martes, 24 de febrero de 2026

Fuego Extraño: ¿Por Qué Murieron Nadab y Abiú?


Durante los días de su consagración, murieron dos sacerdotes, hijos de Aarón y escogidos por Dios. Entraron en el Tabernáculo y fueron consumidos al instante por el fuego de Su presencia. El texto es breve, pero las implicaciones son profundas. “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Lv. 10.1-2).

            Pablo afirma a la iglesia de Corinto, en la edad de gracia, la importancia del Antiguo Testamento para los creyentes. “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Co. 10.11). Ilustran preceptos muy importantes que todavía hoy debemos respetar y guardar.

            Para entender por qué murieron Nadab y Abiú, debemos considerar la autoridad y la santidad de Dios, la solemnidad de la adoración y el peligro de acercarnos a Dios según nuestro parecer, ya sea por la lógica o la improvisación, en lugar de hacerlo según Sus términos.

Nadab y Abiú eran sacerdotes con privilegios y responsabilidades

Nadab y Abiú no eran forasteros ni paganos, sino sacerdotes, hijos de Aarón, el sumo sacerdote divinamente elegidos y consagrados para el servicio sagrado (Éx. 6.23). Habían sido testigos oculares de la gloria de Dios. Las Escrituras registran que ellos estaban entre los que vieron una manifestación de la presencia de Dios en el monte Sinaí (Éx. 24.9-11).

Esto hace que su pecado sea más grave, no menos. Las Escrituras enseñan que un mayor conocimiento conlleva una mayor responsabilidad. Jesucristo, por quien vinieron la gracia y la verdad, dijo: “a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará” (Lc. 12.48, véase también Stg. 3.1). Ellos conocían la santidad de Dios y Sus instrucciones, y sin embargo decidieron ignorar Su mandato.

 

Improvisaron y ofrecieron “fuego extraño” contrario al mandato de Dios

Levítico 10.1 dice: “ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó”. La frase “fuego extraño” se refiere a un fuego no autorizado, es decir, a una adoración que Dios no había prescrito.

No eran hombres idólatras. No ofrecieron nada a otros dioses ni blasfemaron. Sin embargo, su pecado fue grave, ya que Dios había dado instrucciones explícitas sobre cómo se debían ofrecer los sacrificios y cómo se debía utilizar el fuego en el Tabernáculo (Éx. 30.9; Lv. 16.12). La adoración no debía ser creativa ni pragmática, sino obediente y reverente. “Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás” (Dt. 12.32). Lo suyo no fue una mera innovación inocente en el estilo, sino el pecado de la desobediencia en la adoración, pues salieron de guion divinamente dado. Este pecado se comete a menudo hoy en día en muchas iglesias “cristianas” que creen que la gracia de Dios significa libertad para improvisar como quieran y que, si son sinceros, serán aceptados. Recuerda que Nadab y Abiú eran sinceros, pero estaban fatalmente equivocados.

 

La adoración debe ser conforme a la Palabra de Dios y Su santidad, no a las preferencias humanas

La respuesta de Dios revela el meollo del asunto: “En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado” (Lv. 10.3). Esta declaración explica el juicio. Dios exige a quienes se acercan a Él que se le trate como santo y soberano. La adoración, si ignora la voluntad revelada de Dios, deshonra Su santidad. Nadab y Abiú trataron la adoración de manera casual, como algo que debía ser moldeado por el juicio personal en lugar de por el mandato divino.

La Biblia advierte repetidamente contra la adoración diseñada o modificada por uno mismo. “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15.9). Dios desea obediencia, no nuestras innovaciones, por buenas que nos parezcan. Esto sigue siendo cierto en la edad de la gracia. La gracia no significa libertad para hacer lo que nos plazca. Eso no es libertad, sino libertinaje. Dios nos da Su gracia para ser obedientes y leales, no para improvisar o modificar lo que vemos en las Escrituras.

 

Hay evidencia de irreverencia y posible embriaguez

Más adelante en el capítulo, Dios ordena a Aarón y a los sacerdotes que no beban vino ni bebidas fuertes cuando entren en el tabernáculo (Lv. 10.8-11). Esta orden se da inmediatamente después de la muerte de Nadab y Abiú, lo que sugiere claramente que su castigo pudo estar relacionado con una falta de reverencia o de dominio propio.

