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jueves, 16 de julio de 2026

¿COPA MUNDIAL???

¿Por qué querría alguien que sigue al Señor Jesucristo una "Copa Mundial"? Mejor dicho: una copa mundana, una copa de este mundo. ¡Las Escrituras nos advierten claramente sobre el mundo, sobre lo que es y lo que ofrece!

1 Juan 2.15-17 

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Un hombre llamado Demas amaba el mundo y abandonó al apóstol Pablo para no servir al Señor (2 Ti. 4.10). Muchos otros discípulos potenciales se han perdido y manchado en el mundo, hechizados por él, absortos en él, buscando la felicidad y la plenitud en él. ¿Eres tú como Demas o como Pablo?

Dios dice que el mundo entero está bajo el maligno, es decir, el diablo (1 Jn. 5.19). ¿Estás de acuerdo?

En Efesios 2.2 se nos informa de que antes de ser salvos, seguíamos la corriente de este mundo, porque éramos manipulados por el diablo.
 

No se trata del planeta, sino de la sociedad. El mundo es un sistema vano, engañoso y peligroso, que se opone a Dios. Como muchas otras cosas, su origen se encuentra en el libro de Génesis.

Caín fue desterrado por Dios tras asesinar a su hermano Abel. La raíz hebrea de "Nod" (heb. nud) significa "vagar". Era una zona "al este del Edén" (Gn. 4.16). El término simboliza una vida egoísta, inútil, enajenada, alejada de la presencia de Dios. 

En su obra clásica, El Progreso del Peregrino, Juan Bunyan utilizó acertadamente "La Feria de Vanidades" para ilustrar el mundo. El mundo intenta alejar a los cristianos de Cristo y se atreve a juzgar a los fieles, pero se resiente cuando es juzgado.

William MacDonald define el mundo (gr. kosmos) como "un sistema organizado y encabezado por el diablo, con el propósito de mantener a la humanidad ocupada y feliz sin Dios". 

Caín fue utilizado por el diablo para poner en marcha ese sistema: una sociedad sin Dios, con industria, arte, música, religión, política, filosofía y muchas otras cosas. El mundo permite la violencia, la autoimportancia, la jactancia y todo tipo de inmoralidad. Ofrece una gran variedad de cosas para apelar a los gustos y mantener a la gente ocupada y feliz sin Dios. El deporte es simplemente una de ellas.

Lo cual nos lleva de vuelta al Mundial, y también a la vanagloria de todas las demás competiciones deportivas, ligas, campeonatos y trofeos.

A pesar de todo el alboroto, en realidad carecen de importancia en el gran esquema de las cosas, pero son tan típicos del mundo y de la sed de diversión del ser humano. El mundo da más importancia a los sentimientos y a las experiencias pasajeras que a la realidad espiritual, y a lo temporal que a lo eterno. Dentro de cien años, ¿quién se acordará de quién ganó un trofeo y qué importará? 

"La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas" (2 P. 3.10). Se quemarán porque Dios los desestima. Eso incluye los mundiales.

 ¿No tenemos nada mejor que hacer con nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra energía? En palabras de C. T. Studd:

"Solo una vida, que pronto pasará,
solo lo que se haga por Cristo perdurará". 
 


Me viene a la mente Jeremías 9.23-24.  

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.

Es mejor conocer a Dios que a los "héroes" deportivos del mundo, que no aportan nada duradero a la humanidad y pronto caerán en el olvido. Conocer al Señor y caminar con Él es infinitamente mejor que todo lo que este mundo pueda ofrecer. 

Su misericordia, Su juicio y Su justicia quedan claramente de manifiesto en el Evangelio. 

Misericordia
En Su misericordia, y sin acepción de personas, Dios nos amó a todos cuando éramos Sus enemigos (Ro. 5.6-10) y envió a Su Hijo para salvarnos. Su amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro. 5.5). ¡Sus misericordias son nuevas cada mañana! (Lam. 3.22-23).

 Juicio
Todos estamos condenados por nuestros pecados, sin embargo, ese terrible juicio divino recayó sobre Cristo en la cruz (Is. 53.6). Y el Apocalipsis nos advierte de que se avecina el gran juicio divino sobre este mundo rebelde. Nuestra tarea no es jugar ni entretener, sino proclamar el Evangelio y hacer discípulos. 

Justicia
Ningún ser humano es justo (Ro. 3.10). La justicia es un atributo divino. El Justo, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5.21). "La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” (Ro. 3.22). No es una justicia por las obras, ni por la elección, sino "por la fe en Jesucristo". ¡El mundo no sabe nada de esto!

La gloria del Señor Jesucristo, la gloria de Su sacrificio redentor y la salvación de los pecadores son eternas. Los trofeos deportivos no son nada, ni siquiera existirán en la eternidad. Sin embargo, durante los siglos venideros cantaremos las alabanzas del Cordero de Dios y celebraremos los triunfos del Crucificado.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Romanos 12.2



sábado, 22 de diciembre de 2018

El Amor Al Dinero

EL VILLANCICO FAVORITO 
DE MILLONES


   Hoy casi toda España ha estado embobado y medio paralizado, con el tema de la lotería de navidad. Por la mañana no se escuchaba ni se veía a penas a nadie en la calle. Era como un día festivo en que la gente se queda dormida. Pero es el día de la lotería y todos están pegados a la tele y otros medios, para escuchar su villancico favorito cantado por los niños, y saber a quiénes le tocan “millooooooonesss”.
     Dinero de otros, no el suyo, por supuesto. No han trabajado para ganarlo, ni se lo merecen. Es dinero puesto por avaros y ambiciosos, pobres y parados, necios y necesitados, deseando que “la suerte” les toque y que de repente tengan miles de euros – ¡el dinero de otros! Por eso han comprado el cupón, ¡no para ayudar a los demás!
    La Biblia dice que el amor al dinero es raíz de todos los males (1 Timoteo 6:10). La forma correcta de obtener dinero es trabajando: “...trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno” (Efesios 4:28). “Contentaos con vuestro salario” predicó Juan el Bautista (Lucas 3:14).
      Pero la persona que ama al dinero y quiere enriquecerse no consulta las Escrituras para saber si está bien o no. Primero decide lo que quiere, y después busca cualquier manera de justificarlo. A los tales casi es perder el tiempo citarles textos bíblicos, pero aquí están los consejos y las advertencias bíblicas.


    “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste” (Proverbios 23:4).

    “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8).
  
    “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).
  
    El apóstol también identifica los “malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).
  
    “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

    Además, en las iglesias debe haber disciplina eclesial para los avaros: “No os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:5). Y los avaros no pueden ser ancianos ni diáconos. Las iglesias deben estar limpias y libres de toda clase de mundanalidad, incluso del amor al dinero.
    Los que no conocen a Dios ponen su esperanza en cualquier otra cosa, el estado, los ricos, la lotería, el timo, el robo; da igual con tal de que reciban dinero de otros, por el cual no han trabajado. ¡Pero es horrible pensar que uno puede llamarse cristiano y jugar la lotería!
    Hace años que William MacDonald escribió:
       “¡Usted puede ganar 1.000.000 de pesetas!” Con esta frase y otras similares nos bombardean constantemente tentándonos a participar en alguna clase de apuesta. Seducen a las amas de casa que van de compras al supermercado para que participen en los sorteos más recientes. Se estimula continuamente al hombre de la calle para que envíe su nombre (junto con una suscripción para una revista) y participe en la próxima lotería millonaria. La lotería y juegos como el bingo están a la orden del día con la llamativa promesa de que esta vez seremos los ganadores. También hay otras formas de apuestas más singulares: ruleta, carreras de caballos, de perros, quinielas, etc.
        ¿Qué tiene que decir la Biblia acerca de todo esto? Nada bueno.
        Dice: “las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta” (Pr. 13:11).
        Dice: “Se apresura a ser rico el avaro, y no sabe que le ha de venir pobreza” (Pr. 28:22).
        Dice: “Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente amontona riquezas; en la mitad de sus días las dejará, y en su postrimería será insensato” (Jer. 17:11).
        Aunque los Diez Mandamientos no dicen explícitamente: “No apostarás”, sí declaran: “No codiciarás” (Éx. 20:17), y ¿qué es apostar sino una forma de codicia?
        La práctica de apostar no debe tener lugar entre creyentes ni gozar de buena reputación, especialmente cuando recordamos cómo los soldados romanos echaron suertes para apropiarse de la túnica sin costura del Salvador en la escena de Su crucifixión.
         Consideremos también la pobreza y angustia que traen a sus familias los jugadores crónicos, los crímenes que se cometen para recuperar pérdidas, y las malas compañías asociadas con ello, y veremos que las apuestas no tienen lugar en la vida del cristiano.
        Después de recordarle a Timoteo que el creyente debe 
contentarse con sustento y abrigo, Pablo advirtió que: “los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Ti. 6:9).
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Tampoco vale el prometerle a Dios que si te toca le harás una gran ofrenda. Dios no quiere que le ofrezcas dinero sucio, dinero de chantaje, dinero de otros. El rey David declaró: “no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste” (1 Crónicas 21:24).
    Si los que venden el cupón te preguntan si quieres, no pienses que la suerte llama a tu puerta. Llaman el diablo, el mundo y la carne. Dí que no porque confías en Dios, no en la suerte. No pienses que Dios utilizaría la lotería para bendecirte, pues Él ya ha declarado lo que piensa. “Oh, pero no lo compré. Me lo regalaron” – otra excusa. ¿Dirías esto si te quieren regalar una película pornográfica?  ¡No! Pero la fornicación está en la misma lista de pecados que la avaricia. Así que, dí: “No gracias, soy creyente en el Señor Jesucristo”. Pero si participas en la lotería, y no hables de fe ni de Cristo, porque será una contradicción. Y piensa en cómo afectas para mal la congregación cuando escondes tu avaricia. Dios lo ve y no te puede bendecir. Acán fue avaro y lo escondió de los demás, pero dañó a toda la congregación de Israel (Josue 7).
    En Lucas 16:13-15 leemos del encuentro de Cristo con los avaros.
    “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”.

