“No matarás”
Éxodo 20.13; Deuteronomio 5.17
“Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio; el que le dijera “raca” será reo ante el sanedrín y el que le dijere “loco” [fatuo] será reo de la gehenna del fuego”. (El Evangelio según S. Mateo 5.21-22, Nácar-Colunga)
Por lo tanto, este mandamiento incluye el enojo, las amenazas y los insultos, sin necesidad de llegar a cometer un asesinato físico.
Como bien se ha dicho, el odio y la ira del hombre son las semillas del homicidio. ¿Se ha enojado usted con alguien y le ha dicho que se vaya perdido, o sin llegar a decirlo, ha deseado que desapareciera? ¿Ha dicho acerca de alguien: “¡Si le veo, le mataré!” o “¡Que le parta un rayo!”? Esta ira y este desprecio violan el sexto mandamiento. ¿Se disculpa diciendo que “¡Todos lo hacen!”? La respuesta es sencillamente que, si todos lo hacen, todos pecan y rompen la Ley de Dios.
Pero hay quienes van más allá, porque han matado, han quitado la vida a otra persona. Quien mata a un hermano es fratricida. Quien mata a uno de sus padres es parricida o matricida. Amenazar con violencia o con la muerte también viola este mandamiento: “No matarás”. La Ley de Dios declara:
· “El que hiriere a su padre o a su madre, morirá”. (Éxodo 21.15).
· “Igualmente, el que maldijere a su padre o a su madre, morirá” (Éxodo 21.17).
· “Al que maldice a su padre o a su madre, Se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa” (Proverbios 20.20).
El homicidio es un pecado antiguo. Caín el primer hijo de Adán y Eva (Génesis 4.1), también fue el primer homicida, pues mató a su hermano (Génesis 4.8). Desde entonces, se han cometido innumerables homicidios. La historia de la humanidad está llena de amenazas, violencia y manchas de sangre. Una discusión, un arrebato de ira, un intercambio de insultos y amenazas, y la situación llega a un punto crítico en el que la ira se desborda y, en un instante, se comete el crimen. Con la rapidez del rayo y causando una destrucción repentina, se asesta el golpe, se aprieta el gatillo o se clava el cuchillo, y ya no hay vuelta atrás. Dios habló así acerca de Caín, el primer homicida: “Caín, que era del maligno y mató a su hermano” (Primera Epístola de S. Juan, 3.12). A Caín le dijo: “la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4.10).
Pero hay más maneras de ser culpable de matar. El Nuevo Testamento añade: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (Primera Epístola de S. Juan, 3.15). El odio es la semilla del homicidio. ¿Ha deseado alguna vez la muerte de alguien, quizás en secreto, en privado, en su corazón, sin decírselo a nadie?
Otros son homicidas pasivos. Es decir, causan la muerte de alguien sin mancharse las manos. Piensan que no tienen culpa, pero quienes trafican en la droga han provocado la ruina de muchas personas y muerte de también de muchas.
Hoy en día, más que nunca, somos testigos de otro tipo de homicidio: el holocausto silencioso del aborto provocado, perpetrado por madres privadas de afecto natural que insisten en que tienen derecho a matar. Si lo que sufrieron los judíos en el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial fue terrible (más de seis millones de muertos), ¡cuánto más es el asesinato de millones de niños matados cruel y egoístamente en el vientre de sus madres, arrancados vivos, ahogados y tirados a la basura! Terminar así una vida también es matar.A veces, las personas religiosas matan, o bien en las llamadas: “guerras santas”, y en la “yihad” que promueve el islam. El Corán dice: “Matadles donde deis con ellos... matadles: esa es la retribuión de los infieles” (Sura 2, verso 191). Cada año matan gritando “Allahu Akbar” (Dios es grande), y creen que Dios aprueba sus hechos.
Durante siglos torturaba y mataba a miles de personas en la llamada “Santa Inquisición”. En Sevilla los encarcelaron y torturaron en el castillo de San Jorge, y los llevaron a matar ("relajar") en el campo de Los Remedios, Es donde hoy la gente celebra la feria, en el lugar manchado con la sangre de los víctimas de la Inquisición.
Alemania sufrió juicio por el Holocausto en que mataron a millones de judíos y otros, pero la Iglesia Católica nunca ha sido juzgada por la matanza despiadada de tantisimas personas. Miles de personas murieron en el masacre del día de San Bartolomé en Francia (1572). Un día el juicio de Dios llegará (Apocalipsis 18.24; 19.2)
Habría que plantearse muy seriamente cómo pueden pertenecer a una religión que mata a los que no están de acuerdo con ella.
Otro tipo de homicidio, el más egoísta, es el suicidio. Aunque los gobiernos lo legalicen, es Dios, no el ser humano, quien fija los límites de la vida. “No matarás” incluye “no te matarás”. Judas Iscariote, el infame traidor de Cristo, se mató y fue a la perdición.
El que disfruta de homicidios y matanzas en películas es culpable del pecado vicario. ¿Qué es esto? Es el pecado que se disfruta a través de un sustituto. Otro peca y usted lo observa para complacerse o distraerse.
Estimado lector, recuerde, los que han hecho cualquiera de estas cosas, u otras parecidas, han violado el sexto mandamiento. El veredicto divino es: ¡CULPABLE!













