E. Whiteham hace la siguiente observación: "En este Hombre hay propósitos adecuados..., una calma íntima que da aspecto de tranquilidad a su vida llena de ocupaciones; sobre todo hay en este Hombre un secreto y una capacidad para relacionarse con los desechos de la vida. tales como el sufrimiento, la decepción, la enemistad, la muerte; transformando para uso divino los abusos del hombre; cambiando en fructíferos los áridos parajes del sufrimiento; triunfando, finalmente, sobre la muerte y viviendo una corta vida de treinta años más o menos, abruptamente cortada, para ser una vida "terminada". Nosotros no hemos de admirar el porte y la belleza de esta vida humana e ignorar luego sus hechos.

    EN ESPERA DE INSTRUCCIONES

    ¿Cuál fue el secreto del trabajo de Jesús?  Encontramos un indicio después del relato de Marcos acerca de aquel día en que Jesús se nos presentaba lleno de ocupaciones. Marcos observa que "muy de mañana, siendo aún oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba" (Mr. 1:35). Aquí está el secreto de la vida y trabajo de Jesús para Dios: Él, en espíritu de oración, esperaba instrucciones de su Padre y fuerzas para ponerlas en práctica. Jesús no tenía un plano de diseño divino; Él discernía la voluntad de su Padre día a día mediante una vida de oración. Estos son los medios por los cuales se mantuvo resguardado de lo urgente y realizó lo importante.
    La muerte de Lázaro ilustra este principio. ¿Qué podía haber sido más importante que el urgente mensaje de María y Marta: "Señor, he aquí el que amas está enfermo" (Jn. 11:3). Juan registra la respuesta del Señor con estas paradójicas palabras: "Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba" (vv. 5-6). ¿Cuál era la necesidad urgente en este caso?  Obviamente, evitar la muerte del hermano querido. Pero lo importante, desde el punto de vista de Dios, era resucitar a Lázaro. Por eso se permitió que Lázaro muriese. Más tarde, Jesús le resucitó como prueba de la veracidad de sus magníficas pretensiones: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (v. 25).
    A nosotros puede asombrarnos que el ministerio de nuestro Señor haya sido tan corto, por qué no podría haber durado cinco o diez años más, por qué tantos afectados por el sufrimiento fueron dejados con sus miserias. Las Escrituras no dan respuesta para tales cuestiones, y nosotros las dejamos en el misterio de los propósitos de Dios. Pero, eso sí, sabemos que el espíritu de oración de Jesús le libró de la tiranía de lo urgente. Le impartió la orientación y el ritmo de la vida y le capacitó para llevar a cabo todas las tareas que le habían sido encomendadas por Dios. Y la última noche pudo decir: "He acabado la obra que me diste que hiciese”.

    LIBERTAD EN LA DEPENDENCIA

    La liberación de la tiranía de lo urgente la encontramos en el ejemplo y promesa de Nuestro Señor. Al final de un vigoroso debate con los fariseos en Jerusalén, Jesús dijo a los que habían creído en Él: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres...De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado... Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Jn. 8:31, 32, 34, 36).

    Muchos de nosotros hemos experimentado la liberación del castigo del pecado, que Cristo ha llevado a cabo en nuestras vidas. ¿Le permitimos también que nos libere de la tiranía de lo urgente?  Cristo señala el camino a seguir: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra". Aquí está el camino hacia la libertad. A través de la meditación en la Palabra de Dios con espíritu de oración, adquirimos la imagen de su perspectiva.
    P. T. Forysth dijo en cierta ocasión: "El peor pecado es la falta de oración". Generalmente nosotros catalogamos como peores el asesinato, el adulterio o el robo. Pero la raíz de todo pecado es la autosuficiencia, la independencia de Dios. Cuando dejamos de esperar, con espíritu de oración, por la guía y las fuerza de Dios, estamos diciendo con nuestros hechos, si no con nuestros labios, que no le necesitamos. ¿Cuánto de nuestro servicio se caracteriza por una alocada independencia?
    Lo contrario a semejante independencia es la oración, en la cual reconocemos  nuestra necesidad de la enseñanza y provisión divinas. Concerniente a esta relación de dependencia en Dios, Donald Baillie dice: "Jesús desarrolló su vida en completa dependencia de Dios, de la misma manera que nosotros debemos desarrollar la nuestra. Tal dependencia no destruye la personalidad. Jamás un hombre es tan verdadera y completamente personal como cuando vive en total dependencia de Dios. Es así como la personalidad alcanza su máxima expresión. Esto es humanidad en su sentido estricto".
    La espera en Dios en actitud de oración es requisito indispensable para un servicio eficaz. Como pasa durante los descansos en los partidos de fútbol, es en esos momentos cuando nosotros podemos recuperar aliento y fijar nuevas estrategias. Al esperar la dirección del Señor, Él nos libra de la  tiranía de lo urgente. Nos muestra la verdad acerca de Sí mismo, de nosotros y de nuestro cometido. Es Él quien imprime en nuestras mentes las tareas que quiere que emprendamos. La necesidad no constituye un llamamiento en sí misma; el llamamiento tiene que venir del Dios que conoce nuestras limitaciones. "Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo" (Sal. 103:13-14). No es Dios quien nos carga hasta hacernos encorvar bajo el peso, desplomar con una úlcera, tener los nervios destrozados o sufrir un ataque de corazón, o de apoplejía. Todo esto proviene de nuestros impulsos interiores irritados por la presión de las circunstancias.