Las Escrituras enseñan constantemente que quienes sirven ante el Señor deben hacerlo con sobriedad y discernimiento. “Sed sobrios y velad” (1 P. 5.8). “Sobrio”, dice Vine, significa de mente sana, de ahí, con dominio propio, templado, prudente. Ser sobrio es no ser liviano, no tomar decisiones por su cuenta, ni a la ligera, ni actuar impulsivamente. Independientemente de si hubo embriaguez o no, el texto deja claro que la negligencia en la adoración es inaceptable para Dios.

 

El juicio de Dios preservó la santidad de la adoración

Este acontecimiento tuvo lugar en un momento crítico. El tabernáculo acababa de ser inaugurado, se habían aceptado los sacrificios y la gloria de Dios se había manifestado visiblemente al pueblo (Levítico 9:23-24). En momentos como este de la historia de la redención, Dios suele actuar definitivamente para preservar la seriedad de Su santidad.

Juicios similares ocurren en otros momentos cruciales, como con Uza (2 Samuel 6:7) y con Ananías y Safira (Hechos 5:1-11). Estos acontecimientos recuerdan al pueblo de Dios que no debe tomarse a la ligera Su presencia. “Nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12.29).

 

La justicia de Dios no fue cruel, sino recta

Especialmente hoy en día, algunos consideran que este juicio fue excesivo. Las Escrituras no lo ven así. Dios había revelado claramente Su voluntad. Nadab y Abiú la ignoraron. Su muerte no fue un arrebato de ira ni una reacción emocional de Dios, sino un juicio justo. “Los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Sal. 19.9). La santidad de Dios y la autoridad de Su Palabra no son negociables. Cuanto más nos acercamos a Él, mayor es la responsabilidad de honrarlo como es debido. “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón” (Sal. 24.3-4).

 

El silencio de Aarón revela la aceptación de la justicia de Dios

Después de que Moisés habló, las Escrituras registran: “Y Aarón calló” (Lv. 10.3). Su silencio es significativo, pues muestra reverencia y el temor de Dios. Hoy en día, muchos padres se molestarían si Dios tocara a sus hijos, porque anteponen la familia a Él. Sin embargo, Aarón, el padre de los difuntos, no protestó ni acusó a Dios de ser injusto. Reconoció que Dios tenía razón. Esto nos enseña que la reverencia hacia Dios implica someterse a Sus juicios, incluso cuando resultan dolorosos. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Sal. 46.10).

 

La conexión con el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento no rebaja el estándar de Dios para la adoración. Más bien, lo profundiza. Los creyentes son ahora el templo del Espíritu Santo (1 Co. 6.19). En la edad de la gracia se nos manda adorar a Dios “en espíritu y en verdad” (Jn. 4.24).

La gracia no elimina la reverencia. “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12.28-29). El relato de Nadab y Abiú advierte a los creyentes y las iglesias que la sinceridad sin obediencia no es una adoración aceptable.

Nadab y Abiú fueron destruidos porque se acercaron a Dios según sus propios términos, como ellos creían que era mejor. Improvisaron y ofrecieron una adoración no autorizada, desobedeciendo así Su Palabra y deshonrando Su santidad. Su castigo nos enseña que Dios define cómo debe ser adorado, y que quienes le sirven deben hacerlo con obediencia, reverencia y temor, sin inventar ni modificar nada. Este pasaje es para nuestra instrucción y amonestación (1 Co.10.6, 11). La historia se escribió para invitarnos a examinar nuestras prácticas de adoración. Hermanos, Dios es misericordioso, pero también es santo. La verdadera adoración no tiene que ver con la creatividad o la conveniencia. Tiene que ver con someterse a la voluntad revelada de Dios y mostrar reverencia hacia Su santa presencia.

 

Sigamos el patrón sin modificaciones

Necesitamos hoy ser más como los de Berea, que escudriñaron cada día las Escrituras antes de tomar decisiones. El Espíritu Santo los llama nobles. Quisieron ceñirse a la Palabra de Dios. Si hiciéramos esto siempre, no se permitiría los cambios que se ven en las iglesias. Seríamos más sobrios, más prudentes, más fieles. El Nuevo Testamento presenta un patrón claro para la Iglesia y las iglesias. Si se siguiera este patrón, no existirían todas las denominaciones ni los “estilos de culto” que vemos en las iglesias que procuran acomodar al público. Dios es quien establece el patrón, y se nos manda: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste” (2 Ti. 1.13), y “guarda lo que se te ha encomendado” (1 Ti. 6.20). Retener y guardar no admiten modificaciones. Desde los inicios de la Iglesia, a los ancianos se les describía así: “Retenedor la palabra fiel tal como ha sido enseñada” (Tit. 1.9).

