martes, 4 de agosto de 2026

La Recepción a la Asamblea,

Estar en comunión en una iglesia local no significa venir solo para la Cena del Señor y faltar en las demás reuniones. Tampoco es admisible el concepto de venir ocasionalmente, pues el patrón bíblico en Hechos 2.42 es de perseverar en todas las actividades de la iglesia. ¿Qué es más importante para ti, el trabajo, el descanso, otras actividades, o la asamblea donde el Señor ha puesto Su Nombre? El Señor está en todas las reuniones. ¿Qué prioridad tiene para ti la asamblea?

Norman Crawford escribió lo siguiente acerca de la recepción y la comunión en la asamblea: 

Los que fueron salvos se añadieron a la asamblea que se formó ese día. "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (v. 42). Al final del capítulo vemos que el Señor añadía a ellos los que estaban siendo salvos (v. 47).
    El primer punto que queremos destacar es que la recepción inicial no es al partimiento del pan, sino a la asamblea. La Cena del Señor es uno de los mayores privilegios de la comunión en asamblea. Es la Cena del Señor, no la mesa del Padre (Lc. 15), como sugieren algunos. Una lectura cuidadosa de 1 Corintios revelará el significado de las cosas del Señor que enseña la epístola (consulta el capítulo 5 de este libro). Tampoco se trata de la mesa de la ofrenda de paz en Levítico 3, que tiene que ver con el pecador que aprecia la reconciliación. Esto es disfrutado por la mayoría de los creyentes desde el momento de su conversión.
    El segundo punto a enfatizar es que la recepción tiene que ser mutua, porque si no, no es realmente comunión. El patrón del Nuevo Testamento no es recibir a alguien que no está dispuesto a recibir a la asamblea, sus enseñanzas y prácticas. La comunión y la recepción se experimentan y se gozan mutuamente. Esta recepción mutua tiene una aplicación muy práctica. Entre otras cosas, una asamblea es un testimonio de la verdad de que el sectarismo es un error. Las personas que “reciben” a la asamblea también reciben esta verdad. Pero realmente no pueden hacer esto si después se vuelven a sus iglesias denominacionales.
    ¿Por qué necesitamos esta enseñanza? Porque algunos dicen: “Si todos los creyentes están en el cuerpo de Cristo, entonces todo creyente debe tener la bienvenida en cualquier asamblea”. Si algún lector piensa así, le rogamos que vuelva al Capítulo 3 y tome nota cuidadosamente de las claras distinciones entre el cuerpo de Cristo y una asamblea local. Muchos que reciben según su creencia en “un solo cuerpo” también añaden que solo reciben a los que estén limpios en vida y sanos en doctrina, y que no estén bajo la disciplina de su iglesia (sea cual sea). Como señalamos en el capítulo 3, es un gran misterio cómo algunos ancianos pretenden saber todo esto mediante una breve conversación con una persona desconocida que llega a la puerta. Creemos que las Escrituras hablan muy claramente sobre este tema, y debemos aceptar lo que dicen sin modificarlo.
    En tiempos del Nuevo Testamento, las asambleas establecidas se encontraban en una zona geográfica concreta. Se componían de creyentes que vivían en esos lugares y se reunían regularmente en el Nombre del Señor Jesucristo. Nada sugiere que se congregaran de forma irregular o casual. Su testimonio colectivo no tenía carácter ocasional (1 Co. 1:1-3; 3:6-11). Puede que esto sea tan obvio que su importancia se nos escape. Todos estaremos de acuerdo en que no puede existir una asamblea que solo sea apoyada por personas transeúntes o las que ocasionalmente se congregan. Los que perseveran (Hch. 2:42) en la comunión de una asamblea obedecen a la Palabra de Dios. Entonces, ¿hay un estándar doble? ¿Es la Palabra de Dios obligatoria para unos, pero no para otros? No. Tiene la misma autoridad sobre todos los creyentes. Por eso, no puede ser correcta la enseñanza o práctica de que se puede entrar en las asambleas de forma ocasional, irregular, caprichosa o según cada uno crea conveniente.
    A menudo escuchamos la respuesta de que las condiciones eran ideales en los tiempos del Nuevo Testamento, cuando todos los creyentes estaban unidos en una asamblea, pero que hoy es muy diferente. Dicen que las cosas han cambiado, que la gente vive de otra manera y que los creyentes están divididos y dispersos en muchos lugares, organizaciones y sistemas. Lo que quieren dar a entender es que hoy no podemos aplicar la norma del Nuevo Testamento, o que no es aplicable en tiempos de confusión, o que no es suficiente para nuestras circunstancias. Pero si el Nuevo Testamento no es nuestra autoridad, ¿a qué apelaremos? La respuesta es sencilla: que si no podemos aplicar la Palabra de Dios, no hay otra autoridad. Creemos que ella es totalmente suficiente para todos los tiempos, hasta el fin. Sin embargo, ella no basta para los que desean volver a los sistemas denominacionales de los que Dios, en Su gracia, nos ha sacado.
    Pero ¿no debemos diferenciar entre los que recibieron enseñanza y la rechazaron y los que nunca han sido enseñados? Con estos últimos debemos tener mucha paciencia y mansedumbre, y enseñar por precepto y práctica a los que desean oír la Palabra de Dios. Los que desean aprender ocupan el lugar de los indoctos, donde pueden recibir instrucción y tener el privilegio de ver congregada a toda la asamblea. Así podrán aprender cómo congregarse correctamente y, luego, la asamblea podrá recibirlos. Esta es la conclusión feliz del caso en 1 Corintios 14:23-25. Pero el Nuevo Testamento desconoce cualquier cosa que sea mera conveniencia u ocasional.