    VALORANDO ADECUADAMENTE

    El hombre de negocios moderno reconoce como bueno este principio de tomar tiempo para realizar una evaluación. Cuando Greenwalt era presidente de la organización DuPont, dijo: "Un minuto gastado en planear ahorra tres o cuatro minutos en la ejecución del plan". Muchos vendedores han revolucionado sus negocios y multiplicado sus beneficios, reservando la tarde de cada viernes para planear cuidadosamente la mayor parte de las actividades de la semana siguiente. Si un ejecutivo está demasiado ocupado para pararse a planear, puede verse desplazado por otro hombre que destina tiempo para pensar acerca de sus planes. Si el cristiano está demasiado ocupado para detenerse, hacer un inventario espiritual y recibir de Dios las tareas a realizar, se convertirá en esclavo de la tiranía de lo urgente. Puede trabajar día y noche tratando de conseguir tanto que llegue a parecer significativo ante sus propios ojos y los de los otros, pero no terminará la obra que Dios le ha encomendado para que sea hecha por él.
    Un tiempo de quietud, con meditación y oración al principio del día, proporciona mayor nitidez al enfoque de nuestra relación con Dios. Comprométete de nuevo en estos momentos a realizar su voluntad, mientras consideras las próximas horas que siguen. Durante este intervalo, sin prisas, haz una lista, colocando por orden de prioridad las tareas que debes realizar, teniendo en cuenta los compromisos contraídos ya. Un general competente traza siempre su plan de batalla antes de enfrentarse con el enemigo; jamás deja las decisiones básicas para el momento de abrir fuego. Pero también está preparado para cambiar sus planes si una emergencia se lo exige. Del mismo modo intenta tú poner en marcha los planes que has trazado, antes de que dé comienzo la batalla diaria contra el reloj. Pero manténte abierto para cualquier emergencia, interrupción o persona inesperada que pudieran presentarse.
    También puede ser necesario resistir la tentación de aceptar un compromiso cuando la invitación llega primeramente a través del teléfono. Por muy despejada que se encuentre tu agenda en tales momentos, pide un día o dos para orar, buscando la guía del Señor antes de comprometerte. Sorprendentemente, el compromiso a menudo aparecerá menos imperativo en el silencio que sigue a la plegaria suplicante. Si puedes resistir la urgencia del momento inicial, te encontrarás en mejor posición para sopesar el costo y discernir si la tarea en cuestión es la voluntad de Dios para ti.
    Como complemento a tu tiempo diario de quietud, aparta una hora de cada semana para hacer un inventario de tu vida espiritual. Haz, por escrito, una evaluación del pasado, detallando algo de lo que Dios te haya enseñado y planea objetivos para el futuro. Trata también de reservar la mayor parte de un día de cada mes para un inventario similar de mayor envergadura. A menudo tendrás fallos. Irónicamente, cuanto más ocupado se está tanto más se necesita este tiempo para inventariar la propia vida, y tanto más difícil resulta conseguirlo. Se vuelve uno como el fanático que, cuando no está seguro de su dirección, duplica su velocidad. Y un servicio a Dios realizado frenéticamente puede llegar a ser una forma de huir de Dios. Sin embargo, cuando con espíritu de oración haces inventario de tu vida y planeas tus días, esto proporciona nuevas perspectivas a tu trabajo.