 Carlos Tomás Knott

martes, 13 de febrero de 2018

Los Tatuajes Están De Moda

  
   En un periódico español y católico, ABC, en la página “SUMMUM”, aparece un artículo sobre los tatuajes que comienza así: “En apenas dos décadas, los tatuajes han pasado a ser elementos cotidianos de nuestras vidas”.1
     Así piensa el mundo sobre los tatuajes, y muchas otras cosas que antes eran consideradas malas o por lo menos no deseables, pero ahora, están bien vistas. Es triste pero no sorprendente que haya iglesias evangélicas y padres cristianos que cambian con el mundo. Se van con las corrientes, como los que no tienen vida ni fuerzas para resistir. Así esas iglesias evitan conflictos con sus miembros, y bajas, y esos padres evitan conflictos con sus hijos, y separaciones.
     Pero la Palabra de Dios no cambia, no se adapta a los gustos y las modas para evitar conflictos. Dice claramente: “Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová” (Levítico 19:28). "Señal alguna" lo cubre todo.  Pero al leer esto algunos enseguida dicen una de dos cosas: (1) Es parte de la ley y no estamos bajo la ley. (2) Habla de costumbres de luto por muertos en la antigüedad. 
    A la primera objeción tendríamos que preguntar cómo se aplica esa lógica al versículo siguiente, es decir, ya que no estamos bajo la ley, ¿está bien hacer a nuestras hijas fornicar? ¡Ridículo! La ley prohibe los ídolos también, así que ¿ahora podemos hacer imágenes porque no estamos bajo la ley? El Nuevo Testamento prohibe conformarnos al mundo, y es un principio amplio que debería gobernar nuestras deciciones acerca de muchas cosas. Alguien me dice que nadie debe prohibir una cosa que no esté explícitamente prohibida en la Biblia. Pero quienes piensan así se equivocan y andan en terreno muy peligroso, porque hay muchas cosas que la Biblia no prohibe expresamente, pero sí da preceptos que nos guian a ver que tales cosas quedan prohibidas. Por ejemplo, la Biblia no prohibe fumar. ¿Entonces fumamos? No, porque 1 Corintios 10:31 nos llama a hacer todo para la gloria de Dios. 1 Corintios 6:19-20 nos recuerda que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, y que no somos nuestros. Pasajes como éstos nos ayuda a ver cuál es la voluntad de Dios. Salmo 32:9 nos exhorta: “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno...” Esto es lo que hace uno que se hace abogado sin carrera, diciendo: “la Biblia no lo prohibe” como excusa para hacer algo. Se hace como caballo o mulo, sin entendimiento, que quiere obligar a Dios a tratarle con cabestro y freno para declararle explícitamente todo lo que debe hacer y no hacer.
    A la segunda objeción de que eran costumbres de luto, simplemente basta leer el contexto, el versículo antes y después, para ver que el tema no es el luto, sino que son mandamientos acerca de diversas cosa. No cortarse por un muerto se refiere a una práctica pagana de luto, sí. Pero lo que sigue – imprimir señales en el cuerpo es algo aparte. Los comentaristas Keil y Delitzsch2 indican que el versículo 28 trata dos prohibiciones de desfiguración del cuerpo. La segunda es una prohibición de “scriptio stigmatis”, eso es, tatuajes, una costumbre muy común entre tribus salvajes, y todavía vista en Arabia y Egipto entre hombres y mujeres de la clase baja. La intención del mandamiento era enseñar a los israelitas una reverencia apropiada respecto a la creación de Dios.
    El hecho de que esté de moda ahora y que el mundo lo acepte no significa nada delante de Dios. El mundo también acepta la fornicación, el adulterio, el divorcio, la homosexualidad, el lesbianismo y otras cosas que Dios condena claramente en Su Palabra. “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo” todavía es un mandamiento (1 Jn. 2:15). ¿De dónde sacan la idea de tatuarse, del mundo o de la Biblia? Romanos 12:1-2 nos enseña que nuestro cuerpo debe ser presentado a Dios en sacrificio vivo, y que no debemos conformarnos al mundo. Bastantes preceptos bíblicos tenemos para concluir sin lugar a duda que el cristiano no debe usar tatuajes, y si lo hace, deshonra a su cuerpo y a Dios que manda no imprimir "señal alguna" en él. Amigo, si eres creyente de verdad, no eres dueño de tu cuerpo, sino mayordomo. Perdiste tus derechos al pie de la cruz del Señor Jesucristo que murió por ti. Si te amas a ti mismo haz lo que quieras, pero no intentes justificarlo con la Biblia. Si amas al Señor, guarda Su Palabra.
   
1 http://www.abc.es/summum/estilo/belleza/abci-cinco-tendencias-tatuajes-querras-llevar-201802121020_noticia.html
2 Keil-Delitzsch, Vol. 1, pág. 424, Eerdman’s Publishing Co., Grand Rapids, MI. 1980

miércoles, 31 de enero de 2018

El Capitán del Titánic


Edward J. Smith

¿Hubieras preferido ser el capitán del Titánic o uno de los que metían a la gente en las lanchas de socorro?  – ¿Capitán de un enorme fracaso, o humilde socorrista?
    Los que se presentan como candidatos políticos en efecto se ofrecen para capitanear el Titánic. La política es un fracaso, corrupto, carente de Cristo, y conducirá finalmente al anticristo. Dios estableció el gobierno humano, está claro que sí, pero NUNCA aconseja ni manda al creyente a meterse en ello. Todo sistema político pronto se hundirá con la tierra maldita y la necia sabiduría de los hombres. En lugar de buscar la distinción de un puesto gubernamental, u ocuparse con pequeñas "mejorías" para la gente que va rumbo al juicio divino y la perdición eterna, sería infinitamente mejor predicar el evangelio y meter a cuantos podamos en las lanchas de socorro antes de que el barco se se vaya a pique.   Hermanos, seamos sensatos. Cuando venga el Señor Jesucristo, y el juicio caiga sobre el mundo, ¿qué jactancia será decir: "yo fui miembro del congreso" o "...alcalde" o "...presidente" del naufragio? ¡Tome nota todo aspirante político, para que no cometa un error tan nefasto!