No se permite desviarse de la enseñanza apostólica, modificarla ni improvisar. No hay lugar para el razonamiento humano ni para las decisiones basadas en la conveniencia o la opinión de la mayoría. El incumplimiento de estas cosas ha dado lugar a todas las denominaciones e improvisaciones que ofrecen un fuego extraño a Dios. “Extraño” significa aquello que Él no mandó; que no está de acuerdo con Su Palabra.

     ¿Mandó Dios celebrar reuniones y conferencias de mujeres? ¿Mandó usar copitas en lugar de la copa en la Cena del Señor? ¿Mandó usar un “equipo de alabanza”, u organizar conciertos, o actuaciones de música especial o coros en las reuniones de la iglesia? ¿Mandó presentar obras de teatro en las reuniones? Si estas y otras cosas no están en Nuevo Testamento, que es nuestro único patrón, entonces son cosas “extrañas” que no deben ser admitidas. No importa si nos parece bueno o no. Solo importa lo que Dios ha dicho.


martes, 17 de febrero de 2026

La Biblia Enseña la Creación

God's Purpose for Humanity and Earth According to the Scriptures -  Christian Publishing House Blog 

 La Biblia Enseña la Creación


    Cada vez que digan que algo tiene 10 o 20 o 50 mil años de edad, o millones de años, o alegan que el agua llegó a la tierra en meteoros o asteroides, o hablan del “big bang”, o de la evolución de los animales y del ser humano, afrentan a Dios. Dios ha dejado registrado claramente de dónde vienen las cosas, y según Su Palabra no hay lugar para ni siquiera 10 mil años. Pero en lugar de creerle y glorificarle como Dios, proponen sus teorías que excluyen a Dios. A eso lo llaman “ciencia”, pero la realidad es otra. La Biblia lo tilda de “la falsamente llamada ciencia” (1 Ti. 6.20). Todos los que hablan así, y los que los creen, afrentan a Dios, porque en efecto dicen que Su Palabra es mentira o error.
    La Biblia afirma que Dios creó todo, e indica cuándo lo hizo: “en el principio” – Génesis 1.1. Testifica de que en el sexto día (literal) de la creación Dios hizo a un solo ser humano: Adán. Así que, el planeta y el universo tenían seis días de edad cuando Dios le hizo a Adán. La genealogía de la raza humana comienza con Adán, por lo que la Biblia indican que la tierra es joven. Puesto que todos descendemos de Adán, es imposible que haya tantos miles y millones de años que los incrédulos alegan. Romanos 1.19-22 describe esa rebelión y conspiración humana.


    “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios”.     

    El testimonio bíblico es que Dios es el Creador de todo. Aparece en todas las secciones del Antiguo y el Nuevo Testamento. La Biblia es inerrante, el producto de inspiración divina, por la que el Espíritu Santo de Dios habló por santos hombres de Dios. Les guió a escribir la verdad. Jesucristo dijo de la Biblia: “Tu Palabra es verdad” (Juan 17.17). Tenía plena confianza en las Escrituras.
    El que rehúsa creer este testimonio divinamente dado, en efecto llama a Dios mentiroso y dice que la Biblia es un libro indigno de confianza, ya que según ellos está lleno de errores y fábulas. La respuesta de las Escrituras es: “Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Romanos 3.4).
    No es posible ser un creyente y rechazar los primeros capítulo de Génesis o creer que son alegorías. En todo el resto de la Biblia se repite el testimonio de la creación y del Dios Creador que está en Génesis. Considera lo siguiente.

PENTATEUCO

Gn. 1-2    Todo este texto sagrado no es una teoría, sino un testimonio de los orígenes de los cielos, la tierra y la vida – flora, fauna y el ser humano, en seis días literales.
Por ej.  
Gn. 1.1    “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”
        * el resto del capítulo explica el orden de la creación en 6 días literales
        Cuando Dios creó a Adán, el sexto día, el planeta tenía solo 5 días de edad, y el sol, la luna y las estrellas tenían solo 2 días.

Gn. 1.14-19    La tierra existió antes que el sol, la luna y las estrellas, que fueron hechos en el cuarto día de la creación.

