martes, 24 de marzo de 2026

El Segundo Mandamiento

 “No te harás imagen” 
 Éxodo 20.4-5

¿Qué parte de "no te harás imagen" te resulta dificil de entender? No son términos complicados. Sin embargo, estas cuatro palabras resumen el mandamiento que muchos ignoran, debido a que la Iglesia Católica no lo enseña debidamente. Realmente las palabras de Dios no son difíciles de entender. Léalas detenidamente:

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”  (Éxodo 20.4-5, Reina-Valera revisión 1960).

 Y el mismo texto, en la Biblia católica, la Nácar-Colunga, cuadragésima cuarta edición, dice:

No te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo sobre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas y no las servirás

El segundo mandamiento condena cualquier uso religioso de iconos, imágenes, esculturas de barro, piedra, madera, metal, u otros materiales. Dios lo prohíbe tajantemente. Además del texto citado arriba, está el de Deuteronomio 4.15-18, que en la Biblia católica (la Nácar-Colunga) dice:

“Puesto que el día en que os habló Yavé de enmedio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer, ni de animal ninguno de cuantos viven sobre la tierra, ni de ave que vuela en el cielo, ni de animal que repta sobre la tierra, ni de cuantos peces viven en el agua, debajo de la tierra” 

    Curiosamente, los católicos de todo el mundo creen que este mandamiento no se aplica a sus imágenes. Consideran que este mandamiento solo se refiere a las imágenes paganas, es decir, de otras religiones, no a las cristianas (Cristo, la Virgen María, los santos, los belenes). Sin embargo, no existen imágenes cristianas, pues Dios las prohíbe, y esta prohibición no se limita al Antiguo Testamento. Pero como es algo que han visto toda la vida, les cuesta creer que sea algo malo. De este modo, practican religiosamente lo que Dios llama pecado.

    Algunos argumentan que solo son costumbres inofensivas de su  cultura. Otros se quejan y dicen que no las adoran, sino que las veneran, y que les ayudan a recordar y a mostrar devoción. Pero deben preguntarse: ¿qué dice Dios al respecto? Al parecer, muchos no se molestan en considerar esto. La respuesta es clara y sencilla: “No te harás imágen ni ninguna semejanza” (Éxodo 20.4) Por tanto, lamentablemente, cualquier uso de imágenes religiosas es exactamente lo que Dios prohíbe.

    Pero aparentemente no les importa lo que Dios dice. Hacen y utilizan imágenes, las ponen en plazas, en templos y capillas, en sus casas, las llevan en procesiones en muchas ocasiones durante el año (especialmente en la “Semana Santa”), se inclinan ante ellas, las honran y les rinden culto. 

 

 

 Otro ejemplo es los belenes de Navidad, que son siempre populares, pero realmente son ídolos. Besar una imágen del niño Jesús es idolatría. Todo eso es violar el segundo mandamiento. 

    Hay mucha tradición arraigada de usar imágenes de María y de otros santos. Hay mucho sentimentalismo y también mucha superstición relacionada con las imágenes. Se cree que es algo muy religioso y admirable. Pero en realidad, esas tradiciones rompen los mandamientos de Dios, y son pecaminosas. 

 Aunque muchos crean que está bien, no es así. Recuerde el refrán: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Mejor es creer a Dios que confiar en la sociedad.

 Nadie puede negar que en el catolicismo las imágenes son una fuente de ingresos para la Iglesia y para quienes las crean y venden. Pero en el Nuevo Testamento, los únicos que utilizaban imágenes eran los paganos, por ejemplo, los de Éfeso, Atenas y Corinto. Los santos apóstoles de Cristo denunciaron todo uso de imágenes como idolatría y vanidad, y nunca se permitió su uso en una iglesia cristiana. Considera lo que el apóstol san Pablo anunció públicamente en Atenas acerca de las imágenes: 

“No debemos pensar que la divinidad es semejante al oro, o a la plata, o a la piedra, obra del arte y del pensamiento humano.Dios, disimulando los tiempos de la ignorancia, intima ahora en todas partes a los hombres que todos se arrepientan” (Hechos de los Apóstoles 17. 29-30 Nácar-Colunga). 