miércoles, 10 de enero de 2018

Cosas Que Dejar Atras, Parte 2

Texto: Colosenses 3:1-17

En el estudio anterior leímos versos en el capítulo 1 donde Pablo daba gracias porque hemos sido hechos aptos y partícipes de una herencia espiritual. Además de esto, vimos que Dios nos ha trasladado de las tinieblas a la luz – de Egipto a Canaán. En Cristo tenemos redención de modo que ya no somos esclavos del pecado. Además vimos que todos estos son hechos de Dios que no dependen de nosotros.
    En el capítulo 2 vimos que en nuestro Señor Jesucristo resucitado y sentado a la diestra de Dios habita toda la plenitud de la divinidad. Debido a esto, en Él estamos completos – y si esto es así, ¿qué más necesitamos sino darle las gracias? El mundo no puede de ninguna manera añadir a lo que tenemos en Cristo, ya sea por su religión, su filosofía o cualquier otra cosa. Estamos completos en Él.
    En los versículos 1-4 del capítulo 3 nos condiciona, por decirlo de una manera. ¿Habéis resucitado con Cristo? Entonces, hay que buscar las cosas de arriba. Vuestro peregrinar ha de ser mirando las cosas del cielo. La orientación del cristiano debe ser celestial, no terrenal.
    En el versículo 5, entonces, habla de hacer morir lo terrenal. ¡Cuántas cosas malas nombra aquí, y es lo que hay en el mundo!  En el mundo el deseo puede ser noble, pero no tiene poder para mejorar, porque está en servidumbre a la maldad. Como mencionamos anteriormente, bien dijo el catedrático Don José Luis San Pedro: “el mundo no tiene solución, porque hizo del dinero su dios”. Hay deseos y a veces planes de mejorar el mundo, pero se quebrantan en el camino y no se pueden llevar a cabo. El mundo no puede alterar su rumbo; va de mal en peor. En este versículo vemos cosas que nos llaman la atención. A mí me gusta leer detenidamente, pararme en las palabras y pensar en el significado de ellas. Es así que aprendemos. Por ejemplo, aquí habla de los “malos deseos” entre otras cosas. Cuando Dios creó al hombre, nos creó con necesidades: de comer, de beber, de respirar, de dormir, etc. Edén estaba provisto de árboles para comer y de un río para beber. Dios también proveyó trabajo provechoso para el hombre. Pero lo que Pablo aquí les recuerda que hay que dejar son deseos, no necesidades. Hay diferencia entre deseos y necesidades. El maligno, el tentador, entró y creó y provocó toda una serie de deseos en el hombre, para arruinar la obra de Dios. Las necesidades se miden; los deseos no. Los deseos son inconmensurables, mientras que las necesidades pueden ser cuantificadas y ordenadas. Tengamos esto en cuenta. Las necesidades puede ser satisfechas, pero los deseos nunca.
    Eclesiastés 7:29 dice: “Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones”. La palabra “recto” también se traduce “sencillo”. Es bueno ser sencillo, porque es como Dios nos quiere. La palabra “perversiones” también se traduce “artimañas”. En el Salmo 106:13-14 leemos: “bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo. Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto”. Dios los sacó de Egipto por Su gran poder, y al llegar al desierto no hubo agua. Pero llegaron a Mara, donde había agua amarga, y en respuesta a su queja Dios la cambió en dulce. Luego llegaron a Elim donde había palmeras y mucha agua. Al andar por el camino en el desierto Dios les proveyó también de maná, pero tenían deseos de las cosas de Egipto – estaban cubiertas sus necesidades pero tenían deseos desordenados. Estos deseos y el dar lugar a ellos desagradaron a Dios y resultaron en juicio sobre Su pueblo. Recordemos esto al leer en Colosenses 3. Hay que hacer morir los deseos malos – no vivamos en ellos porque nada bueno nos van a traer. El deseo empieza en la mente y no termina si no lo terminamos nosotros.
    En el versículo 8 vemos como comienza con la palabra “pero”. “Pero” es una conjunción adversativa que marca un contraste, un antes y un después. Como en Efesios 2:4 – marca el cambio entre lo que éramos y lo que es Dios y cómo nos trató. En la cena del Señor que hemos celebrado venimos a recordar a Aquel que nos amó aunque éramos pecadores, y vino del cielo para rescatarnos. En Colosenses 3:7 habla de “en otro tiempo”, pero en el 3:8 nos trata en el tiempo presente: “Pero ahora dejad también vosotros...” Las cosas que hemos de dejar, es así porque todas ellas pertenecen al viejo hombre. En Romanos 6 dice que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo. La cruz del Señor rompe los lazos y el poder del viejo hombre y el pecado sobre nosotros.
    A veces queremos los creyentes que el mundo legisle conforme a nuestros principios y criticamos las leyes que aprueban. Jamás podemos cambiar el mundo por este proceder. El mundo vive en el viejo hombre y legisla según el viejo hombre. No puede hacer otra cosa porque está en una servidumbre al pecado. Sólo los que han despojado el viejo hombre pueden revestirse del nuevo hombre (v. 9).
    Dios nos hizo en Su imagen. El pecado quitó esta imagen, podemos decir que desdibujó la imagen de Dios en nosotros. Es el efecto triste del pecado. Pero el versículo 10 nos informa que no sólo nos hemos despojado del viejo hombre, sino también nos hemos revestido del nuevo, el cual es “conforme a la imagen del que lo creó”. En Cristo somos revestido de esta imagen de Dios. Los versículos 10-14 hablan de las vestiduras del nuevo hombre. “Vestíos” – se nos exhorta. Hay que proseguir la meta como Pablo dice a los filipenses, y hay que proseguir la meta como también les dijo. La idea es que vayamos renovándonos cada día y conformándonos cada día más a la imagen de Dios.
    Nuestra función no es criticar las leyes de los parlamentos, sino predicar el evangelio. Es únicamente por el evangelio que pueden venir los cambios deseados. Cuando los hombres oyen y creen, reciben poder para ser hechos hijos de Dios, y entonces hay cambios buenos. No sirve de nada criticar los productos sin cambiar la fábrica– esto es– la vieja naturaleza, el viejo hombre, la naturaleza pecaminosa, y este cambio lo hace Dios, no los hombres. El viejo hombre nunca va a ser renovado. No puede cambiar su naturaleza. Hace falta una obra de Dios.
    Hace poco que el Secretario General de la O.N.U. nombró una comisión para estudiar el problema de la pobreza y la distribución de los bienes en el mundo. Llegó a la conclusión de que el mundo produce suficiente alimentos, pero están mal distribuidos. Esto es debido a los malos deseos, porque los malos deseos, además de malos, son insaciables. El problema radica en los deseos y el corazón humano, no en sistemas políticos, leyes, etc. Por esto el mundo va de mal en peor y no tiene posibilidad de solucionar sus problemas, porque no puede tratar la raíz de estos problemas: la naturaleza humana.
    En Romanos 6:6 leemos así: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado...” Dios no quiere que seamos ignorantes. Quiere que actuemos en base a conocimientos correctos. Por esto comienza con “sabiendo esto” – ahí está la base del conocimiento correcto – algo que saber y tener en cuenta. Nuestro viejo hombre fue crucificado. ¿Qué es nuestro viejo hombre? Es la naturaleza que recibimos de Adán, el progenitor de la raza humana. Dios tiene un plan para este viejo hombre, esta vieja naturaleza que es pecaminosa. Su plan es: “crucificado”, porque Su propósito es: “para que el cuerpo del pecado sea destruido”. Ahora bien, “destruido” no quiere decir aniquilado, sino arruinado, dejado sin efecto.
    En Romanos 6:11 leemos: “consideraos muertos al pecado”. Esto es el segundo paso. Primero hay que saber (v. 6). Después hay que considerar (v. 11). ¿Qué significa esto? “Consideraos” quiere decir, “estimaos”, “contaos”. Debemos estimarnos o contarnos como muertos al pecado. Tercero, en Romanos 6:13 nos dice: “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”. Esto es nuestro proceder. Nuestros miembros, nuestro ser y nuestro cuerpo, son instrumentos o del pecado o de la justicia. Aquí entra nuestra voluntad, nuestra decisión y consagración práctica.
    Dios no quiere que seamos ignorantes. En el versículo 6 dice: “Sabiendo esto”. En Colosenses 3:16 dice que “la Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”. Romanos 6:6 es difícil de entender, porque no podemos razonarlo – hay que creerlo y asentarlo como base. Hay que creer los hechos de Dios. Luego el versículo 11 dice “consideraos”, y el versículo 13 dice “presentaos” (entregar, rendir, consagrar, etc.). Habla de nuestra voluntad porque es lo que tenemos.
     La salvación de Dios descansa sobre dos cosas: el amor de Dios y la humildad de Su Siervo, Cristo. Él dijo: “aprended de mí, que soy manso y humilde”. Humilde y entregado. No vino a hacer Su voluntad sino la del que le envió. La cruz es el más alto grado de la humillación, y el Señor Jesucristo la escogió. Debemos aprender de Él, porque Su mansedumbre y humildad son comunicables – son para imitar. Si no hacemos esto, no podemos servir bien a Dios. Consideremos el ejemplo de Moisés, otro “salvador” aunque en sentido secundario, sin embargo es una ilustración del Señor Jesucristo. Israel sufría en esclavitud a los egipcios, y Dios en Su amor, se acordó de Su pacto y envió un libertador, que fue Moisés. Ahora bien, Moisés como joven y adulto fue adoptado por la casa de Faraón y educado en toda la sabiduría de Egipto. Pero siendo él poderoso, se adelantó, tratando de comenzar a salvar a su pueblo matando a un egipcio y escondiendo su cuerpo. Pensó que nadie lo sabía. Pero luego cuando reprendió a dos hebreos que reñían, uno de ellos  respondió: “¿Quién te ha puesto...sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?” (Éx. 2:11-14). Y tuvo que huir de Egipto y vivió cuarenta años en el desierto, un lugar sin cultura y donde no podía emplear nada de lo que aprendió en Egipto. Allí estuvo, cuarenta años cuidando ovejas, y los pastores de ovejas eran una abominación a los egipcios. Fue un largo tiempo de humillación para Moisés, porque “cuarenta años” se dice pronto, pero pasan lentamente. Y allí Dios estaba obrando en él, por medio de estos cuarenta años, por medio del desierto, por medio del pueblo nómada y su vida sencilla, por medio de aquellas ovejas. Dios estaba formando a Su siervo, porque la obra de Dios depende del amor de Dios, y de la humildad de Su siervo. Moisés tuvo que aprender la humildad y la mansedumbre para llegar a ser buen siervo de Dios, útil en Sus manos. Luego dice la Biblia que Moisés era el hombre más manso de la tierra (Nm. 12:3).
    Así, hermanos, Dios desea obrar en nosotros, formando la imagen de Su Hijo en nosotros. Quiere que dejemos atrás las cosas de este mundo, y que nos vistamos de las cosas que le agradan. Quiere que aprendamos la mansedumbre y la humildad, para que seamos útiles en Sus manos para dar testimonio de Él  en el mundo y para servir a Su pueblo. Que así sea para la gloria de Dios. Amén.