 tomado del capítulo 12 del libro Congregados a Su Nombre

Libros Berea 

 


 

jueves, 16 de julio de 2026

¿COPA MUNDIAL???

¿Por qué querría alguien que sigue al Señor Jesucristo una "Copa Mundial"? Mejor dicho: una copa mundana, una copa de este mundo. ¡Las Escrituras nos advierten claramente sobre el mundo, sobre lo que es y lo que ofrece!

1 Juan 2.15-17 

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Un hombre llamado Demas amaba el mundo y abandonó al apóstol Pablo para no servir al Señor (2 Ti. 4.10). Muchos otros discípulos potenciales se han perdido y manchado en el mundo, hechizados por él, absortos en él, buscando la felicidad y la plenitud en él. ¿Eres tú como Demas o como Pablo?

Dios dice que el mundo entero está bajo el maligno, es decir, el diablo (1 Jn. 5.19). ¿Estás de acuerdo?

En Efesios 2.2 se nos informa de que antes de ser salvos, seguíamos la corriente de este mundo, porque éramos manipulados por el diablo.
 

No se trata del planeta, sino de la sociedad. El mundo es un sistema vano, engañoso y peligroso, que se opone a Dios. Como muchas otras cosas, su origen se encuentra en el libro de Génesis.

Caín fue desterrado por Dios tras asesinar a su hermano Abel. La raíz hebrea de "Nod" (heb. nud) significa "vagar". Era una zona "al este del Edén" (Gn. 4.16). El término simboliza una vida egoísta, inútil, enajenada, alejada de la presencia de Dios. 

En su obra clásica, El Progreso del Peregrino, Juan Bunyan utilizó acertadamente "La Feria de Vanidades" para ilustrar el mundo. El mundo intenta alejar a los cristianos de Cristo y se atreve a juzgar a los fieles, pero se resiente cuando es juzgado.

William MacDonald define el mundo (gr. kosmos) como "un sistema organizado y encabezado por el diablo, con el propósito de mantener a la humanidad ocupada y feliz sin Dios". 

Caín fue utilizado por el diablo para poner en marcha ese sistema: una sociedad sin Dios, con industria, arte, música, religión, política, filosofía y muchas otras cosas. El mundo permite la violencia, la autoimportancia, la jactancia y todo tipo de inmoralidad. Ofrece una gran variedad de cosas para apelar a los gustos y mantener a la gente ocupada y feliz sin Dios. El deporte es simplemente una de ellas.

Lo cual nos lleva de vuelta al Mundial, y también a la vanagloria de todas las demás competiciones deportivas, ligas, campeonatos y trofeos.

A pesar de todo el alboroto, en realidad carecen de importancia en el gran esquema de las cosas, pero son tan típicos del mundo y de la sed de diversión del ser humano. El mundo da más importancia a los sentimientos y a las experiencias pasajeras que a la realidad espiritual, y a lo temporal que a lo eterno. Dentro de cien años, ¿quién se acordará de quién ganó un trofeo y qué importará? 

"La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas" (2 P. 3.10). Se quemarán porque Dios los desestima. Eso incluye los mundiales.

 ¿No tenemos nada mejor que hacer con nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra energía? En palabras de C. T. Studd:

"Solo una vida, que pronto pasará,
solo lo que se haga por Cristo perdurará". 
 


