sábado, 22 de agosto de 2026

Los "Pequeños Desvíos", W. E. Vine

A continuación, presentamos el prefacio del libro El Plan Divino Para las Misiones, por W. E. Vine, porque el tema que trata es muy necesario hoy en día, debido a los "pequeños desvíos" que hay en muchas iglesias.

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"Ningún desvío del plan divino debe ser tratado como un asunto trivial. Aunque parezca de poca importancia, los “pequeños desvíos” solo abrirán paso a violaciones más grandes y serias de la voluntad de Dios. Debemos vigilar con gran cuidado el comienzo de las cosas, y probarlas constantemente con la Palabra de Dios. Por ejemplo, el romanismo moderno es simplemente el fruto maduro de principios adoptados en tiempos primitivos. En aquel entonces, podían parecer pequeñas divergencias inofensivas de las enseñanzas y prácticas apostólicas y, seguramente, cada modificación parecía tener su lógica, pero ¡mirad hoy cuán graves son los errores y problemas que provienen de esas innovaciones que parecían insignificantes!
    Ahora bien, es cierto que no todos los métodos nuevos son necesariamente “desviaciones”. Hay una diferencia entre algo que no es bíblico y algo que es antibíblico. En su día, la “lista” de Esdras de los que dejaron a sus amigos y hogares para edificar la casa de Dios y, después, los “tesoreros” de Nehemías eran cosas nuevas en su día. Un intercesor como Daniel podría hacer buen uso de una lista en sus oraciones. Sin esos tesoreros muchos levitas habrían sido descuidados en la distribución, pero así podían seguir sirviendo al Señor sin perder de vista a Aquel que era su herencia. Hace doscientos años que una escuela dominical era un método nuevo. Hace cien años que los tratados eran algo nuevo, y hace cincuenta años, las carpas y los autobuses usados para el evangelio no existían, pero esas cosas no eran métodos de filisteos. En 1 Crónicas 16:7, el servicio ordenado y reverente de los cánticos era nuevo en comparación con la irrupción de gritos de alabanza y música en 1 Crónicas 13:8, pero no por eso era un “carro nuevo”. En su celo y descuido, David se había desviado de la voluntad de Dios y había provocado su castigo, porque había adoptado métodos erróneos. Esos métodos no eran erróneos simplemente por ser nuevos, sino porque eran contrarios a lo establecido en la Palabra de Dios.
    Nuestra única salvaguardia es ceñirnos a la Palabra de Dios y consultar siempre al Dios de la Palabra. Él nunca nos guiará para actuar en contra de Su Palabra, pero en respuesta a nuestras oraciones podría enseñarnos una nueva manera de obedecerla. En nuestros tiempos se dio el caso de unos empleados ferroviarios que, para disputar con la empresa, “siguieron las normas” de trabajo, lo que costó 300.000 libras esterlinas (hoy equivaldrían a más de 400.000 euros). Es totalmente insensible trabajar así en cualquier servicio, y solo causa confusión. El conocimiento de la Palabra de Dios es necesario para obedecerla, pero lastimosamente es posible que el conocimiento estimule un espíritu de independencia. Podríamos confiar tanto en nuestro conocimiento que olvidamos que necesitamos estar siempre a Su pies en oración. Necesitamos más que el raciocinio. Es necesario que Dios nos guíe siempre a través de Su Palabra para que entendamos cómo se aplica a la situación actual. Su guía es imprescindible para que actuemos con inteligencia espiritual.
    No basta con conocer la mente de Dios. Si no nos sometemos constantemente a Dios con un espíritu humilde, nuestra obediencia, aunque honesta e inteligente, podría ser simplemente una manifestación de obstinación. En lugar de dejarnos guiar por el Espíritu, es fácil que recaigamos en la carne con su orgullo de conocimientos y su raciocinio, pero de ese modo perderemos el “grato olor de Cristo” (2 Co. 2:15) en nuestro servicio.
    Deseo que la lectura atenta de estas páginas nos ilumine la comprensión del propósito de Dios. Pero también que cada uno sea encaminado para cumplir la misión del Hijo que vino para manifestar al Padre y hacer Su voluntad. Él nos declara: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21). Nos envía con Su autoridad y Su Espíritu para cumplir Sus propósitos en la proclamación divina de Su Palabra, el evangelio de la paz. Deseo que estas meditaciones nos ayuden a escudriñar las Escrituras, no solo para aumentar nuestros conocimientos, sino para conformarnos a la voluntad de Dios. Cuando la verdad se apodere de nuestros corazones, se manifestará excelentemente en nuestro carácter y en un servicio aceptable".


W. E. Vine. M.A. (1873-1949)
 

martes, 4 de agosto de 2026

La Recepción a la Asamblea,


Estar en comunión en una iglesia local no significa venir solo para la Cena del Señor y faltar en las demás reuniones. Tampoco es admisible el concepto de venir ocasionalmente, pues el patrón bíblico en Hechos 2.42 es de perseverar en todas las actividades de la iglesia. ¿Qué es más importante para ti, el trabajo, el descanso, otras actividades, o la asamblea donde el Señor ha puesto Su Nombre? El Señor está en todas las reuniones. ¿Qué prioridad tiene para ti la asamblea?