    CONTINÚA CON EL ESFUERZO INICIADO

    A través de los años, la más grande y continua lucha en la vida cristiana está en el empeño  de lograr el tiempo adecuado para la diaria espera en Dios, el inventario semanal y el planeamiento mensual. Puesto que estos momentos destinados a recibir órdenes de marcha son tan importantes, Satán hará todo lo posible para echarlos a perder. Sin embargo, sabemos por experiencia que sólo por estos medios podremos huir de la tiranía de lo urgente. Así es como Jesús obtuvo éxito. Él no terminó todas las tareas urgentes de Palestina ni todas las cosas que le hubiera gustado hacer, pero terminó la obra que Dios le había dado que hiciera. La única alternativa contra la frustración consiste en estar seguros de que estamos haciendo lo que Dios quiere. Nada puede sustituirse por el hecho de saber que en este día, a esta hora, en este lugar estamos haciendo la voluntad del Padre. Entonces, y solamente entonces, podemos pensar con ecuanimidad acerca de todas las demás tareas sin terminar y encomendarlas a Dios.
    Hace tiempo las balas de los simba dieron muerte a un hombre joven, el doctor Paul Carlson. En la providencia de Dios terminó así su vida de trabajo. La mayoría de nosotros viviremos más tiempo y moriremos más tranquilos; pero, cuando llegue el final, ¿qué otra cosa podrá proporcionarnos un gozo mayor que la seguridad de haber terminado la obra de que Dios nos encomendó para que la hiciésemos?  La gracia de Nuestro Señor Jesucristo hace que esto sea completamente posible. Él ha prometido liberación del pecado y fuerzas para servir a Dios, realizando las tareas que Él elige para cada uno de nosotros. El camino está claro. Si nos mantenemos en la palabra de Nuestro Señor, somos verdaderamente sus discípulos. Y Él nos librará de la tiranía de lo urgente, nos librará para realizar lo importante, que es la voluntad  de Dios.


Traducción de Roberto González

 

miércoles, 19 de diciembre de 2018

La Tiranía de Calvino en Ginebra

escribe Dave Hunt

De Agustín a Calvino
     No hay duda que Juan Calvino visualizaba la iglesia de Cristo con ojos de católico romano. Él vio la iglesia (como Constantino lo había moldeado y Agustín cimentado) como socio del estado,  con el estado imponiendo la ortodoxia (como ellos lo definieran) a todos sus ciudadanos. Calvino aplica su formación jurídica y su afán,  al desarrollo de un sistema de cristianismo basado en una visión extrema de la soberanía de Dios, que por lógica obligaría a los reyes y a toda la humanidad cumplir todos los asuntos de justicia.  Y en colaboración con la iglesia, los reyes y otros gobernantes civiles harían cumplir el cristianismo calvinista.
      Y aquellos que creían en un reino milenario de Cristo sobre la tierra, Calvino dijo que su "ficción inmadura no merecía refutación".15
Según Calvino, el Reino de Cristo se inicia con su aparición sobre la tierra y ha estado en proceso desde entonces.  Calvino Rechazaba el Reino futuro literal de Cristo sobre la tierra, a través de su segunda venida, para establecer un reino terrenal en el trono de David en Jerusalén. Calvino aparentemente se sintió obligado a establecer el Reino por su propio esfuerzo en la ausencia de Cristo.
     La Biblia es clara al decir que uno debe "nacer de nuevo"  para "ver el Reino de Dios" (Juan 3:3) y que "carne y sangre no pueden heredar el Reino de Dios" (1 Corintios 15:50). Ignorando esta verdad bíblica y siguiendo el error de Agustín, Calvino determino (junto con Guillaume Farel) establecer el Reino de Dios en la tierra en Ginebra, Suiza.
     El 10 de noviembre de 1536, la confesión de fe, que Farel había elaborado en conjunto con Calvino, se presentó oficialmente a la ciudad y a toda la burguesía, los habitantes de Ginebra y todo sujeto en sus territorios debía jurar lealtad y adherirse a ella.  Fue un documento largo con disposiciones que abarcaban la membresía de la iglesia, asistencia, predicación, obediencia del rebaño y  la expulsión de los ofensores.  Las autoridades de Ginebra aprobaron el documento el 16 de enero de 1537.
     "En marzo fueron desterrados los Ana bautistas. En abril, por instigación de Calvino [se inició una inspección de casa por casa] para asegurar que los habitantes estuviesen suscritos a la confesión de fe... el 30 de octubre hubo un intento de obligar profesiones de fe de todos los que dudaban. Finalmente, el 12 de noviembre un edicto fue emitido declarando que todos los reacios '[que] no desean jurar lealtad a la reforma se les ordena salir de la ciudad'... "16
     "¿La Reforma?" Hubo muchas variaciones y diferencias entre las diversas facciones de la joven reforma desde Lutero a Zwingli.  Pero en Ginebra, el Calvinismo iba a ser la única “reforma" y la única "Teología reformada".  Hoy esa afirmación presuntuosa todavía es sostenida por los calvinistas en todo el mundo.
     Boettner reconoce que; El primer intento de Calvino fracasó.  "Debido a un intento de Calvino y Farel de imponer un sistema de disciplina demasiado severo en Ginebra. Esto hizo necesario que salieran temporalmente de la ciudad".17