Me viene a la mente Jeremías 9.23-24.  

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.

Es mejor conocer a Dios que a los "héroes" deportivos del mundo, que no aportan nada duradero a la humanidad y pronto caerán en el olvido. Conocer al Señor y caminar con Él es infinitamente mejor que todo lo que este mundo pueda ofrecer. 

Su misericordia, Su juicio y Su justicia quedan claramente de manifiesto en el Evangelio. 

Misericordia
En Su misericordia, y sin acepción de personas, Dios nos amó a todos cuando éramos Sus enemigos (Ro. 5.6-10) y envió a Su Hijo para salvarnos. Su amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro. 5.5). ¡Sus misericordias son nuevas cada mañana! (Lam. 3.22-23).

 Juicio
Todos estamos condenados por nuestros pecados, sin embargo, ese terrible juicio divino recayó sobre Cristo en la cruz (Is. 53.6). Y el Apocalipsis nos advierte de que se avecina el gran juicio divino sobre este mundo rebelde. Nuestra tarea no es jugar ni entretener, sino proclamar el Evangelio y hacer discípulos. 

Justicia
Ningún ser humano es justo (Ro. 3.10). La justicia es un atributo divino. El Justo, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5.21). "La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” (Ro. 3.22). No es una justicia por las obras, ni por la elección, sino "por la fe en Jesucristo". ¡El mundo no sabe nada de esto!

La gloria del Señor Jesucristo, la gloria de Su sacrificio redentor y la salvación de los pecadores son eternas. Los trofeos deportivos no son nada, ni siquiera existirán en la eternidad. Sin embargo, durante los siglos venideros cantaremos las alabanzas del Cordero de Dios y celebraremos los triunfos del Crucificado.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Romanos 12.2



viernes, 1 de mayo de 2026

EL Día de la Madre

El primer domingo de mayo es en España el Día de la Madre, es cierto que los hijos deben honrar a sus madres, pues así lo manda Dios (Éx. 20.12; Mt. 15.4). Pero las Escrituras no asignan un día al año para hacerlo. Los hijos deben honrar a sus madres y a sus padres siempre. Sin embargo, la costumbre de celebrar un “día de la madre” no se menciona en la Biblia, por lo que conviene conocer el origen de esta celebración.

Rea, madre de dioses
 “Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Posteriormente los romanos llamaron a esta celebración Hilaria cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se realizaban ofrendas.  Con la llegada del cristianismo se transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María, la madre de Jesús”.

 

     De ahí que los católicos consideren que mayo es el mes de María, y practiquen una devoción especial a ella como “nuestra madre”. Por ejemplo, el arzobispo de Sevilla escribe: “Con la llegada del mes de mayo iniciamos el mes dedicado a nuestra Madre, la Virgen María Santísima. Este primer domingo además celebramos el Día de la Madre”.1

     Pero la enseñanza apostólica e inspirada en Romanos 12.1-2 nos exhorta a no conformarnos a este siglo (el mundo, sus costumbres y valores), sino a transformarnos, mediante la renovación de nuestra mente. Obviamente esto se realiza mediante la Palabra de Dios.

     Lo que la Biblia tiene que decir sobre las madres es muy importante. Especialmente Proverbios 31.10-31, y otros textos de este libro enseñan cómo tratar a la madre. "No desprecies la dirección de tu madre" (Pr. 1.8). "No dejes la enseñanza de tu madre" (Pr. 6.20). "Cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies" (Pr. 23.22). Efesios 6.1-2 relaciona la obediencia con la honra. Francamente, un ramo de flores, una caja de bombones o una comida especial no compensan la falta de aprecio, respeto y honra que tu madre merece. Puedes regalarle estas cosas, por supuesto, pero que no sea un acto hipócrita de alguien que el resto de los días no la honra.

      Hay madres buenas y malas, pero, como se suele decir, "madre sola hay una", y debemos amarla. Pero más allá del afecto natural, la Biblia habla de honrar a las madres piadosas, las que temen a Dios, confían en Él y no son como las demás mujeres del mundo. Una madre piadosa es un gran tesoro que debemos apreciar todos los días.
 
"Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; lLa mujer que teme a Jehová, ésa será alabada"
Proverbios 31.28-30


1 https://www.archisevilla.org/mes-de-mayo-mes-de-maria-03-05-2026; véase también Catolico.net, o casi cualquier otra web de católicos.