jueves, 2 de abril de 2026

EL SEXTO MANDAMIENTO:

 “No matarás”
Éxodo 20.13; Deuteronomio 5.17 


Muchos afirmarían que no han matado a nadie, ¿verdad? Vamos a ver si realmente es así, porque existen más de una forma de matar. Sobre este tema Jesucristo dijo lo siguiente:

“Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio; el que le dijera “raca”  será reo ante el sanedrín y el que le dijere “loco” [fatuo] será reo de la gehenna del fuego”. (El Evangelio según S. Mateo 5.21-22, Nácar-Colunga)

    Por lo tanto, este mandamiento incluye el enojo, las amenazas y los insultos, sin necesidad de llegar a cometer un asesinato físico. 
    Como bien se ha dicho, el odio y la ira del hombre son las semillas del homicidio. ¿Se ha enojado usted con alguien y le ha dicho que se vaya perdido, o sin llegar a decirlo, ha deseado que desapareciera? ¿Ha dicho acerca de alguien: “¡Si le veo, le mataré!” o “¡Que le parta un rayo!”? Esta ira y este desprecio violan el sexto mandamiento. ¿Se disculpa diciendo que “¡Todos lo hacen!”? La respuesta es sencillamente que, si todos lo hacen, todos pecan y rompen la Ley de Dios.
    Pero hay quienes van más allá, porque han matado, han quitado la vida a otra persona. Quien mata a un hermano es fratricida. Quien mata a uno de sus padres es parricida o matricida. Amenazar con violencia o con la muerte también viola este mandamiento: “No matarás”. La Ley de Dios declara: 

· “El que hiriere a su padre o a su madre, morirá”. (Éxodo 21.15). 
· “Igualmente, el que maldijere a su padre o a su madre, morirá” (Éxodo 21.17). 
· “Al que maldice a su padre o a su madre, Se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa” (Proverbios 20.20).
 
  El homicidio es un pecado antiguo. Caín el primer hijo de Adán y Eva (Génesis 4.1), también fue el primer homicida, pues mató a su hermano (Génesis 4.8). Desde entonces, se han cometido innumerables homicidios. La historia de la humanidad está llena de amenazas, violencia y manchas de sangre. Una discusión, un arrebato de ira, un intercambio de insultos y amenazas, y la situación llega a un punto crítico en el que la ira se desborda y, en un instante, se comete el crimen. Con la rapidez del rayo y causando una destrucción repentina, se asesta el golpe, se aprieta el gatillo o se clava el cuchillo, y ya no hay vuelta atrás. Dios habló así acerca de Caín, el primer homicida:  “Caín, que era del maligno y mató a su hermano” (Primera Epístola de S. Juan, 3.12). A Caín le dijo: “la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4.10). 

    Pero hay más maneras de ser culpable de matar. El Nuevo Testamento añade: Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (Primera Epístola de S. Juan, 3.15). El odio es la semilla del homicidio. ¿Ha deseado alguna vez la muerte de alguien, quizás en secreto, en privado,  en su corazón, sin decírselo a nadie? 
    Otros son homicidas pasivos. Es decir, causan la muerte de alguien sin mancharse las manos. Piensan que no tienen culpa, pero quienes trafican en la droga han provocado la ruina de muchas personas y muerte de también de muchas.
    Hoy en día, más que nunca, somos testigos de otro tipo de homicidio: el holocausto silencioso del aborto provocado, perpetrado por madres privadas de afecto natural que insisten en que tienen derecho a matar. Si lo que sufrieron los judíos en el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial fue terrible (más de seis millones de muertos), ¡cuánto más es el asesinato de millones de niños matados cruel y egoístamente en el vientre de sus madres, arrancados vivos, ahogados y tirados a la basura! Terminar así una vida también es matar.
    A veces, las personas religiosas matan, o bien en las llamadas: “guerras santas”, y en la “yihad” que promueve el islam. El Corán dice: “Matadles donde deis con ellos... matadles: esa es la retribuión de los infieles” (Sura 2, verso 191). Cada año matan gritando “Allahu Akbar” (Dios es grande), y creen que Dios aprueba sus hechos.

    
    Dicen que es probablemente leyenda, pero se hizo famoso la matanza de los nobles de Huesca por el monje Ramiro II. Les cortó las cabezas y los dejó en el campañario, como se ve en el oleo de José Casado del Alisal (1880). Expuesto en el Museo Nacional del Prado, o alternativamente en el Salón de Justicia del Ayuntamiento de Huesca. Sea leyenda o no, es cierto que la Iglesia Católica Romana también tiene mucha  sangre en las manos. 
    Durante siglos torturaba y mataba a miles de personas en la llamada “Santa Inquisición”. En Sevilla los encarcelaron y torturaron en el castillo de San Jorge, y los llevaron a matar ("relajar") en el campo de Los Remedios, Es donde hoy la gente celebra la feria, en el lugar manchado con la sangre de los víctimas de la Inquisición. 

 
En los autos de fe obligaron a los condenados a llevar  el Sambenito, un gorro y una túnica, y los verdugos también llevaron una capucha para no ser identificados.
 