de un estudio dado en la Asamblea Bíblica en Sevilla por D. José Álvarez, 
anciano en la asamblea en Avilés, Asturias.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Contradicciones Navideñas

Contradicciones Navideñas

Las fechas de Navidad y Reyes son el tiempo del año cuando supuestamente todos piensan en el Señor Jesucristo. Pero si somos honestos, sabemos que no es así. Para empezar, ni siquiera nació Cristo en esas fechas, pues no hay pastores ni rebaños en los campos en Judea desde octubre hasta marzo, porque en esos meses hay mucho frío, lluvias, nevadas, y heladas, y no se puede estar en el campo. Además, no se conocen esas fiestas y costumbres en la Biblia,  y nada tienen que ver con las cosas que mandó el Señor Jesucristo (Mateo 28:19-20), ni hay registro alguno de ellas en las prácticas de la iglesia apostólica (Hechos) ni las enseñanzas del Nuevo Testamento (las Epístolas). No hay ninguna fiesta ni celebración navideña de parte de los creyentes en el Nuevo Testamento. Al contrario, la historia ampliamente documenta el origen pagano de fiestas como la de Saturnalia, y cómo la iglesia católica romana obró para incluir tales fiestas en la cristiandad.

El Árbol
     En ningún lugar en toda la Biblia somos instruidos a poner un árbol como memorial espiritual, ni en nada se relaciona con el Señor Jesucristo. ¿Pueden los que lo ponen mostrar siquiera un texto bíblico que instruya o apoye el uso de un árbol así? Sencillamente, la respuesta es “no”. Pero, ¡la tradición y el sentimentalismo son fuertes!
    Al contrario, el árbol como objeto religioso radica en las costumbres antiguas del medio-oriente. Siglos antes de Cristo los asirios usaban un árbol sagrado en sus ceremonias y cultos religiosos. Los babilonios empleaban un árbol para celebrar un culto a Tamuz, hijo de Semiramis.

Papá Noel
 
   San Nicolás, o “Santa Claus”, un gran mentiroso, totalmente fuera de lo bíblico, es como un dios que sabe todo y promete venir y aparecer en todo el mundo en una sola noche y reparte bienes (o carbón) según el comportamiento de cada uno. Aunque Navidad no es el nacimiento de Cristo, si lo fuera, Papá Noel tendría el papel de un anticristo, robando la atención y los afectos de muchos.
    En países predominantemente católicos, en la fiesta religiosa de Epifanía, destacan los reyes magos y operan parecidos a Papá Noel, pero sin los renos, repartiendo regalos según el comportamiento de cada cual. ¿Dónde en la Biblia dice que había tres, y de que eran reyes? Pero la iglesia católica felizmente se inventa los nombres y propaga el mito. La Biblia relata la visita de hombres del oriente que traían regalos para el rey nacido – no para todos.

Los Belenes (también llamados: “nacimientos”)
 
   Tampoco caben dentro del marco bíblico, ya que está tajantemente prohibido hacer imágenes de cualquier cosa en el cielo, en la tierra o debajo de la tierra, ni inclinarse ni rendir culto a ellas (Éxodo 20:4-5). Los terafines (dioses y templecillos caseros) han existido desde los tiempos del Antiguo Testamento. Génesis 31:19 habla de “los ídolos” (literalmente “terafines”) de Labán que su hija Raquel hurtó. Esa vieja práctica pagana de tener imágenes religiosas en las casas, es imitada y perpetuada hoy por las imágenes expuestas y veneradas en los templos católicos y ortodoxos, y en las casas, tiendas y plazas públicas de poblaciones católicas. Dios nunca permite ni mucho menos bendice tales prácticas (véase Romanos 12:1-2). Además, presentan errores, como por ejemplo los pastores y los magos juntos, cuando no era así. “Oh, pero es bonito, artístico” algunos dicen. ¿Qué tiene de bonito algo que Dios prohibe?

La Avaricia
   
 
Observamos la gran actividad comercial, las listas de deseos, los caprichos, la codicia, la envidia, todo centrado en compra e intercambio de regalos. Los comerciantes esperan la navidad con ansia porque es cuando ganan más dinero. ¡Y no olvidemos la lotería de Navidad el 22 de diciembre! Derroches de dinero en comidas lujosas. Es una escena totalmente ajena a Aquel que siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos espiritualmente. La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro. 6:23), no relojes, ropa o juguetes. ¿Y por qué no decir la verdad acerca del dinero gastado? Gastan lo que no tienen, para cumplir con las demandas y espectaciones de la fiesta, y se endeudan grandemente. Luego, la cuesta de enero, febrero y marzo cuando intentan salir de la hoya.

La Glotonería
   
La glotonería es “acción de comer con exceso y con ansia”. Es vergonzoso el descontrol en comprar y consumir en esas fechas exageradamente más alimentos de lo que se necesita, ¡y peor cuando la gente lo hace en nombre de Cristo, un Cristo que desconoce y además no quiere que reine en su vida! Las carnicerías y pescaderías ganan enormes cantidades durante estas fechas porque la gente suele comprar sin que le importe los precios. La idea parece ser tener unas cenas tan magníficas de nochebuena y nochevieja que serán recordadas el resto del año. Por ejemplo, un trabajador en una pescadería cuenta como ganan miles de euros en cuestión de una mañana y otros tantos por la tarde en esas fechas.
    Pero luego, es de común conocimiento el derroche de esas comidas, pues en muchos lugares se comen un poco de todo, para poder probar de todo lo que hay, y el resto lo tiran a la basura.
    Tales cosas no les corresponden a los cristianos, sino a los paganos. “El fruto del Espíritu es...templanza” (Gálatas 5:22-23), esto es, dominio propio. El creyente debe hacer todo, incluso comer y beber, para la gloria de Dios (1 Co. 10:31).