Gn. 1.24-25    Dios hizo los animales “según su género” y “según su especie” – no hubo evolución. Las especies existían y estaban distintas desde el principio.

Gn. 2.4-5    “Éstos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese”

Gn. 2.7    “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. 

Gn. 5.1    “Éste es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo”. 

Gn. 5.2    “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados”. “Varón y hembra” son los únicos dos sexos.

Gn. 5         Las genealogías desde Adán hacen imposible las teorías de miles y millones de años.

Gn. 6.6    “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”. 

Gn. 6.7    “Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado”

Gn. 14.19    “Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra”

Gn. 14.22    “...Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra” 

Éx. 20.11    “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay”

Éx. 31.17    “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó”. 

Dt. 10.14    “He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella”. 

Dt. 32.18    “Te has olvidado de Dios tu creador”. 

HISTORIA

1 Cr. 16.26     “Pero Jehová hizo los cielos”

2 Cr. 2.12      “Jehová el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra”

Neh. 9:5-6      “Hiciste los cielos”

POESÍA

Job 9.8-10    “El solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar; él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur; él hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número”.

Job 38        * en todo el capítulo Dios habla como Creador

por ej.
Job 38.4-7    “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular,  cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios? 
Job 38-41    Dios habla como el Creador y pregunta a Job si él puede hacer alguna de las obras Suyas

Sal. 8.3-4    “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos” 

Sal. 19.1    “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. 

Sal. 24.1    “De Jehová es la tierra y su plenitud” 

Sal. 33.6-9    “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Él junta como montón las aguas del mar; él pone en depósitos los abismos. Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes del mundo. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió”.

Sal. 89.12    “El norte y el sur, tú los creaste”

Sal. 89.47    “¿Por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre?”

Sal. 90.2    “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”.

Sal. 93.1    “Afirmó también el mundo, y no se moverá”.

Sal. 95.3-6    “Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca”. 

Sal. 96.5, 10    “Pero Jehová hizo los cielos... También afirmó el mundo, no será conmovido”

Sal. 100.3    “Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos”

Sal. 102.25-27    “Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán”. 

Sal. 104.2-5    “El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; el que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros. El fundó la tierra sobre sus cimientos; no será jamás removida”. 

Sal. 115.15-16    “...Jehová, que hizo los cielos y la tierra.  Los cielos son los cielos de Jehová; Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres”

Sal. 119.73    “Tus manos me hicieron y me formaron”

Sal. 119.90-91    “Tú afirmaste la tierra, y subsiste...  Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven”.

Sal. 121.2    “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”. 

Sal. 124.8    “Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra”.

Sal. 134.3    “Desde Sion te bendiga Jehová, el cual ha hecho los cielos y la tierra”. 

Sal. 135.6-7    “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia; saca de sus depósitos los vientos”. 

Sal. 136.4-9    “Al único que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia. Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre es su misericordia. Al que extendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia. Al que hizo las grandes lumbreras, porque para siempre es su misericordia. El sol para que señorease en el día, porque para siempre es su misericordia. La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche, Porque para siempre es su misericordia”. 

Sal. 146.5-6    “Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios, el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay”

Sal. 147.4-9    “El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito...  Él es quien cubre de nubes los cielos, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace a los montes producir hierba. El da a la bestia su mantenimiento, y a los hijos de los cuervos que claman”. 

Sal. 148.2-5    “Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos. Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creados”. 
    
Sal. 150.1    “Alabad a Dios en su santuario; alabadle en la magnificencia de su firmamento”.

Pr. 3.19-20    “Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia los abismos fueron divididos, y destilan rocío los cielos”. 

Pr. 8.22-30    “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras.  Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra.  Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.  Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada; no había aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”. 

Pr. 17.5    “El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor”

Ecl. 3.11    “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”. 

Ecl. 12.1    “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”

PROFETAS

Is. 17.7    “En aquel día mirará el hombre a su Hacedor”

Is. 27.11    “su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó”. 

Is. 40.21-22    “¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar”. 

Is. 42.5    “Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan” .

Is. 45.5-9    “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto. Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado. ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos?”

Is. 45.12    “Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé”.

Is. 45.18    “Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro”. 

Is. 51.13    “Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra”

Is. 65.17    “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento”. 

Jer. 10.12    “El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría;  a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos”.

Jer. 10.16    “No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los ejércitos es su nombre”. 