    Según el texto bíblico, ¿de qué debían arrepentirse, si no era del uso de imágenes? Dios no es semejante a ellas ni puede ser representado por ninguna obra de arte, dice el apóstol en su doctrina (dogma). Por tanto, quienes tienen y usan imágenes no son cristianos apostólicos. Se parecen más a la Roma pagana que a la Iglesia cristiana que vemos en la Biblia.

    Amigo lector, ¿reconoce y se arrepiente de su  pecado de idolatría, o es un defensor acérrimo de sus tradiciones que violan la Ley de Dios? ¿Ha utilizado alguna vez una imagen con algún fin religioso, como la adoración o la veneración, o como accesorio o ayuda para ello? ¿Se ha inclinado alguna vez ante una figura, le ha rezado o la ha besado? ¿Ha servido de costalero para llevar una imagen en una procesión? ¿Tiene alguna imagen o figura, estampa o crucifijo en su casa o lugar de trabajo, o un “Sagrado Corazón” en su puerta? ¿Es usted inocente o culpable de la idolatría? No diga que solo es su cultura, porque Dios juzga por la Ley, no por ninguna cultura.
 
  Quizás sea el principal pecado de las personas religiosas, pero les cuesta reconocerlo porque lo hacen de corazón y está muy arraigado en su interior. Si ha hecho o hace alguna de estas cosas, entonces no ha cumplido los Mandamientos, sino que es culpable de idolatría y ha ofendido a Dios.

                                                                                     ¡CULPABLE!




viernes, 13 de marzo de 2026

Prepárate Para La Eternidad

 


    Es asombroso el pensamiento de la eternidad. Amigo, ¿te has detenido a reflexionar seriamente sobre ello? No permitas que las cosas pasajeras te cieguen ante las realidades eternas. Vas a la eternidad. Cada tic-tac del reloj y cada latido del corazón te acerca más a ella. “La corriente imparable del tiempo arrastra a todo ser humano hacia la eternidad”. Incontables millones de personas han poblado este mundo, y ¿dónde están ahora? Todos, excepto la generación presente, ya están en la eternidad, y esta sigue en pos de ellos. Cada hora mueren miles de personas. En el tiempo que te cuesta leer esto, cruzan al otro lado y ya no volverán. No dejan de existir. Eternamente están en el cielo o en el infierno, pues no existen más opciones.

Pronto te puede tocar a ti, amigo. 
¿Estás preparado? ¿Dónde pasarás la eternidad?

         Para quienes confían en Jesucristo y han nacido de nuevo por la fe, la eternidad no causa temor y la muerte no es una calamidad. Es simplemente pasar de una escena de problemas, preocupaciones, dolores y gemidos a la presencia de Cristo, donde nada de eso existe, donde solo hay gozo y satisfacción para siempre. Contemplarán la gloria resplandeciente del Cielo, verán a Dios, escucharán alabanzas y sentirán una paz y un gozo que no existen en este mundo. Pero, si no has querido confiar en Cristo y seguirle en esta vida, ¿por qué piensas que al morir estarás con Él? No te engañes.
         ¡Qué terrible es entrar en la eternidad sin ser salvo! ¡Cuán horrible es cerrar los ojos en este mundo y abrirlos en las tinieblas y el tormento de una eternidad perdida! Nuestro Señor relata el caso verídico de un hombre que vivió, murió, fue sepultado y “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos” (S. Lucas 16.23). Lo más amargo para todas las personas perdidas es el saber que todo eso es eterno. Su lamentable y desdichada condición jamás cambiará, porque así entraron en la eternidad.
         Una gota de agua sacada del mar lo reduce, aunque por poco, porque el mar está compuesto de gotas de agua. Pero un millón de años sacados de la eternidad no la disminuye. No está compuesto de tiempo. La eternidad es como la vida de Dios, sin comienzo ni fin. ¡Qué pensamiento tan abrumador! Prepárate ahora, antes de cruzar el umbral de la muerte y entrar en tu destino eterno. Jesucristo declara: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. No te equivoques. Solo Jesucristo puede perdonarte y darte la vida eterna.