La Hipocresía
 
   
El surgimiento repentino de muchos saludos amisotos y sonrisas afectando felicidad viene sólo durante esas fechas, cuando en realidad en muchas casas aumentan las tensiones, y la estadística muestra alta incidencia de discusiones, peleas, y suicidios. Lo mejor que el mundo puede ofrecer es una felicidad superficial y pasajera basada en unos días festivos para regalos y comidas en un ambiente cargado con música y luces.
    Quizás lo más ridículo es la gran cantidad de personas que ni siquiera profesan ser cristianas, en todo el mundo, que celebran la fiesta navideña aunque no creen en el Señor Jesucristo, no le aman, no entienden ni les importa Su muerte, ni desean que Él gobierne sus vidas, ni mucho menos que venga a reinar sobre todo el mundo, ni mucho menos sobre su vida personal. Su nombre y nacimiento son pretextos para festejarse egoístamente.

La Razón de la Encarnación
 
   
Muchos no saben por qué Jesucristo vino. La idea no era traer regalos ni comidas ni días de vacaciones. 1 Timoteo 1:15 declara que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. Su venida era una misión divina de rescate. John 3:16-17 declara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.
    La principal razón por la que se encarnó era hacer posible nuestra salvación. Para eso, Dios encarnado fue al Calvario y llevó “nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Setecientos años antes el profeta Isaías habló de la muerte de Cristo por nosotros, y la describió en el capítulo 53 de su libro. Conviene leer ese capítulo para entender el porqué de la venida de Cristo. Ese propósito se expresa en Hebreos 10:5, que habla de Jesucristo: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo”. El versículo 10 indica que el propósito era sacrificarse en la cruz: “...la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. El versículo 12 comenta la eficacia de esa ofrenda: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”.  Es ese sacrificio lo que el Señor nos manda recordar, y nada tiene que ver con lo que el mundo celebra en diciembre y enero. En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribe y manda: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. En la Biblia los creyentes no celebran el nacimiento del Señor, sino Su muerte y resurrección. Las fiestas paganas nada tienen que ver con la fe cristiana.

¿Cuándo Está Bien Deshonrar A Los Padres Piadosos?


¿Qué dice la sabiduría del mundo?
· Cuando tengas 18 (o 21) años de edad, eres adulto y puedes hacer lo que quieres. Tus padres no tienen voz ni voto en tu vida.
 
· Es tu vida, y estás libre a vivir como quieras, sin interferencias. Líbrate de tus padres, pues no eres un niño.
 
· Si estás casado, tus padres no pintan nada y ni siquiera deberían darte consejo a menos que lo pidas, porque eres adulto y puedes pensar y actuar por tí mismo. Estás libre de ellos.
 
· Eres un adulto. ¿Por qué te importa lo que piensan tus padres? Vive tu vida, y ellos tendrán que acostumbrarse a la realidad de que no los necesitas.

· Lo más importante es que seas feliz, no que agrades a otros, ni que sigas normas impuestas por otros.


PERO, ¿Qué dice la Escritura?
Proverbios 1:8
“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre”.    
Proverbios 6:20-21
“Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre;  Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello”. 

Proverbios 20:20
“Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa”.

Proverbios 23:22-25
“Oye a tu padre,a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies. Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia. Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrense tu padre y tu madre, gócese la que te dio a luz”.                                           
Proverbios 30:11, 17
“Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice”.
“El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila”. 

sábado, 16 de diciembre de 2017

14 Frases selectas de A. W. Tozer




1. Ningún hombre se ha arrepentido verdaderamente hasta que su pecado lo ha herido cerca de la muerte, hasta que la herida lo ha quebrado y derrotado y ha tomado toda la lucha y la confianza en sí mismo, y él se ve a sí mismo como alguien que clavó a su Salvador en el madero…No hay nada como una herida que quite la confianza en nosotros mismos, que nos reduzca a la infancia de nuevo y nos haga pequeños e indefensos a nuestra vista…Todos los grandes cristianos han sido almas heridas”.

2. “Lamentablemente ha surgido una nueva generación de creyentes que piensan que es posible estar en Cristo sin abandonar el Mundo”. 

3. Yo no predico ninguna nueva verdad. No tengo ninguna nueva doctrina …. Debemos tener un avivamiento que significa la pureza de corazón como un estándar normal para todos. Tenemos que ser gente limpia, y no estar limpiando la parte externa”. 

4. “Qué cosa más terrible es la idea actual de que los cristianos pueden servir a Dios a su manera”. A.W Tozer

5. “Es dudoso que Dios bendiga grandemente a un hombre, si antes no lo ha herido profundamente”.

6. “El propósito de nuestras buenas obras no es para cambiarnos o salvarnos; es la prueba del cambio dentro de nosotros”.

7. “Usted puede ser teológicamente tan recto como un cañón de escopeta, pero estar espiritualmente tan vacío como él”. 

8. La iglesia debe de buscar en oración y mucha humildad el regreso de hombres hechos de lo que los profetas y mártires fueron hechos”.

9. “Estar bien con Dios a menudo ha significado estar en problemas con los hombres”.

10. “Un verdadero adorador lo es en todo momento y en todo lugar, con su corazón, mente y voluntad, no sólo cuando entona un himno”.

11. Es necesario, que nuestro Padre Celestial, quien vela por nosotros con todo cuidado, nos prive de Sus consuelos internos y retire nuestra comodidad a veces para enseñarnos que solo Cristo es la Roca sobre la cual deberíamos descansar y depositar nuestra confianza eterna”.

12. “No somos diplomáticos, sino profetas, y nuestro mensaje no es un arreglo al que llegamos, sino un ultimátum”.

13. “La iglesia evangélica moderna se ha rendido al mundo, lo excusa, lo explica, lo adopta y lo imita. Cada vez son más los predicadores jóvenes que imitan a los hombres de este mundo con un grado muy superior de esfuerzo que el que aplican a imitar a los santos de Dios. No les interesan los hombres santos, ni tampoco imitarles, sino que se vuelcan en imitar al mundo y aceptarlo por entero”.

14. “'Santos' que no son santos; esa es la tragedia del cristianismo de hoy”. 

tomado del blog:  http://alianjesus.cubava.cu/2016/02/16/15-frases-selectas-a-w-tozer/

jueves, 19 de octubre de 2017

La Rebelión de Uzías: Cuando lo bueno se vuelve malo

2 Crónicas 26:16-18

“...su corazón se enalteció para su ruina;
 porque se rebeló contra Jehová su Dios...”
(v. 16)

Muchos se acuerdan de la rebelión de Coré, pero no tantos recuerdan la rebelión de Uzías. El rey Uzías era uno de los reyes buenos de Judá, e hizo mucho bien. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice: “Mas cuando ya era fuerte...”, vino el problema. Uzías se había hecho fuerte, era un hombre poderoso y que había logrado mucho. Veía que podía hacer todavía más, y quizá confiaba en su riqueza, habilidad y vigor, pero si fue así, en esto se equivocó. Para muchas personas, hombres y mujeres igualmente, la fuerza y riqueza es más una prueba de su carácter que la debilidad.
    Puesto que Uzías era un rey bueno, ¿en qué se rebeló? Otros habían introducido la idolatría, como Jeroboam, y aun Salomón. Aun David se rebeló una vez y cometió adulterio. Otros habían confiado en alianzas inmundas con los enemigos de Israel. Alguno incluso mató a un profeta de Dios. ¿En qué se rebeló Uzías? No fue nada de todo eso. Ni siquiera fue nada que pudiera parecernos tan grave, porque al fin y al cabo, simplemente quería quemar incienso a Jehová, servirle y rendirle culto de esta manera, en adoración. ¿Acaso es esto malo?
    Por supuesto que no. Servir a Dios es bueno. Adorarle es bueno. Pero, como Caín mismo y otros habían tenido que aprender a lo largo de la historia, es Dios y no nosotros quien decide cómo se le debe adorar y servir. Dos hijos de Aarón habían muerto en el tabernáculo al principio de su historia, siendo ellos sacerdotes consagrados, simplemente porque: “tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó” (Lv. 10:1-2). Para Dios, el pecado de Nadab y Abiú fue tan grave como el pecado de Israel con el becerro de oro, y mostró Su disgusto y condenación con un juicio instantáneo.
    Volviendo a lo de Uzías, los sacerdotes de Jehová se pusieron contra él, y le dijeron:

    “no te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios” (2 Cr. 26:18).

