lunes, 20 de septiembre de 2021

¿Quién Coordina A La Iglesia?

 


  “...siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (Ef. 2:20-21).

A Dios le gustan las cosas ordenadas y coordinadas. No es Dios de confusión, sino de orden. Pero ¿quién coordina la Iglesia, el edificio de Dios? A lo largo de la historia muchos hombres con dinero y poder han querido ejercer influencia para “coordinar” y dirigir al Cuerpo. Desean unificar a los creyentes y las iglesias bajo credos y uniformizar sus prácticas. A través de sus concilios, sínodos, federaciones y asociaciones han formulado sus decretos y han presionado a los demás a conformarse. Pero todos ellos cometen el error de usurpar el lugar de Cristo la Cabeza y del Espíritu Santo que nos guía y dirige. Es Dios, no los hombres, que coordina bien todo el edificio, y lo hace a través de Su Santa Palabra, por Su Santo Espíritu. De ahí, no de los hombres, viene la coordinación espiritual de todos los creyentes.

Carlos

sábado, 18 de septiembre de 2021

Roma, Semper Idem

 

La Mujer Ebria De La Sangre De Los Santos

“Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro”. Apocalipsis de San Juan 17:3-6

¿Quién es esta mujer que San Juan vio tan lujosamente vestida, con el cáliz de oro, y encima de una bestia que representa los gobiernos de este mundo? ¿No conoces a ninguna iglesia que esté representada por una mujer? ¿No conoces a ninguna que también es una ciudad, y además, edificada sobre siete montes? ¿No has oído del Vaticano, de Roma? ¿Y cómo es que el apóstol Juan vio a la mujer ebria de la sangre de los santos? ¿No sabes? Claro, si te han lavado el cerebro, ¿cómo lo vas a saber? Te han controlado la información, de manera que no sabes dónde te has metido, ¡y cuán feliz es la ignorancia! ¿No sabes que el Catolicismo Romano llegó a ser “la fe más perseguidora que jamás se ha visto en el mundo… mandando a los reyes la imposición de la religión “cristiana” (Católica Romana) sobre todos sus súbditos”? ¿No te han dejado leer lo que un historiador Católico Romano escribió en otra parte del mundo, acerca de cómo el Papa “Inocente III mató a muchísimos más cristianos en una tarde… que cualquier emperador romano en todo su reino”? (Peter de Rosa, historiador católico romano, Vicars of Christ: The Dark Side of the Papacy [Los Vicarios de Cristo: El Lado Negro del Papado], (Crown Publishers, 1988), pág. 35). El historiador Will Durant escribe francamente: “Comparada con la persecución de la herejía en Europa de 1227 hasta 1492, la persecución de los cristianos por los romanos durante los primeros tres siglos después de Cristo fue algo moderado y de proceder humano. Tomando en cuenta todo lo debido para un historiador y lo permitido para un cristiano, debemos asignar a la Inquisición el mismo grado que las guerras y las persecuciones de nuestros tiempos, como una de las manchas más negras en la historia de la humanidad, y que revela en esa “Iglesia” una ferocidad desconocida en las bestias” (Will Durant, The Story of Civilization [La Historia De La Civilización] (Simon and Shuster, 1950), vol. IV, pág. 784).

Por supuesto que no todos los disidentes proclamaron abiertamente su deslealtad a Roma. Así que hubo “herejes” secretos que tenían que ser buscados diligentemente. El método inventado fue la Inquisición, en la opinión del autor egipcio Rollo Ahmed: “la más inmisericorde y feroz institución que el mundo ha conocido” en su destrucción de vidas, de propiedad, de la moral y de los derechos humanos. Lord Acton, un católico y noble inglés, llamó a la Inquisición “homicidio” y declaró que los Papas “no solamente eran homicidas en gran manera, sino que hicieron del homicidio la base legal de la Iglesia Cristiana y la condición de la salvación” (Peter De Rosa, op. Cit., pág. 175). SEMPER IDEM: siempre igual.

Roma No Puede Ser Absuelta

Los apologistas católico-romanos se tuercen como serpientes, y con engaño intentan absolver a su Iglesia de toda responsabilidad en cuanto a los herejes que fueron quemados. Ellos alegan que la Inquisición fue obra del estado. ¿Creen que somos tontos o que nos chupamos el dedo? No vamos a creer esos cuentos, y ni ellos se lo creen. Al contrario: “la fuerza principal de las leyes contra los herejes no se hallaba en la autoridad de los príncipes seculares, sino en el dominio soberano sobre vida y muerte de todos los cristianos profesado por los Papas como los supuestos representantes de Cristo en la tierra, como Inocente III expresamente dijo”. (J.H. Ignaz von Dollinger, The Pope and the Council [El Papa Y El Concilio], (London, 1869), pág. 195).