Norman Crawford escribió lo siguiente acerca de la recepción y la comunión en la asamblea: 

Los que fueron salvos se añadieron a la asamblea que se formó ese día. "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (v. 42). Al final del capítulo vemos que el Señor añadía a ellos los que estaban siendo salvos (v. 47).
    El primer punto que queremos destacar es que la recepción inicial no es al partimiento del pan, sino a la asamblea. La Cena del Señor es uno de los mayores privilegios de la comunión en asamblea. Es la Cena del Señor, no la mesa del Padre (Lc. 15), como sugieren algunos. Una lectura cuidadosa de 1 Corintios revelará el significado de las cosas del Señor que enseña la epístola (consulta el capítulo 5 de este libro). Tampoco se trata de la mesa de la ofrenda de paz en Levítico 3, que tiene que ver con el pecador que aprecia la reconciliación. Esto es disfrutado por la mayoría de los creyentes desde el momento de su conversión.
    El segundo punto a enfatizar es que la recepción tiene que ser mutua, porque si no, no es realmente comunión. El patrón del Nuevo Testamento no es recibir a alguien que no está dispuesto a recibir a la asamblea, sus enseñanzas y prácticas. La comunión y la recepción se experimentan y se gozan mutuamente. Esta recepción mutua tiene una aplicación muy práctica. Entre otras cosas, una asamblea es un testimonio de la verdad de que el sectarismo es un error. Las personas que “reciben” a la asamblea también reciben esta verdad. Pero realmente no pueden hacer esto si después se vuelven a sus iglesias denominacionales.
    ¿Por qué necesitamos esta enseñanza? Porque algunos dicen: “Si todos los creyentes están en el cuerpo de Cristo, entonces todo creyente debe tener la bienvenida en cualquier asamblea”. Si algún lector piensa así, le rogamos que vuelva al Capítulo 3 y tome nota cuidadosamente de las claras distinciones entre el cuerpo de Cristo y una asamblea local. Muchos que reciben según su creencia en “un solo cuerpo” también añaden que solo reciben a los que estén limpios en vida y sanos en doctrina, y que no estén bajo la disciplina de su iglesia (sea cual sea). Como señalamos en el capítulo 3, es un gran misterio cómo algunos ancianos pretenden saber todo esto mediante una breve conversación con una persona desconocida que llega a la puerta. Creemos que las Escrituras hablan muy claramente sobre este tema, y debemos aceptar lo que dicen sin modificarlo.
    En tiempos del Nuevo Testamento, las asambleas establecidas se encontraban en una zona geográfica concreta. Se componían de creyentes que vivían en esos lugares y se reunían regularmente en el Nombre del Señor Jesucristo. Nada sugiere que se congregaran de forma irregular o casual. Su testimonio colectivo no tenía carácter ocasional (1 Co. 1:1-3; 3:6-11). Puede que esto sea tan obvio que su importancia se nos escape. Todos estaremos de acuerdo en que no puede existir una asamblea que solo sea apoyada por personas transeúntes o las que ocasionalmente se congregan. Los que perseveran (Hch. 2:42) en la comunión de una asamblea obedecen a la Palabra de Dios. Entonces, ¿hay un estándar doble? ¿Es la Palabra de Dios obligatoria para unos, pero no para otros? No. Tiene la misma autoridad sobre todos los creyentes. Por eso, no puede ser correcta la enseñanza o práctica de que se puede entrar en las asambleas de forma ocasional, irregular, caprichosa o según cada uno crea conveniente.
    A menudo escuchamos la respuesta de que las condiciones eran ideales en los tiempos del Nuevo Testamento, cuando todos los creyentes estaban unidos en una asamblea, pero que hoy es muy diferente. Dicen que las cosas han cambiado, que la gente vive de otra manera y que los creyentes están divididos y dispersos en muchos lugares, organizaciones y sistemas. Lo que quieren dar a entender es que hoy no podemos aplicar la norma del Nuevo Testamento, o que no es aplicable en tiempos de confusión, o que no es suficiente para nuestras circunstancias. Pero si el Nuevo Testamento no es nuestra autoridad, ¿a qué apelaremos? La respuesta es sencilla: que si no podemos aplicar la Palabra de Dios, no hay otra autoridad. Creemos que ella es totalmente suficiente para todos los tiempos, hasta el fin. Sin embargo, ella no basta para los que desean volver a los sistemas denominacionales de los que Dios, en Su gracia, nos ha sacado.
    Pero ¿no debemos diferenciar entre los que recibieron enseñanza y la rechazaron y los que nunca han sido enseñados? Con estos últimos debemos tener mucha paciencia y mansedumbre, y enseñar por precepto y práctica a los que desean oír la Palabra de Dios. Los que desean aprender ocupan el lugar de los indoctos, donde pueden recibir instrucción y tener el privilegio de ver congregada a toda la asamblea. Así podrán aprender cómo congregarse correctamente y, luego, la asamblea podrá recibirlos. Esta es la conclusión feliz del caso en 1 Corintios 14:23-25. Pero el Nuevo Testamento desconoce cualquier cosa que sea mera conveniencia u ocasional.

 tomado del capítulo 12 del libro Congregados a Su Nombre

Libros Berea 

 


 

jueves, 16 de julio de 2026

¿COPA MUNDIAL???