    Los ministros de Dios tuvieron que ser valientes, y actuar sin acepción de personas. El rey mandaba en el reino, pero no en el templo, la casa de Dios.  Y cuando los siervos de Dios actuaron con valentía, Dios mostró Su aprobación y juzgó al rey encolerizado.
    Aunque es del Antiguo Testamento y tiene que ver con cosas del primer pacto, recordemos lo que el Nuevo Testamento afirma: “...las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Ro. 15:4). Quemar incienso a Dios es bueno, pero lo bueno se vuelve malo, cuando alguien a quien no le pertenece se empeña en hacerlo. Si una persona intenta entrar en un ministerio o servicio que Dios no tiene designado para ella, por buenos que sean el ministerio y sus intenciones, está cometiendo un pecado. Como lo fue con Uzías, es el pecado de rebelión: “contra Jehová”. Y la rebelión no es un mero acto físico, es una actitud, radica en el corazón: “su corazón se enalteció”. Es decir, Uzías tenía una opinión de sí mismo, su potencia, su habilidad o sus derechos, que era más allá de lo debido, fuera de los límites.
    Vivimos en tiempos cuando el mundo piensa y habla mucho del potencial humano, y de los derechos humanos. Quizás hay muchas maneras de las cuales podríamos aplicar la lección de Uzías, pero invito a cada lector a considerar la siguiente. Entre otras cosas, un gran énfasis está siendo puesto sobre el tema de la mujer, su igualdad con el hombre, su potencia y habilidad, y sus derechos. El movimiento feminista ejerce su influencia en todo el mundo, incluso en las iglesias evangélicas. Es bueno que la mujer no sea tratada como propiedad ni como objeto de placer, por supuesto. Pero el tema que nos preocupa no es el maltrato de la mujer, sino el maltrato que algunas mujeres están dando a la Palabra de Dios y el orden que Él estableció, no los hombres. Las iglesias que no han sido tocadas por los vientos de cambio respecto a la mujer son más bien pocas.   
    Un misionero inglés, procedente de las asambleas pero casado con una mujer  pentecostal, me solía decir: “tenemos que potenciar el ministerio de la mujer”. No se refería al ministerio de la mujer delineado en Proverbios 31, sino más bien a la idea de dejarlas predicar, enseñar en reuniones de mujeres y llevar a cabo el pastoreo femenino en las iglesias. El mundo aplaude esto, porque es la actitud en general hoy – lleva décadas fortaleciendo y potenciando a las mujeres. Pero el protagonismo y los aplausos del mundo deben hacernos parar y pensar, porque es el enemigo de Cristo y de la Palabra de Dios. En nuestros tiempos es común encontrar aún en las congregaciones evangélicas que las mujeres jóvenes estudian carreras universitarias. Los colegios e institutos las mentalizan que eso es lo que deberían hacer. Para ellas lo anormal es que una mujer joven no tenga carrera. Aunque quizás no lo dirían exactamente así, miran con cierto desdén el concepto “anticuado” de quedarse en casa. Afirman que la mujer es capaz de hacer lo mismo que el hombre. En muchas cosas no lo dudamos ni lo discutimos, pero la cuestión no es si puede, sino si debe.
    A muchas mujeres creyentes les está pasando la crisis y prueba de Uzías. Han bebido de las fuentes del mundo, y: “ya son fuertes”. Ven que tienen potencial y habilidad, se han fortalecido y engrandecido. Ya no son las humildes y sencillas mujeres piadosas de antaño cuyo ministerio era ser esposas, madres y amas de casa. Ahora son más intelectualmente desarrolladas (como si trabajar en casa fuera para tontas), y han logrado cierto éxito en sus empresas. Como Uzías, ellas también creen que pueden hacer más, y quizás confían en su habilidad y vigor, pero en esto se equivocan.  Para estas mujeres, la fuerza es más una prueba de su carácter que la debilidad y están cayendo en el mismo pecado, de enaltecerse para su ruina, y rebelarse contra Jehová su Dios. Es una acusación muy grave, ya lo sé, y procuraré explicarme.
    Como Uzías, un número creciente de mujeres evangélicas, que tienen apariencia de piedad, y de quienes se supone que sólo desean glorificar a Dios, se están equivocando respecto al ministerio. Y el problema se hace peor si alguna de ellas es misionera o la mujer del pastor, y usa su posición e influencia para enseñar sus ideas y prácticas a otras, todo con el consentimiento de su marido. Pero recordemos: “Lo ha dicho la misionera” o “...la mujer del pastor”, no es lo mismo que: “lo ha dicho Dios”. En todo el hablar de los derechos de la mujer, se nos están olvidando la Palabra de Dios y los derechos de Dios y Sus prerrogativas divinas. Todavía en el siglo XXI es Dios quien decide cómo se le debe adorar y servir, y Sus decisiones han sido declaradas en Su Palabra, no en congresos ni concilios de evangélicos.
    Pero hoy las personas jóvenes no conocen otra cosa, porque han nacido en un ambiente evangélico ya alejado de la Palabra de Dios, ya contaminado por ideas mundanas. Les parece normal que haya reuniones y estudios de mujeres, retiros para mujeres (y en algunos de ellos la cena del Señor con sólo mujeres, presidida por ellas), conferencias para mujeres, revistas para mujeres con mujeres escritoras y mujeres pastoras. Aunque no sean reconocidas como tales, existen situaciones en las que aparentemente creen que sólo ellas pueden visitar, entender y aconsejar a las mujeres. Eso es una afrenta a la Palabra de Dios y el liderazgo y ministerio de los hermanos varones que Dios, no los hombres, estableció. Las conferencias celebradas son para todos los creyentes, el ministerio de la Palabra en la iglesia es para todos los creyentes, y las revistas hasta hace poco han sido para todos los creyentes. ¿De dónde entonces esta idea de algo: “sólo para nosotras” y “caminemos juntas”? Cierto es que su procedencia no es bíblica, porque no está en la Biblia. No hay ningún libro en la Biblia escrita por una mujer, ni escrita solamente para mujeres.
    En el Nuevo Testamento (espero que al lector le importe) no hay mujeres misioneras, conferenciantes, escritoras, pastoras, etc. Las mujeres piadosas aprendieron en silencio y no enseñaron ni ejercieron liderazgo. La única manera de lograr estas cosas hoy en día es apelando a argumentos culturales (la evolución social: una teoría de Marx, tomada de ideas de Darwin) y en nombre del progreso. Pero las asambleas progresistas carecen de apoyo bíblico, porque el buen camino no está por descubrir en el futuro. Está atrás, en la Palabra de Dios. En Jeremías 6:16, Dios no dice: “adelante”, sino: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él”. Lamentablemente, el pueblo respondió: “No andaremos”. Era un problema de la voluntad, no de falta de información. Dios continuó: “Escuchad al sonido de la trompeta” (alarma), pero el llamado pueblo de Dios dijo: “no escucharemos” (v. 18). Otra vez, es cuestión de la voluntad. ¿No tenemos el mismo problema hoy en día? No nos falta información, sino voluntad para obedecer a Dios. Sería mucho más triste si hoy en día repitiéramos este gran error. Sufriríamos también el disgusto y la desaprobación de Dios. Como la iglesia de Laodicea, el olor del mundo está sobre las iglesias “contemporáneas”, progresistas, manifiestamente mundanas. Su éxito y popularidad temporales no les salvará en el día del juicio. En aquel día la Palabra de Dios será abierta, y dice:

    “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Ti. 2:11-14).