Las penas fueron ejecutadas por la autoridad civil, pero solamente como “el brazo secular” de la Iglesia. Inocente III mandó al arzobispo de Auch en Gascony: “Le damos una orden estricta que de cualquier manera que halle, Ud. destruya todas estas herejías… puede hacer que el príncipe y el pueblo las supriman con la espada”. El Papa ofreció “una indulgencia plenaria a los reyes y los nobles de Francia por su ayuda en la supresión de la herejía Catarista. A Felipe Agusto, a cambio de semejante ayuda, el Papa ofreció las tierras de todos los que no vinieran a la cruzada contra los albigenses”. (Durant, op.cit., vol.IV, págs.773-74)

Comte Le Maistre, en sus cartas escritas en 1815 para justificar la Inquisición Española, dijo que ella existía: “por virtud de la bula del soberano pontífice” y que el Gran Inquisidor “siempre era un arzobispo u obispo” (Le Maistre, Letters on the Spanish Inquisitión [Cartas Sobre La Inquisición Española] (Boston, 1843), pág. 39 citado por R.W. Thompson en The Papacy and the Civil Power [El Papado Y El Poder Civil] (New York, 1876), pág. 83). Y si las autoridades rehusaren ajusticiar al condenado, ellas mismas eran llevadas ante el Tribunal y condenadas a las llamas.

Fueron los mismos Papas los que inventaron la Inquisición y se aseguraron de que fuera llevada a cabo. “Gregorio IX, en 1233, entregó el oficio permanentemente a los dominicos, pero siempre para ser ejercido en el nombre y por la autoridad del Papa”(Comte Le Maistre, op.cit., pág. 83). De ochenta Papas en un linaje partiendo del siglo XIII y en adelante, ninguno de ellos desaprobó la teología y el aparato de la Inquisición. Al contrario, uno detrás de otro añadía sus toques crueles a esta máquina fatal (Peter De Rosa, op.cit., pág. 175). No estamos citando a protestantes ni a ex­católicos rebotados, sino a historiadores católicos.

Con razón el apóstol Juan estaba asombrado, al ver lo que se llegaría a hacer en nombre de Cristo. ¡Ebria con sangre, qué asco! Así Dios despacha en pocas palabras toda la supuesta pompa y majestad de esa “madre”, que por cierto madre es, de las rameras y de las abominaciones de la tierra (v. 5), pero no de los fieles, no de los creyentes. Amigo, lo siento, pero ¡si Roma es tu madre, Dios no es tu Padre! Ella es madre de rameras, así que dejémonos de historias de su soberanía, magisterio, infalibilidad, etc., porque es todo falsificado y fingido como maquillaje de ramera. Te los has creído tú, Roma, y los que han bebido de su cáliz, y los que se han echado en la cama con ella. A los demás Dios manda con voz de trompeta: “Salid de ella”. Sí, porque ella no puede ser absuelta, y si te quedas en ella, tú tampoco te librarás. Ella, semper idem, no quiere cambiar. No seas como ella. Tú sí que puedes ser perdonado y nacer de nuevo si crees en el Salvador, el Señor Jesucristo. Pero Él está fuera de Roma, y una vez más, la voz celestial llama diciendo: “Salid de ella”. ¿Qué harás?

parte de este artículo es una traducción y adaptación de material de Dave Hunt. Este artículo apareció primero en la web de John Ankerberg.