El retorno triunfal de Calvino
     Sin embargo tres años más tarde el Ayuntamiento de Ginebra enfrenta oposición católica desde adentro y la amenaza de intervención armada por los católicos romanos.  Ellos decidieron que necesitaban las medidas fuertes de Calvino y lo invitaron a regresar. Él reingresó a la ciudad el 13 de septiembre de 1541. Esta vez, eventualmente tendría éxito en imponer su versión de la reforma a los ciudadanos de Ginebra con mano de hierro.  Su primer acto fue entregarle al Ayuntamiento sus Ordenanzas Eclesiásticas, que fueron aprobadas el 20 de noviembre de 1541. Stefan Zweig nos dice:
Uno de los experimentos más trascendentales de la historia comenzó cuando este hombre delgado y áspero entró por la puerta de Cornalina [de Ginebra]. Este estado [la ciudad-estado amurallada de Ginebra] se convertiría en un mecanismo rígido; innumerables almas, personas con infinidad de sentimientos y pensamientos, debían ser compactados en un sistema único y universal.  Este fue el primer intento [protestante] hecho en Europa para imponer... una subordinación uniforme sobre toda la población.
     Con un rigor sistemático, Calvino empezó a trabajar para realizar su plan de convertir a Ginebra en el primer reino de Dios en la tierra. Debía ser una comunidad sin corrupción, sin desorden, y sin vicio o pecado; iba a ser la nueva Jerusalén, un centro desde donde se irradia la salvación al mundo. Dedicó toda su vida al servicio de esta idea única.18
     La pretensión de un reinado eclesiástico ocupó la mayor parte del resto de la vida de Calvino. Aunque reconocían  la influencia y el poder de Calvino, el pequeño consejo de sesenta y el gran Consejo de doscientos, responsables por los asuntos civiles (la junta), se resistió a ser controlado por la autoridad religiosa de la que Calvino tenía influencia. La lucha por el poder continuó durante años, incluso el consistorio trato de mantener el control sobre algunas disciplinas como las excomuniones de la iglesia y Calvino desafiantemente se negaba a ceder los derechos.
     Finalmente, en febrero de 1555, los partidarios de Calvino obtuvieron la mayoría absoluta en el Consejo.  El 16 de mayo hubo un intento de Calvino para excluir de la cena del Señor, a ciertos oficiales cívicos libertarios.19 Dirigentes de esta revuelta huyeron de Ginebra a Berna y fueron condenados a muerte durante su ausencia. Cuatro de los que no lograron escapar fueron decapitados y descuartizados y partes de sus cuerpos fueron colgados en lugares estratégicos como una advertencia.20  Evocando la frase "secuaces de Satanás" que uso años antes contra los Ana bautistas, Calvino justificó su barbarismo: "Aquellos quienes no corrigen el mal cuando pueden hacerlo y cuando su puesto lo exige son culpables de lo mismo".21
     Desde el inicio de1554 hasta su muerte en 1564, "nadie se atrevió a oponer al reformador abiertamente". 22  Los opositores de Calvino  habían sido silenciados, expulsados e incluso huido para salvar sus vidas.  El control de Calvino "sobre la ciudad continuó sin desfallecer".  Él determinó convertir Ginebra en la base de construcción para la Ciudad de Dios, de Agustín, mundialmente. "Ginebra se convirtió en el símbolo y la encarnación de la 'otra' reforma..." 23  Esta es la que los calvinistas actuales declaran que fue la reforma.