 ¡Eternidad! ¡Qué grande eres! 
¡Eternidad, que nunca mueres!
Oh dime: ¿Dónde yo iré? 
¿Qué suerte allí yo encontraré?
Feliz o triste, ¿cuál será? ¡
La eternidad se acerca ya!


¡Eternidad!  ¿Qué cuentas llevas?
¡Eternidad!  ¿Con qué me pagas
las horas del carnal placer,
las obras que dejé de hacer?
Pesar o gozo, ¿cuál será?
¡La eternidad se acerca ya!

 


miércoles, 11 de marzo de 2026

Recordando el 11 de marzo

 




 UN SEGUNDO DESPUÉS...


Probablemente nadie en España olvidará los sucesos trágicos en Madrid el 11 de marzo del año 2004, perpetrados por musulmanes, no por judíos. Los judíos nunca han hecho mal a España, sin embargo, España ha hecho mucho mal a los judíos. Desde el año 711, los musulmanes han hecho muchísimo mal a España, y los ataques terroristas del 11 de marzo simplemente son muestras contemporáneos de la militancia del Islam. (el 13 de noviembre del 2015 los musulmanes mataron cruelmente a 130 personas en París -- ¡más de lo mismo!)

En España, muchos saben exactamente dónde estaban cuando oyeron por primera vez la asombra noticia. Recuerdan que estaban en el trabajo, en casa mirando la tele, o viajando en coche o autobús. 
    Muchos de nosotros escuchábamos la radio o mirábamos las imágenes con horror e incredulidad. ¿Realmente estaban sucediendo estas cosas? Pero, ¡sí, sucedieron! Me impactó el pensamiento de que tantas personas como tú y como yo estaban vivas y sanas en un momento, y en el siguiente momento estaban en la eternidad. ¡No sabían que en un segundo de tiempo se les iba a quitar la vida y que serían lanzadas a la eternidad en una momento de violencia inimaginable!
    De alguna manera vamos por la vida sabiendo que no durará para siempre, pero pensamos que el fin está todavía lejano. Pensamos que tenemos bastante tiempo, cuando en realidad solo hay un latido de corazón o una respiración entre nosotros y la muerte. ¿Has pensado en dónde irás cuando mueras? ¿Te has preguntado dónde estarás cuando los vivos estén observando tu funeral? ¿Dónde estarás tú un segundo después de la muerte?
    Muchos piensan que irán al cielo porque han sido religiosos o sinceros, o porque han tratado de ser buenos, pero un segundo después de la muerte descubrirán que estaban equivocados. Muchos esperan ir al cielo y les gustaría ir allí, por supuesto, pero ellos también estarán tristemente sorprendidos un segundo después de la muerte. Otros dicen que el cielo no existe, que es un cuento inventado por religiosos, pero el cuento es de los que dicen que no hay cielo, y ha sido inventado por los que quieren vivir como les dé la gana sin tener que dar cuenta a nadie. Pero todos estos se equivocan, ¡y lo peor es que entonces será demasiado tarde!
    Amigo, ¿es posible que nunca hayas abierto la Biblia para ver con toda certeza lo que Dios dice acerca de a dónde irás cuando termine tu vida terrenal? ¿Por qué no abrirla ahora y ver con tus propios ojos lo que tiene que decir, mientras haya tiempo? Quizá no sabes dónde comenzar, ya que la Biblia es un libro grande. Sugerimos que comiences a leer en los Evangelios (S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan), porque cuentan de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Lee la Biblia y busca en ella las respuestas a estas preguntas: ¿Por qué vino Jesucristo al mundo?” y “¿Cómo podemos ser salvos de nuestros pecados?” Mejor comenzar lo antes posible, porque no sabes cuándo te tocará morir, y hoy por hoy no estás preparado.
    A continuación citamos algunos versículos para ayudarte a comenzar. Por favor, leelos con cuidado y toma el tiempo para pensar en ellos.
    “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (S. Mateo 7:13-14).
    
    “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (S. Marcos 8:36-37).

    “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré?...Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (S. Lucas 12:16-20).

    “...el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (S. Lucas 19:10).

    “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (S. Juan. 3:16).

    “Jesús le dijo: yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (S. Juan 14:6).