Bibliografía

The Berean Call Newsletter, Dave Hunt

A Woman Rides The Beast, Dave Hunt

The Story Of Civilization, Will Durant

Vicars of Christ, The Dark Side Of The Papacy

The Bad Popes, Chamberlin

martes, 14 de septiembre de 2021

Cómo Alejarte Del Señor Sin Que Nadie Se Dé Cuenta


     Cualquiera puede hacerlo, porque no es difícil. Si sigues estos pasos sencillos tú también puedes alejarte del Señor. Puedes cambiar de un cristiano sincero y devoto en un desertor frío, amargo y desilusionado de la lucha cristiana. ¿Te apetece?
    Primero debes asegurarte de no hacer ninguna clase de estudio práctico de la Biblia. Procura reducir cualquier lectura de la Biblia u oración a unos breves minutos. Por ejemplo, lee poco y rápido, y cuando te pregunten si has leído la Biblia hoy podrás decir: “sí” pero no te afectará mucho. Después, procura mirar la tele, jugar videojuegos (X-box, etc.), y pasar mucho tiempo en internet, en las redes sociales, chateando, facebook, etc. Así tendrás un nivel muy bajo de vida espiritual. Todavía mejor si estás distraído con muchos quehaceres y así no prestas mucha atención a lo que estás haciendo. Algunos aconsejan eliminar la lectura diaria y sólo llevar la Biblia al culto y leerla un poco allí. O si lees en casa, hazlo justo antes de acostarte o bien cuando ya estás en la cama. Así podrás dormirte antes de terminar tus “ejercicios espirituales”. En todo caso, no te preocupes buscando mejor tiempo para Dios durante el día.
    Por supuesto, no debes asistir a las reuniones con demasiada frecuencia. ¡No seas fanático! Y cuando vayas, procura llegar tarde para no tener que saludar a nadie ni tener comunión con los hermanos antes de la reunión. Si puedes sentarte en la última hilera de sillas, mejor. Lleva la Biblia para guardar apariencias, pero no prestes mucha atención a ella ni a lo que pasa en las reuniones. Procura hacer un mero acto de presencia, y después, intenta salir sin tener mucha conversación con los hermanos. Trata de que las bendiciones te lleguen simplemente porque has estado en el culto, pero sobre todo no te molestes en pensar o aplicar personalmente lo que se enseña de la Biblia.
    Mantente al margen de la vida de la iglesia, con el absoluto mínimo de comunión y colaboración con los hermanos. Nunca jamás aceptes ninguna responsabilidad o trabajo en la congregación. Tampoco te iría bien invitar a los hermanos a visitarte entre semana, y ni se te ocurra ir a verles a ellos para pasar tiempo juntos o hablar de temas espirituales. Mejor que te quedes en silencio en tu mundillo, ocupándote con tus cosas y enfriándote espiritualmente. Así puedes sentirte más solo y cultivar la idea de que no hay amor, que nadie piensa en ti, y que es una iglesia fría.
    Aquí va un consejo muy importante si quieres lograr tu meta de alejarte del Señor. Piensa mucho en los fallos de los demás hermanos, y obsesiónate con ellos. Ves a las reuniones para observar qué es lo que dicen y hacen mal. Trata de descubrir docenas de fallos acerca de cada hermano, y después apunta las cosas malas que has observado para que puedas recordarlas y pensar en ellas, así amargándote y enfriándote más y más. Tal vez lograrás convencerte de que todos los cristianos son farsantes y que todo no es como parece.
    Otra cosa: Si encuentras dificultades en la vida cristiana, si no puedes comprender por qué aconteció algo, o por qué alguien dijo algo, o si tienes algún resentimiento con Dios o un hermano por cualquier cosa, acuérdate, no digas nada a nadie. No hables con Dios sobre esto para que tú seas corregido y enseñado, ni mucho menos hables con tus hermanos. Piensa mucho en cómo ellos son hombres y no tienes porque escucharles. Deja que este resentimiento vaya creciendo y carcomiéndote como un cáncer.
    Sí, amigo mío, si cumples estas normas sencillas, el alejarte del Señor está asegurado. Pero, para alejarte sin que nadie se dé cuenta, tienes que proceder con mucho cuidado, porque es bastante más difícil lograrlo. Es algo que exige más astucia y sutileza. Verás.
    Acuérdate que casi todos los casos de hermanos que se han alejado del Señor empiezan de una manera casi desapercibida. Así que no hagas caso a las pequeñas señales en tu vida, como tu propio decrecimiento en amor hacia Dios y hacia los hermanos, o la falta de oración, o poca lectura y meditación sobre la Palabra de Dios. Si encuentras que no tienes muchos deseos de estar con los hermanos, piensa que eso es normal y que todos son así, que no pasa nada. Manténte frenéticamente ocupado, quizá en trabajos o con tu familia, porque son cosas legítimas y nadie puede decirte que eso está mal, ¿verdad? Así te asegurarás de no tener tiempo para leer la Biblia, meditar en ella, orar, ni experimentar compañerismo con los hermanos. Acuérdate que si tienes mucho compañerismo, puedes echar a perder tu meta de alejarte (He. 10:24-25).