    Hay que afirmar que amamos y estimaos a nuestras hermanas en la fe, pero ni aun así le corresponde a una mujer el liderazgo, ni siquiera de otras mujeres, y con la Biblia NO se puede demostrar lo contrario, porque Dios estableció que lo tuvieran los varones. No se trata de machismo, sino de aceptar el diseño y el plan del Creador y Cabeza de la Iglesia. Porque una escoba no debe usarse para pintar una casa, no quiere decir esto que no sea útil. Es útil en el lugar y trabajo que le corresponde. Y así es con el servicio que cada uno debe rendir al Señor y a Su Iglesia. Respecto a la mujer creyente, las razones dadas por el Espíritu Santo aquí no tienen absolutamente nada que ver con la cultura, sino con los propósitos de Dios en la creación y después de la caída. No se contempla en la Palabra de Dios “directoras” de ministerios, ni pastoras, ni consejeras, ni escritoras, ni nada semejante. Seamos honestos, la Biblia no enseña que las mujeres hagan esto. Al contrario, Dios dice en Su Palabra inspirada e inerrante: “Aprenda en silencio, con toda sujeción”. Queridos hermanos, es inútil defender la Biblia como plena y verbalmente inspirada por Dios e inerrante, y luego claudicar en la práctica sobre lo que Dios ha dicho. Y en algunos casos, es más que un error; es hipocresía.
    Es interesante notar que el mismo pasaje, 1 Timoteo 2:9-15, asocia la piedad de la mujer con su forma de vestir, con su carácter y con su conducta. Y justamente estas cosas son las que muchas veces también les falta a muchas mujeres evangélicas. Han aprendido del mundo cómo vestirse, qué carácter es bueno tener, y cómo conducirse. El bombardeo continuo de los medios de comunicación, la tele, la radio, las revistas, también la educación en escuelas públicas, y la influencia de la sociedad alrededor nuestro han dejado su marca. Es una especie de lavado de cerebro, hecho poco a poco, a lo largo de los años de la juventud y sin ser percibido hasta que su trabajo, como la carcoma, ya está hecho.

    “Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza,; porque lo mismo es que si se hubiese rapado...Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles...Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?” (1 Co. 11:5-13).
           
    Dios estableció el velo como símbolo de autoridad, y por ende, símbolo de la sumisión de la mujer cristiana a esta autoridad. No se puede relegar a los tiempos y la cultura de Corinto, puesto que el versículo 16 habla de: “las iglesias de Dios”.

    “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Co. 14:33-35).

    El apóstol Pablo escribió esto, no por su cuenta, sino bajo la inspiración del Espíritu Santo. Es Palabra de Dios, y por lo tanto, el silencio de la mujer en la congregación, en público, es bíblico y por tanto, correcto. Es doctrina apostólica acerca de la mujer. Y añade: “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Co. 14:37). Entonces, fue Dios, mediante el apóstol, quien hizo de esta doctrina un “test” de servicio a Dios y espiritualidad. Las iglesias que no observan el silencio de la mujer desobedecen la Palabra de Dios. Los que les enseñan a hacerlo, por más letras que tengan detrás de su nombre, no hablan de parte de Dios ni son espirituales, antes al contrario, les falta discernimiento en la Palabra de Dios. Comprendemos que declarar esto es para muchas personas como una provocación, pero tal reacción simplemente indica lo lejos que hemos ido de la Palabra en nuestro desliz. ¡Es hora ya de parar, mirar, preguntar por la senda antigua, y andar en ella! Uzías se rebeló contra la Palabra de Dios; quiso tomar para sí libertades (supuestamente buenas) que Dios no permitía. Fue pecado.
    Otra vez vivimos las circunstancias vergonzosas de la rebelión de Uzías, cuando algo bueno se vuelve malo. Pero esta vez las mujeres son las protagonistas en la rebelión. Es rebelión contra la Palabra de Dios cuando una mujer entra en el pastoreo, cuando deja de aprender en silencio y comienza a dar estudios y enseñar la Palabra de Dios. Cuando una mujer toma el liderazgo en la iglesia, por buenos que sean el ministerio o las intenciones de ellas, es pecado. Se supuso que Uzías quería glorificar a Dios y rendirle culto más de cerca, pero los sacerdotes le mandaron salir del santuario, y le declararon tres cosas:

    1. “no te corresponde a ti”
    2. “has prevaricado”
    3. “no te será para gloria delante de Jehová Dios”

    Esto es lo que debe suceder entre nosotros, queridos hermanos, si vamos a ser un pueblo fiel a Dios y a Su Palabra. ¿Dónde están los varones de Dios, siervos fieles que creen a Su Palabra? Los sacerdotes respetaban al rey, pero no obraron con acepción de personas. Nosotros respetamos y estimamos a las mujeres creyentes, como coherederas de la gracia, claro que sí. No se trata de una lucha contra las mujeres, sino contra la falta de respeto que hemos tenido a la Palabra de Dios. Pero debemos obrar con acepción de personas simplemente porque en este caso son mujeres. No hay que andar de puntillas porque son esposas de ancianos, de misioneros  o mujeres “encomendadas” a algún ministerio eclesial o paraeclesial, sino ponernos contra ellas (no como personas, ni como mujeres coherederas de la gracia, sino en el contexto bajo consideración) y decirles tres cosas: “no os corresponde”, “habéis prevaricado”, y “no os será para gloria delante de Jehová Dios”.  Y al hacerlo, que nadie nos acuse de tener manías a las mujeres, porque no es así. Es cuestión de amar al Señor y Su Palabra tanto, ¡que deseamos fervientemente hacer lo que dice!
    Y en más de un caso, gran parte del problema son los varones. Hemos cedido nuestras responsabilidades y privilegios a las mujeres, a veces por pereza, otras por apatía, a veces por avaricia o amor a los deleites. Nos hemos pegado a la tele, hechos unos adictos al futbol o a las películas, y las mujeres han preferido la Palabra de Dios. O nos hemos sumergido en el trabajo y el negocio, haciendo dinero, subiendo en la carrera, y no hemos tenido tiempo para la Palabra del Señor ni para servirle. No nos pueden preguntar en casa acerca de la Palabra, porque no sabemos, excepto acerca de quién ganó la copa del rey. No nos hemos esforzado para salir a las puertas, para ir a visitar, ni siquiera hemos abierto las nuestras para ejercer hospitalidad. Comprendemos a nuestro perro de caza o nuestro Mercedes más que a las personas, así que, ¿cómo vamos a aconsejar y pastorear? Todo esto es verdad, y de ello tenemos que arrepentirnos, pero aunque esto es así, los hombres no tienen toda la culpa en exclusiva.
    La otra cara de la moneda acerca de los hombres es que algunos son pusilánimes. Aun el gran Acab escuchó la voz de su mujer, Jezabel. Dios acusó a Adán de haber escuchado la voz de su mujer al sumergir la raza en el pecado. Abraham escuchó la voz de Sara respecto a un hijo, y el resultado fue Ismael y siglos de problemas. Hay hombres que en la calle son leones, pero en casa, gatitos domesticados. En el púlpito son grandes oradores, pero en casa son mandados. Y en algunos casos los propios maridos temen  pararle los pies a su mujer, y si no pueden con ella, ¿qué van a hacer en la iglesia? Quizá saben que como Uzías, ellas se llenarán de ira y habrá una escena desagradable. Puede que algunas manden en privado, en su matrimonio y familia, aunque no deberían, pero no podemos callarnos cuando como Uzías, ellas llenan sus manos con incienso y desean entrar en un ministerio que Dios les tiene prohibido. Quizá se enojarán, pero ¿cuál es la procedencia de semejante ira, sino el alto concepto que algunas tienen de sí mismas? Quizá se creen “maestras” y “líderes”. Si han bebido de las fuentes del mundo, están en cierto sentido borrachas de ideas mundanas en cuanto a su importancia y potencial. Así que, debido al mucho tiempo en que los varones han ido cediendo el terreno, dejando a las mujeres “desarrollar” su ministerio fuera de casa más y más,  ahora no será fácil la reconquista de lo perdido por falta de valentía o por falta de convicción.
    Es válido hasta cierto punto el temor de que si nos oponemos a ellas, habrá contienda, división y pérdida. A lo mejor no reaccionan ellas así públicamente, pero sus maridos y otros hombres controlados por ellas, sí, levantarán oposición abierta. La dinámica de esta situación ha sido descrita por el dicho: “En casa ella le escribe las partituras, y el público él canta”. Pero quien escribe las únicas “partituras” que valen para la iglesia, la familia y la vida cristiana, es Dios. Así que, hay que decidir, como los sacerdotes en el tiempo de Uzías, qué es realmente importante.
    Siempre vale más ser fiel a Dios y Su Palabra que quedar bien con los hombres, o en este caso, con las mujeres que desean el protagonismo en las asambleas. La Palabra de Dios no ha cambiado, y en ella no hay precepto ni ejemplo de lo que hoy en día  las mujeres evangélicas hacen y quieren hacer. Pero en las asambleas padecemos de una crisis de convicciones bíblicas y de liderazgo espiritual.
    Es mi convicción que debemos arrepentirnos humildemente, y confesar nuestro pecado, no tratando de excusarlo o minimizarlo, y volver a dirigir las congregaciones (y nuestros matrimonios y familias) por la Palabra de Dios. No es cuestión de simplemente hacer declaraciones, sino de hacer cambios, de ordenar nuestras vidas y prioridades para que los varones sean en verdad los líderes, guías y maestros espirituales que toda la iglesia necesita.
    Toda retórica acerca de derechos, habilidad o potencial de la mujer es vana, porque no se trata de esto. Se trata de que Dios ha hablado y nos ha dicho cómo proceder. Entonces, sobran todas nuestras ideas acerca de cómo mejorarlo. Dios ha hablado en Su Palabra, la Biblia. ¡Este librito no es la Biblia! Todo lo que cita de la Biblia debe ser leído y escudriñado como hicieron los de Berea. ¿No sería triste si Dios estuviera tratando de decirnos algo y no le dejábamos?
    Todos los creyentes, varones y mujeres, somos miembros de la familia de Dios sólo por Su gracia. Somos coherederos y copartícipes de la misma gracia (1 P. 3:7). Pero recordemos esto, habilidad y oportunidad no son lo mismo que responsibilidad. En la casa de Dios no todos tenemos la misma responsabilidad y función. Hermanos, hermanas, no repitamos el error de Uzías. Nuestras amadas hermanas no deben desear entrar en el ministerio que el Señor designó para los varones, y los hermanos no deben ser pusilánimes ni cobardes ni permisivos respecto a las intrusiones femeninas. No se nos envanezca el corazón más para nuestra ruina, y no nos rebelemos contra lo que Dios ha escrito. Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.
Carlos Tomás Knott