Tiranía en Ginebra
     Tal vez Calvino pensaba que él era instrumento de Dios para forzar la gracia Irresistible (una doctrina clave en el Calvinismo) sobre los ciudadanos de Ginebra, Suiza, incluso sobre aquellos que probaron su indignidad por resistirse a la muerte. Sin lugar a dudas hizo lo mejor para ser irresistible en la imposición de "justicia", pero lo que él impuso y la manera en que lo impuso estaba lejos de gracia y las enseñanzas y el ejemplo de Cristo.
     Algunos de quienes profesan una fe "Reformada" hoy en día, especialmente las denominados Reconstructores como el desaparecido Rousas J. Rushdoony, Gary North, Jay Grimstead y otros (incluyendo organizaciones como la Coalición del Avivamiento), usan Ginebra de Calvino como su modelo y así pretenden cristianizar a los Estados Unidos y al mundo.
     Muchos activistas cristianos de alianza menos extrema que Calvino, quieren a su manera, por medio de marchas, protestas y la organización de grandes grupos de votos, forzar a una ciudadanía estadounidense impía a vivir de manera piadosa. Nadie ha trabajado tan arduo y por tanto tiempo en lograr esto, como Calvino. Durant informa:
      Para regular la conducta del laico se estableció un sistema de visitas domiciliarias... se cuestionaba  a los ocupantes acerca de todas las etapas de sus vidas... El color y la cantidad de ropa permitida, el número de platos permisibles en una comida, fueron especificados por la ley. Joyas y encajes eran mal vistos. Una mujer era encarcelada por arreglarse el cabello a una altura inmoral...
El control de censura de la prensa fue asumido y todos los antecedentes católicos y laicos fueron agrandados: libros de tendencia inmoral fueron prohibidos... Hablar irrespetuosamente de Calvino o del clero era un crimen. Una primera violación de estas ordenanzas fue castigada con una reprimenda. Violaciones adicionales con multas  y violación persistente con pena de prisión o destierro. La fornicación debía ser castigada con el destierro o por ahogo; adulterio, blasfemia o idolatría, con la muerte... un niño se decapitaba por golpear a sus padres. En los años 1558 – 59 hubieron 414 procesos por delitos morales; entre 1542 y 1564 hubo setenta y seis exilios y cincuenta y ocho ejecuciones; la población total de Ginebra era entonces acerca de 20,000. 24
     La opresión de Ginebra no pudo ser del Espíritu Santo ("...donde está el espíritu del Señor, allí hay libertad" 2 Corintios 3:17), sino que era la personalidad poderosa de Calvino y la visión extrema de la soberanía de Dios que niega el libre albedrío al hombre. Por lo tanto "gracia" debía imponerse irresistiblemente en un intento no bíblico, para infligir "piedad" a los ciudadanos de Ginebra. Esto es en contraste a la humildad, misericordia, amor, compasión y paciencia de Cristo, a quienes amaba y buscó servir. Calvino ejerció autoridad igual que el papado, que el mismo  despreciaba, y por otra parte, criticó a otros líderes protestantes por no hacer lo mismo:
     Viendo que los defensores del papado eran tan amargos y audaces a raíz de sus supersticiones y que en su furia atroz derramarían la sangre de los inocentes, debería avergonzar a los magistrados cristianos, que en la protección de cierta verdad, son totalmente desamparados de espirtu.25
Los defensores de Calvino niegan los hechos e intentan exonerarlo echando la culpa de lo que hizo a las autoridades civiles. Boettner aún insiste en que "Calvino fue el primero de los reformadores en demandar la separación entre iglesia y estado".26. Pero Calvino no sólo estableció la ley eclesiástica, sino también codificó la legislación civil.27
     El responsabilizó a las autoridades civiles de "fomentar y mantener la adoración externa de Dios, a defender la sana doctrina y la condición de la iglesia" 28  y controlar para que "ninguna idolatría, ningún nombre blasfemo contra Dios, ninguna calumnia contra su verdad, ni otras ofensas a la religión, salieran y fuesen difundidas entre la gente... [Pero] para evitar que la religión verdadera... fuese impugnada abiertamente, violada o contaminada por blasfemia pública".29
     Calvino utilizo el brazo civil para imponer sus doctrinas peculiares a los ciudadanos de Ginebra, y para hacerlos cumplir. Zweig, quien estudio minuciosamente los registros oficiales del Ayuntamiento en el tiempo  de Calvino, nos dice, "no pasa ni un día, en los registros del Ayuntamiento, en el que no encontramos la observación: “Mejor consultar al maestro Calvino acerca de esto".30
     Pike nos recuerda que a Calvino se le dio una "silla de consultor" en todas las reuniones de las autoridades municipales y "cuando estaba enfermo, las autoridades llegaban a su casa para secionar".31 En lugar de disminuir con el tiempo, el poder de Calvino creció. John McNeil, un calvinista, admite que "en los últimos años de Calvino y bajo su influencia, las leyes de Ginebra se volvieron más detalladas y más exigentes".32