¿Por qué querría alguien que sigue al Señor Jesucristo una "Copa Mundial"? Mejor dicho: una copa mundana, una copa de este mundo. ¡Las Escrituras nos advierten claramente sobre el mundo, sobre lo que es y lo que ofrece!

1 Juan 2.15-17 

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Un hombre llamado Demas amaba el mundo y abandonó al apóstol Pablo para no servir al Señor (2 Ti. 4.10). Muchos otros discípulos potenciales se han perdido y manchado en el mundo, hechizados por él, absortos en él, buscando la felicidad y la plenitud en él. ¿Eres tú como Demas o como Pablo?

Dios dice que el mundo entero está bajo el maligno, es decir, el diablo (1 Jn. 5.19). ¿Estás de acuerdo?

En Efesios 2.2 se nos informa de que antes de ser salvos, seguíamos la corriente de este mundo, porque éramos manipulados por el diablo.
 

No se trata del planeta, sino de la sociedad. El mundo es un sistema vano, engañoso y peligroso, que se opone a Dios. Como muchas otras cosas, su origen se encuentra en el libro de Génesis.

Caín fue desterrado por Dios tras asesinar a su hermano Abel. La raíz hebrea de "Nod" (heb. nud) significa "vagar". Era una zona "al este del Edén" (Gn. 4.16). El término simboliza una vida egoísta, inútil, enajenada, alejada de la presencia de Dios. 

En su obra clásica, El Progreso del Peregrino, Juan Bunyan utilizó acertadamente "La Feria de Vanidades" para ilustrar el mundo. El mundo intenta alejar a los cristianos de Cristo y se atreve a juzgar a los fieles, pero se resiente cuando es juzgado.

William MacDonald define el mundo (gr. kosmos) como "un sistema organizado y encabezado por el diablo, con el propósito de mantener a la humanidad ocupada y feliz sin Dios". 

Caín fue utilizado por el diablo para poner en marcha ese sistema: una sociedad sin Dios, con industria, arte, música, religión, política, filosofía y muchas otras cosas. El mundo permite la violencia, la autoimportancia, la jactancia y todo tipo de inmoralidad. Ofrece una gran variedad de cosas para apelar a los gustos y mantener a la gente ocupada y feliz sin Dios. El deporte es simplemente una de ellas.

Lo cual nos lleva de vuelta al Mundial, y también a la vanagloria de todas las demás competiciones deportivas, ligas, campeonatos y trofeos.

A pesar de todo el alboroto, en realidad carecen de importancia en el gran esquema de las cosas, pero son tan típicos del mundo y de la sed de diversión del ser humano. El mundo da más importancia a los sentimientos y a las experiencias pasajeras que a la realidad espiritual, y a lo temporal que a lo eterno. Dentro de cien años, ¿quién se acordará de quién ganó un trofeo y qué importará? 

"La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas" (2 P. 3.10). Se quemarán porque Dios los desestima. Eso incluye los mundiales.

 ¿No tenemos nada mejor que hacer con nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra energía? En palabras de C. T. Studd:

"Solo una vida, que pronto pasará,
solo lo que se haga por Cristo perdurará". 
 


Me viene a la mente Jeremías 9.23-24.  

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.

Es mejor conocer a Dios que a los "héroes" deportivos del mundo, que no aportan nada duradero a la humanidad y pronto caerán en el olvido. Conocer al Señor y caminar con Él es infinitamente mejor que todo lo que este mundo pueda ofrecer. 

Su misericordia, Su juicio y Su justicia quedan claramente de manifiesto en el Evangelio. 

Misericordia
En Su misericordia, y sin acepción de personas, Dios nos amó a todos cuando éramos Sus enemigos (Ro. 5.6-10) y envió a Su Hijo para salvarnos. Su amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro. 5.5). ¡Sus misericordias son nuevas cada mañana! (Lam. 3.22-23).

 Juicio
Todos estamos condenados por nuestros pecados, sin embargo, ese terrible juicio divino recayó sobre Cristo en la cruz (Is. 53.6). Y el Apocalipsis nos advierte de que se avecina el gran juicio divino sobre este mundo rebelde. Nuestra tarea no es jugar ni entretener, sino proclamar el Evangelio y hacer discípulos. 

Justicia
Ningún ser humano es justo (Ro. 3.10). La justicia es un atributo divino. El Justo, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5.21). "La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” (Ro. 3.22). No es una justicia por las obras, ni por la elección, sino "por la fe en Jesucristo". ¡El mundo no sabe nada de esto!

La gloria del Señor Jesucristo, la gloria de Su sacrificio redentor y la salvación de los pecadores son eternas. Los trofeos deportivos no son nada, ni siquiera existirán en la eternidad. Sin embargo, durante los siglos venideros cantaremos las alabanzas del Cordero de Dios y celebraremos los triunfos del Crucificado.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Romanos 12.2