    Y en cuanto a lo de ver los fallos de los demás y criticarlos, ten cuidado y no digas nada a ninguno de ellos. Cuando hables con ellos, pon una sonrisa superficial y dirige la conversación a lo superficial también, para no ser descubierto. No pienses en tus propios fallos, pero deja que los de los demás te desanimen completamente. Y piensa especialmente en los jóvenes y los nuevos cristianos, porque cuando uno es joven o joven en la fe, tiende a colocar a otra persona en un pedestal pensando que todo lo que esa persona hace está bien, olvidando que es tan humana como él. Pero tú puedes evitar eso, pensando siempre en los fallos de todos, y puedes ayudar a los demás a no estimar a los hermanos si tú mencionas sus fallos brevemente de tanto en cuando en tu conversación. Una “buena” manera de disimular es disfrazando tus críticas y compartiéndolas como motivos de oración por los demás hermanos. Di algo así: “Yo amo a [pon el nombre del hermano/a], pero...” y después de la palabra: “pero”, lanza tu crítica, y di al final: “debemos orar por él”. Si reúnes a unos hermanos en tu casa para orar “por” estas personas, puedes sembrar más amargura y crítica de una manera pseudo-espiritual, y hacer que otros se alejen del Señor sin que ellos mismos se den cuenta. ¡Fíjate! Después, si tienes la suerte de que la persona que estás criticando falla en algo, en vez de perdonarlo y pasarlo por alto puedes decir que es un farsante, que todo no es como parece, y que todo el cristianismo es igual.
    Cuando reconozcas que tienes un problema espiritual, no busques la ayuda de los ancianos de la iglesia. ¡La podrías conseguir y entonces tu alejarte gradualmente del Señor podría quedarse frenado! En lugar de buscar ayuda, “chitón”. Piensa que tú eres capaz de solucionar tus propios problemas y que no necesitas a los pastores. Convéncete que además, ellos no te entienden, porque tu caso es especial, y sólo te van a decir cosas que están en la Biblia que tú ya sabes. Fíjate en ti mismo, recordando que toda la congregación te considera un buen cristiano, y no les des pistas de que tienes problemas.
    Intenta tener una “doble personalidad” o como un hermano dijo, ser un cristiano de “doble chip”. Es decir, mantén tu vida cristiana aparte de tu vida normal. Canta los himnos y coros en las reuniones, pero no con entusiasmo, gozo, o compromiso. No dejes que cale el mensaje que ellos llevan, o puedes perder tu alejamiento. Mira al predicador cuando enseña, y ten tu Biblia abierta al pasaje correcto, pero no tomes apuntes ni mucho menos admitas una aplicación para tu propia vida. No permitas que lo que dicen afecte tu relación con tus amigos, tus placeres, o tus planes para el futuro. De esa manera puedes conseguir que se amontonen muchas presiones sobre ti para distanciarte todavía más del Señor mientras mantienes una fachada religiosa. Sé constante observando estas normas y entonces podrás alejarte del Señor sin que nadie se dé cuenta. Y cuando se den cuenta, ya te habrás caído e ido de la congregación y nadie sabrá porque. ¿Dije nadie? Esto no es toda la verdad. Es fácil engañarte a ti mismo, a tus padres, a tus amigos, a tus hermanos en Cristo, o a tus pastores. Ellos pueden sentir una inquietud vaga, pero aun así es posible que no sepan con certeza qué es lo que les hace sentir así. Pero Dios sigue ahí. Es omnipresente y omnisciente. No podrás engañarle ni sorprenderle a Él. Aunque tuerzas, gires, cubras o te disfraces, ten por cierto que Él lo sabrá.
    Cuando Pedro negó al Señor, si había una cosa que él quiso que no la supiera Jesús, fue ésta. Pero en aquel mismo instante el Señor se volvió y miró a Pedro, cara a cara. Fue una mirada directa al corazón, de pleno conocimiento de lo que había en Pedro y de lo que había hecho. Fue una mirada triste, de confianza traicionada, pero también fue una mirada de amor constante. Al Señor le dolió mucho lo que Pedro le había hecho, pero no quería echarle fuera, sino restaurarle y recibirle otra vez. Aquella mirada le rompió por completo y él vio la realidad amarga de lo que había hecho.
    Y así, amigo mío, vendrá el día cuando tú también estarás delante del Señor, cara a cara. No estarás escondido en medio de la muchedumbre de una gran congregación. Estarás delante del Señor Jesucristo quien murió en la cruz por ti. Estarás bastante cerca para poder ver las marcas de los clavos en Sus manos y pies, y ver bien Sus ojos que te miran y penetran hasta tu corazón, tu espíritu y alma. Y Él sabrá todo acerca de tu alejarte de Él. ¿Cómo te sentirás cuando tengas que enfrentar aquella mirada sabiendo que Él nunca ha dejado de amarte?  ¿Cómo te sentirás cuando te acuerdes de la sangre que Él derramó por ti y de la paciencia que ha tenido contigo, y los cuidados que te ha dado, y que tú, desgraciadamente, descaradamente, le dijiste, “¿y qué?” ?  
    ¡Qué torpes y miopes somos! Querido hermano, deja de alejarte del Señor mientras puedas. Reconoce, como un hermano dijo, que 30 segundos es demasiado tiempo para pasar fuera de comunión con el Señor. ¿Vivir sin Él? ¡Como el pez puede vivir fuera del agua! En sólo 30 segundos fuera de comunión con el Señor podemos decir o hacer cosas, o tomar decisiones que nos afectarán por el resto de nuestras vidas. Salir de comunión con Él y con los hermanos es como la oveja que sale del rebaño para ir sola por el bosque. ¡Los lobos se alegran!  No, hermano, mas vuélvete a Él, tomando coraje con Su promesa: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia” (Os. 14:4).  Que jamás tenga el Señor que decirte: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Ap. 2:4).

Dennis Read
revisado y adaptado