  Hoy los católicos perpetúan la memoria de su crueldad y sus crímenes contra la humanidad, cuando su feligreses, tal vez ignorantes, se visten de esos trajes. La Semana Santa evoca memoria de tortura y muerte en los que conocen la historia.
    Alemania sufrió juicio por el Holocausto en que mataron a millones de judíos y otros, pero la Iglesia Católica nunca ha sido juzgada por la matanza despiadada de tantisimas personas. Miles de personas murieron en el masacre del día de San Bartolomé en Francia (1572). Un día el juicio de Dios llegará (Apocalipsis 18.24; 19.2)
    Habría que plantearse muy seriamente cómo pueden pertenecer a una religión que mata a los que no están de acuerdo con ella. 
    Otro tipo de homicidio, el más egoísta, es el suicidio. Aunque los gobiernos lo legalicen, es Dios, no el ser humano, quien fija los límites de la vida. “No matarás” incluye “no te matarás”. Judas Iscariote, el infame traidor de Cristo, se mató y fue a la perdición.
    El que disfruta de homicidios y matanzas en películas es culpable del pecado vicario. ¿Qué es esto? Es el pecado que se disfruta a través de un sustituto. Otro peca y usted lo observa para complacerse o distraerse. 
    Estimado lector, recuerde, los que han hecho cualquiera de estas cosas, u otras parecidas, han violado el sexto mandamiento. El veredicto divino es:    ¡CULPABLE!

martes, 24 de marzo de 2026

El Segundo Mandamiento

 “No te harás imagen” 
 Éxodo 20.4-5

¿Qué parte de "no te harás imagen" te resulta dificil de entender? No son términos complicados. Sin embargo, estas cuatro palabras resumen el mandamiento que muchos ignoran, debido a que la Iglesia Católica no lo enseña debidamente. Realmente las palabras de Dios no son difíciles de entender. Léalas detenidamente:

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”  (Éxodo 20.4-5, Reina-Valera revisión 1960).

 Y el mismo texto, en la Biblia católica, la Nácar-Colunga, cuadragésima cuarta edición, dice:

No te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo sobre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas y no las servirás

El segundo mandamiento condena cualquier uso religioso de iconos, imágenes, esculturas de barro, piedra, madera, metal, u otros materiales. Dios lo prohíbe tajantemente. Además del texto citado arriba, está el de Deuteronomio 4.15-18, que en la Biblia católica (la Nácar-Colunga) dice:

“Puesto que el día en que os habló Yavé de enmedio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer, ni de animal ninguno de cuantos viven sobre la tierra, ni de ave que vuela en el cielo, ni de animal que repta sobre la tierra, ni de cuantos peces viven en el agua, debajo de la tierra” 

    Curiosamente, los católicos de todo el mundo creen que este mandamiento no se aplica a sus imágenes. Consideran que este mandamiento solo se refiere a las imágenes paganas, es decir, de otras religiones, no a las cristianas (Cristo, la Virgen María, los santos, los belenes). Sin embargo, no existen imágenes cristianas, pues Dios las prohíbe, y esta prohibición no se limita al Antiguo Testamento. Pero como es algo que han visto toda la vida, les cuesta creer que sea algo malo. De este modo, practican religiosamente lo que Dios llama pecado.

    Algunos argumentan que solo son costumbres inofensivas de su  cultura. Otros se quejan y dicen que no las adoran, sino que las veneran, y que les ayudan a recordar y a mostrar devoción. Pero deben preguntarse: ¿qué dice Dios al respecto? Al parecer, muchos no se molestan en considerar esto. La respuesta es clara y sencilla: “No te harás imágen ni ninguna semejanza” (Éxodo 20.4) Por tanto, lamentablemente, cualquier uso de imágenes religiosas es exactamente lo que Dios prohíbe.

    Pero aparentemente no les importa lo que Dios dice. Hacen y utilizan imágenes, las ponen en plazas, en templos y capillas, en sus casas, las llevan en procesiones en muchas ocasiones durante el año (especialmente en la “Semana Santa”), se inclinan ante ellas, las honran y les rinden culto. 

 

 

 Otro ejemplo es los belenes de Navidad, que son siempre populares, pero realmente son ídolos. Besar una imágen del niño Jesús es idolatría. Todo eso es violar el segundo mandamiento. 

    Hay mucha tradición arraigada de usar imágenes de María y de otros santos. Hay mucho sentimentalismo y también mucha superstición relacionada con las imágenes. Se cree que es algo muy religioso y admirable. Pero en realidad, esas tradiciones rompen los mandamientos de Dios, y son pecaminosas. 

 Aunque muchos crean que está bien, no es así. Recuerde el refrán: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Mejor es creer a Dios que confiar en la sociedad.

