¿Por qué querría alguien que sigue al Señor Jesucristo una "Copa Mundial"? Mejor dicho: una copa mundana, una copa de este mundo. ¡Las Escrituras nos advierten claramente sobre el mundo, sobre lo que es y lo que ofrece!
1 Juan 2.15-17
15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Un hombre llamado Demas amaba el mundo y abandonó al apóstol Pablo para no servir al Señor (2 Ti. 4.10). Muchos otros discípulos potenciales se han perdido y manchado en el mundo, hechizados por él, absortos en él, buscando la felicidad y la plenitud en él. ¿Eres tú como Demas o como Pablo?
Dios dice que el mundo entero está bajo el maligno, es decir, el diablo (1 Jn. 5.19). ¿Estás de acuerdo?
En Efesios 2.2 se nos informa de que antes de ser salvos,
seguíamos la corriente de este mundo, porque éramos manipulados por el
diablo.
No se trata del planeta, sino de la sociedad. El mundo es un sistema vano, engañoso y peligroso, que se opone a Dios. Como muchas otras cosas, su origen se encuentra en el libro de Génesis.
Caín fue desterrado por Dios tras asesinar a su hermano Abel. La raíz hebrea de "Nod" (heb. nud) significa "vagar". Era una zona "al este del Edén" (Gn. 4.16). El término simboliza una vida egoísta, inútil, enajenada, alejada de la presencia de Dios.
En su obra clásica, El Progreso del Peregrino, Juan Bunyan utilizó acertadamente "La Feria de Vanidades" para ilustrar el mundo. El mundo intenta alejar a los cristianos de Cristo y se atreve a juzgar a los fieles, pero se resiente cuando es juzgado.
William MacDonald define el mundo (gr. kosmos) como "un sistema organizado y encabezado por el diablo, con el propósito de mantener a la humanidad ocupada y feliz sin Dios".
Caín fue utilizado por el diablo para poner en marcha ese sistema: una sociedad sin Dios, con industria, arte, música, religión, política, filosofía y muchas otras cosas. El mundo permite la violencia, la autoimportancia, la jactancia y todo tipo de inmoralidad. Ofrece una gran variedad de cosas para apelar a los gustos y mantener a la gente ocupada y feliz sin Dios. El deporte es simplemente una de ellas.
Lo cual nos lleva de vuelta al Mundial, y también a la vanagloria de todas las demás competiciones deportivas, ligas, campeonatos y trofeos.
A pesar de todo el alboroto, en realidad carecen de importancia en el gran esquema de las cosas, pero son tan típicos del mundo y de la sed de diversión del ser humano. El mundo da más importancia a los sentimientos y a las experiencias pasajeras que a la realidad espiritual, y a lo temporal que a lo eterno. Dentro de cien años, ¿quién se acordará de quién ganó un trofeo y qué importará?
"La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas" (2 P. 3.10). Se quemarán porque Dios los desestima. Eso incluye los mundiales.
¿No tenemos nada mejor que hacer con nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra energía? En palabras de C. T. Studd:
"Solo una vida, que pronto pasará,
solo lo que se haga por Cristo perdurará".
Me viene a la mente Jeremías 9.23-24.
“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.
Es mejor conocer a Dios que a los "héroes" deportivos del mundo, que no aportan nada duradero a la humanidad y pronto caerán en el olvido. Conocer al Señor y caminar con Él es infinitamente mejor que todo lo que este mundo pueda ofrecer.
Su misericordia, Su juicio y Su justicia quedan claramente de manifiesto en el Evangelio.
Misericordia
En Su misericordia, y sin acepción de personas, Dios nos amó a todos cuando éramos Sus enemigos (Ro. 5.6-10) y envió a Su Hijo para salvarnos. Su amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro. 5.5). ¡Sus misericordias son nuevas cada mañana! (Lam. 3.22-23).
Juicio
Todos estamos condenados por nuestros pecados, sin embargo, ese terrible juicio divino recayó sobre Cristo en la cruz (Is. 53.6). Y el Apocalipsis nos advierte de que se avecina el gran juicio divino sobre este mundo rebelde. Nuestra tarea no es jugar ni entretener, sino proclamar el Evangelio y hacer discípulos.
Justicia
Ningún ser humano es justo (Ro. 3.10). La justicia es un atributo divino. El Justo, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5.21). "La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” (Ro. 3.22). No es una justicia por las obras, ni por la elección, sino "por la fe en Jesucristo". ¡El mundo no sabe nada de esto!
La gloria del Señor Jesucristo, la gloria de Su sacrificio redentor y la salvación de los pecadores son eternas. Los trofeos deportivos no son nada, ni siquiera existirán en la eternidad. Sin embargo, durante los siglos venideros cantaremos las alabanzas del Cordero de Dios y celebraremos los triunfos del Crucificado.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Romanos 12.2