¡No se Cruce con el Dr. Calvino!
     Con control dictatorial sobre la población ("logrando gobernar como han hecho pocos soberanos" 33), Calvino impuso su marca de cristianismo a la ciudadanía con las flagelaciones,  encarcelamientos, destierros y ser quemado en la hoguera.  Calvino ha sido llamado "el Papa protestante" y "el Dictador Ginebrino" que "toleraba en Ginebra las opiniones de solo una persona, el mismo".34  Acerca de la adopción de una confesión de fe que se hizo obligatoria para todos los ciudadanos de Ginebra, el historiador Philip Schaff comenta:
     Fue una incoherencia evidente que aquellos que recién habían sacudido del yugo papal como una carga intolerable, debían ahora someter su conciencia y su intelecto a un credo humano; en otras palabras, sustituir el papismo romano antiguo por uno protestante moderno.35
Durant dice que "Calvino sostuvo el poder como cabeza de esta junta; desde 1541 hasta su muerte en 1564, su voz era la más influyente en Ginebra".36  Vance nos recuerda que:
     Calvino estaba involucrado en todos los aspectos concebibles de la vida urbana: normas de seguridad para proteger a los niños, las leyes contra la contratación de mercenarios, nuevos inventos, la introducción de la fabricación de tela, e incluso Odontología. Él fue consultado no sólo acerca de todos los asuntos importantes del estado, sino en la supervisión de los mercados y ayuda para los pobres.37
     A menudo eran loables los esfuerzos de Calvino, pero las cuestiones de fe también fueron legisladas así. Una confesión de fe elaborada por Calvino era obligatoria para todos los ciudadanos. Era un crimen para cualquiera  estar en desacuerdo con este Papa protestante.  Durant comenta:
     Todas las exigencias de los papas por la supremacía de la iglesia sobre el estado fueron renovados por Calvino para su nueva iglesia. [Calvino] fue igual de minucioso como cualquier Papa en rechazar la individualidad de la fe;  Este gran legislador del protestantismo repudiaba totalmente el principio de juicio propio con que el mismo había comenzado su nueva religión... En Ginebra... quienes no podían aceptar, tendrían que buscar otro hogar. La constante ausencia a los servicios protestantes calvinistas o la continua falta de tomar la Eucaristía era un delito penable.
 Otra vez la herejía... se convirtió en traición al estado y debía ser castigado con la muerte... En un año, con el asesoramiento de la junta, catorce presuntas brujas fueron enviadas a la hoguera por el cargo de que habían convencido a Satanás que afligieran a Ginebra con la plaga.38
     Calvino siguió de nuevo los pasos de Agustín, quien había forzado la "unidad... a través de la participación de todos en los sacramentos..." 39 Un médico llamado Jerome Bolsec se atrevió a estar en desacuerdo con la doctrina de la predestinación de Calvino. Fue arrestado por decir que "los que postulan un decreto eterno de Dios por la que él ha ordenado a unos a la vida y el resto a la muerte, hacen de él un tirano..." 40

del libro ¿Qué Amor Es Este?, (What Love Is This?), todo el libro está disponible gratuitamente en la web de The Berean Call:

comenta WILLIAM MACDONALD
Autor de más de 80 libros en 100 idiomas incluyendo Comentario Bíblico del Creyente y El Verdadero Discipulado.
"Este libro expone el Calvinismo tradicional por presentar a Dios de una manera totalmente anti-bíblica. Los que profesan calvinismo tendrán que reconsiderar su posición cuando se den cuenta de las verdades biblicas que están en juego. Este libro permanecerá como una obra definitiva sobre el tema".