viernes, 4 de agosto de 2017

PREFIERO A CRISTO


El Diablo ofrece los reinos y la gloria de este mundo:
Mateo 4:8-9  "le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré..."


Pero el creyente desestima todo esto, como hizo su Señor, se confiesa peregrino y extranjero (1 Pedro 2:11), y vive con el anhelo de conocer a Cristo.
 
Filipenses 3:8 "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo"
 
Mejor es mi Cristo que el oro mortal,
ser Suyo prefiero que andar en el mal.
Mejor es mi Cristo que todo oropel,
prefiero ser guiado por Su mano fiel..

ANTES QUE SER REY DE DOMINIOS MIL,
Y VIVIR EN LA MALDAD,
PREFIERO A CRISTO Y SÓLO A ÉL
QUE LO QUE ESTE MUNDO DA.

Mejor es mi Cristo que el bien temporal,
prefiero ser fiel a Su causa Eternal.
No quiero la fama del mundo falaz,
prefiero seguirle y obtener Su paz.

Más bello y Sublime que flor matinal,
mejor que la miel que destila el panal.
Jesús satisface de mi alma el clamor,
prefiero seguirle con tenaz fervor.
 
Colosenses 2:2-3“...Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”

lunes, 27 de febrero de 2017

Los Políticos y 1 Corintios 13_1-7

 1 Corintios 13:1-7  
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.  2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.  3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.  4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;  5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;  6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.  7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 

1. Los políticos hablan bien, pero carecen del amor de Dios. Son metal ruidoso, bulla de címbalos. 

2. Los políticos presumen de entender muchas cosas y saber qué hacer para mejorar el mundo. Creen que pueden hacerlo. Pero no son nada, porque operan fuera del ámbito del amor de Dios.

3. Los políticos proponen programas sociales -- mejor vida para los pobres, mejor cuidado médico, mejores salario, mejores escuelas, pero de nada les sirve todo lo que hacen, ya que operan sin el amor de Dios.

4-7. ¿Cómo sabemos que carecen del amor que es fruto del Espíritu? Simplemente leemos los versículos 4-7 y sabemos que no describen a los políticos.

El amor de Dios buscan la salvación y el eterno bienestar de todo ser humano.  Perdona, salva, cambia, guía, cuida y bendice con toda bendición espiritual en lugares celestiales a los creyentes. 

Entonces, ¿cuál debe ser nuestra ocupación y nuestro mensaje como creyentes?  "¿Id y reformad los gobiernos, o los países?" ¡No! "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Mr. 16:15). Hasta que venga el Señor, ¡esas son nuestras órdenes!

"Porque no nos predicamos a nosotros mismos, 
sino a Jesucristo como Señor"  
2 Co. 4:5

viernes, 10 de julio de 2015

HUYE DE LA LUJURIA

 
Dios creó al ser humano varón y hembra. El deseo sexual tiene como meta la concepción de hijos, la propagación de la raza humana. Los animales también tienen este deseo reproductivo. Así que el sexo es bueno. Dios lo hizo.
    Pero el hombre está hecho en imagen de Dios; es más que un animal. No tiene que seguir los instintos físicos como los animales, y si lo hace, no tiene disculpa, porque no está hecho en imagen de los animales.
Dios hizo una mujer para un hombre y los unió como una sola carne (Gn. 2:24). Sobre esta bendita unión, la que Dios hace, Jesucristo declaró que no es el deseo de Dios que sea separada excepto por la muerte (Mt. 19:6). Una boda cristiana celebra la santidad y permanencia de esa unión. Toda otra actividad sexual antes o fuera del matrimonio es pecado e inmundicia.
    Pablo advirtió a Timoteo: “Huye de las pasiones juveniles” (2 Ti. 2:22). Una de estas pasiones, pero no la única, es el deseo sexual, que comienza con la pubertad y alcanza su máxima fuerza entre esa edad y la década de los viente años. Pero ese deseo intenso sigue en la vejez, aun entre los que alcanzan ochenta años de edad. Por eso, la admonición bíblica es oportuno a casi cualquier edad: “Huye de las pasiones juveniles”. Pero, ¿qué significa?
    Hablando sólo de la lujuria, del deseo sexual, quiere decir que hagas todo lo posible, todo lo que está en tu poder, para evitar lo que provoca, excita o da lugar a pasiones ilegítimas. Y fuera del matrimonio, todo actividad sexual es ilícita, es pecado. Ya que Pablo lo escribió al joven Timoteo, ¿qué excita las pasiones de un hombre? Oh, pues, la ramera lo sabe muy bien. Ella desea tentar y atraer al hombre, así que se viste provocativamente para inflamar su lujuria. Un diseñador prominente de vestidos dijo que sus ideas para vestidos venían de visitar los lugares de la ciudad donde trabajan las prostitutas.
    Pedro insta a las mujeres a vestirse modestamente (1 P. 3:1-5).Esto significa que mantengan sus cuerpos cubiertos de modo que los hombres vean su rostro y su carácter. Una mujer puede ayudar a los hombres a pensar castamente si se viste con modestia. Haciéndolo les ayudará a los hombres y a ella misma a huir de la lujuria.
    Y los hombres tienen gran parte de la culpa, pues no son víctimas inocentes. Miran donde no deben. Piensan en lo que no deben. Permiten imaginaciones que desagradan a Dios. Se meten en situaciones y en compañía provocativa. José en Egipto salió corriendo, literalmente huyendo de la mujer de Potifar. Pero hay muchos que no huyen como él. Proverbios 7:22 los describe así:  "...se marchó tras ella, como va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado". Proveen para los deseos de la carne. Cavilan cómo conseguir lo que quieren. Endulzan sus palabras y se hacen protagonistas de la pasión. Voluntariamente se contaminan. Como Esaú, venden su primogenitura por unos momentos de placer. Así que, nada de inocencia, no nos engañemos.
    Hermanos, está claro que Dios manda al hombre casarse y canalizar ese natural deseo sexual hacia su esposa. Los conyugues deben ser fieles y entregados el uno al otro (véase Pr. 5:15-21). Esto traerá satisfacción y felicidad, tanto para la pareja así como para sus hijos porque tendrán padres fieles y felices. Esto es lo que Dios quiere. ¿Qué quieren el diablo, el mundo y la carne? ¡Lo contrario! Entonces la cuestón es: ¿Con quién andarás, con Dios en santidad, o con el diablo, el mundo y la carne en pecado e inmundicia. ¿Serás sabio o necio? ¡Seamos sabios, sí, huyamos de las pasiones juveniles y vivamos una vida santa para Dios!
 
Donald Norbie, traducido y adaptado de su artículo en la revista “Precious Seed” (“Semilla Preciosa”), noviembre 2010