 Nadie puede negar que en el catolicismo las imágenes son una fuente de ingresos para la Iglesia y para quienes las crean y venden. Pero en el Nuevo Testamento, los únicos que utilizaban imágenes eran los paganos, por ejemplo, los de Éfeso, Atenas y Corinto. Los santos apóstoles de Cristo denunciaron todo uso de imágenes como idolatría y vanidad, y nunca se permitió su uso en una iglesia cristiana. Considera lo que el apóstol san Pablo anunció públicamente en Atenas acerca de las imágenes: 

“No debemos pensar que la divinidad es semejante al oro, o a la plata, o a la piedra, obra del arte y del pensamiento humano.Dios, disimulando los tiempos de la ignorancia, intima ahora en todas partes a los hombres que todos se arrepientan” (Hechos de los Apóstoles 17. 29-30 Nácar-Colunga). 

    Según el texto bíblico, ¿de qué debían arrepentirse, si no era del uso de imágenes? Dios no es semejante a ellas ni puede ser representado por ninguna obra de arte, dice el apóstol en su doctrina (dogma). Por tanto, quienes tienen y usan imágenes no son cristianos apostólicos. Se parecen más a la Roma pagana que a la Iglesia cristiana que vemos en la Biblia.

    Amigo lector, ¿reconoce y se arrepiente de su  pecado de idolatría, o es un defensor acérrimo de sus tradiciones que violan la Ley de Dios? ¿Ha utilizado alguna vez una imagen con algún fin religioso, como la adoración o la veneración, o como accesorio o ayuda para ello? ¿Se ha inclinado alguna vez ante una figura, le ha rezado o la ha besado? ¿Ha servido de costalero para llevar una imagen en una procesión? ¿Tiene alguna imagen o figura, estampa o crucifijo en su casa o lugar de trabajo, o un “Sagrado Corazón” en su puerta? ¿Es usted inocente o culpable de la idolatría? No diga que solo es su cultura, porque Dios juzga por la Ley, no por ninguna cultura.
 
  Quizás sea el principal pecado de las personas religiosas, pero les cuesta reconocerlo porque lo hacen de corazón y está muy arraigado en su interior. Si ha hecho o hace alguna de estas cosas, entonces no ha cumplido los Mandamientos, sino que es culpable de idolatría y ha ofendido a Dios.

                                                                                     ¡CULPABLE!




viernes, 13 de marzo de 2026

Prepárate Para La Eternidad

 


    Es asombroso el pensamiento de la eternidad. Amigo, ¿te has detenido a reflexionar seriamente sobre ello? No permitas que las cosas pasajeras te cieguen ante las realidades eternas. Vas a la eternidad. Cada tic-tac del reloj y cada latido del corazón te acerca más a ella. “La corriente imparable del tiempo arrastra a todo ser humano hacia la eternidad”. Incontables millones de personas han poblado este mundo, y ¿dónde están ahora? Todos, excepto la generación presente, ya están en la eternidad, y esta sigue en pos de ellos. Cada hora mueren miles de personas. En el tiempo que te cuesta leer esto, cruzan al otro lado y ya no volverán. No dejan de existir. Eternamente están en el cielo o en el infierno, pues no existen más opciones.

Pronto te puede tocar a ti, amigo. 
¿Estás preparado? ¿Dónde pasarás la eternidad?

         Para quienes confían en Jesucristo y han nacido de nuevo por la fe, la eternidad no causa temor y la muerte no es una calamidad. Es simplemente pasar de una escena de problemas, preocupaciones, dolores y gemidos a la presencia de Cristo, donde nada de eso existe, donde solo hay gozo y satisfacción para siempre. Contemplarán la gloria resplandeciente del Cielo, verán a Dios, escucharán alabanzas y sentirán una paz y un gozo que no existen en este mundo. Pero, si no has querido confiar en Cristo y seguirle en esta vida, ¿por qué piensas que al morir estarás con Él? No te engañes.
         ¡Qué terrible es entrar en la eternidad sin ser salvo! ¡Cuán horrible es cerrar los ojos en este mundo y abrirlos en las tinieblas y el tormento de una eternidad perdida! Nuestro Señor relata el caso verídico de un hombre que vivió, murió, fue sepultado y “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos” (S. Lucas 16.23). Lo más amargo para todas las personas perdidas es el saber que todo eso es eterno. Su lamentable y desdichada condición jamás cambiará, porque así entraron en la eternidad.
         Una gota de agua sacada del mar lo reduce, aunque por poco, porque el mar está compuesto de gotas de agua. Pero un millón de años sacados de la eternidad no la disminuye. No está compuesto de tiempo. La eternidad es como la vida de Dios, sin comienzo ni fin. ¡Qué pensamiento tan abrumador! Prepárate ahora, antes de cruzar el umbral de la muerte y entrar en tu destino eterno. Jesucristo declara: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. No te equivoques. Solo Jesucristo puede perdonarte y darte la vida eterna.

 ¡Eternidad! ¡Qué grande eres! 
¡Eternidad, que nunca mueres!
Oh dime: ¿Dónde yo iré? 
¿Qué suerte allí yo encontraré?
Feliz o triste, ¿cuál será? ¡
La eternidad se acerca ya!


¡Eternidad!  ¿Qué cuentas llevas?
¡Eternidad!  ¿Con qué me pagas
las horas del carnal placer,
las obras que dejé de hacer?
Pesar o gozo, ¿cuál será?
¡La eternidad se acerca ya!