Jer.  27.5       “Yo hice la tierra”

Jer. 32.17    “¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti” 

Jer.  51.15    “Él es el que hizo la tierra con su poder, el que afirmó el mundo con su sabiduría, y extendió los cielos con su inteligencia”. 
    
Jer. 51.19    “él es el Formador de todo”

Ez. 28.15    “...desde el día que fuiste creado”

Am. 4.13    “el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre”. 

Am. 5.8    “buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar, y las derrama sobre la faz de la tierra; Jehová es su nombre” 

Jon. 1.9    “...temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra”. 

Mal. 2.10    “¿No nos ha creado un mismo Dios?”

EVANGELIOS

Mt. 19.4-6    “Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. 

Mr. 10.6-8    “al principio de la creación”

Mr. 10.13    “desde el principio de la creación que Dios creó”

Jn. 1.1-3    “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. 

HECHOS

Hch. 14.15    “os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay”. 

Hch. 17.24-26    “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”.


EPÍSTOLAS

Ro. 1.19-20    “...porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.  Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”. 

Ro. 1.25    “...cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos”

Ro. 8.19-22     “la creación”  x4

Ro. 8.39    “ni ninguna otra cosa creada”

1 Co. 11.9    “y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”. 

Ef. 3.9        “Dios, que creó todas las cosas”

Col. 1.16-17    “en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” 

Col. 1.23    “en toda la creación que está debajo del cielo”

He. 1.2-3    “nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” 

He. 1.10    “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos”.

He. 2.10    “aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten”

He. 3.4    “el que hizo todas las cosas es Dios”

He. 11:3    “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. 

1 P. 4.19    “encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien”.  

2 P. 3.4    “desde el principio de la creación”

2 P. 3.5    “Éstos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra” 

PROFECÍA

Ap. 3.14    “el principio de la creación de Dios”

Ap. 4.11    “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. 

Ap. 5.13    “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. 

Ap. 14.7    “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. 
                
Entonces, el lector debe escoger entre confiar en unos hombre frágiles e ignorantes que a penas llegan a ochenta años de edad y nunca han podido crear nada, y el Dios eterno que tiene todo poder y sabiduría. Uno de ellos está muy equivocado. Dios no puede mentir ni equivocarse. El es el Creador, y ellos son nada más que criaturas. Creo a Dios antes que a los hombres. ¿Y tú?

Carlos Tomás Knott


 

lunes, 16 de febrero de 2026

Bendito es Israel

 


 

Dios le dijo a Balaam: “No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es (Nm. 22.12). No le permitió que maldijera a Israel.

            Como entonces, hoy también Israel tiene muchos enemigos que creen tener razón. Oponerse a Israel, odiarlo y maldecirlo está de moda, oponérsele y maldecirlo, porque el mundo todavía está bajo el maligno (1 Jn. 5.19), y él odia y persigue a la nación escogida (Ap. 12.13-17).

            En lugar de seguir la corriente de este mundo (Ef. 2.2-3), debemos recordar las palabras de Dios y ponerlas en práctica. Un pez muerto puede dejarse llevar por la corriente, pero hace falta estar vivo para ir contra ella. Observemos tres cosas de la instrucción divina del verso 22.

            Primero: “No vayas con ellos”. El Salmo 1.1 dice: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”. Odiar y maldecir a Israel es consejo de malos, camino de pecadores y silla de escarnecedores. Dime con quién andas, y te diré quién eres. La actitud y la conducta antisemitas ofenden a Dios y se oponen a Su santa voluntad. No hagas caso a las voces poderosas y populares del mundo, porque no tienen razón. No tienen aprobación divina.

            Segundo: “Ni maldigas al pueblo”. Dios prohíbe maldecir a Israel. Balaam aprendió la lección. Cuando el rey de Moab le pidió que lo maldijera, le respondió: “¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?” (Nm. 23.8). Sería una locura. Dios le declaró a Abraham: “…a los que te maldijeren maldeciré” (Gn. 12.3). Los anales de la historia están llenos de los cadáveres y los desastres de los enemigos de Israel, entre ellos, Egipto, Filistea, Edom, Asiria, Babilonia, Roma, y en tiempos modernos, España, Alemania, Rusia e Irán. Claramente, no tienen buen fin los que maldicen a Israel, porque Dios cumple Su promesa. Los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla y sufrir las mismas consecuencias. Balaam exclamó: “Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren” (Nm. 24.9). Ahí está el camino de la bendición y el de la maldición.

            Algunos creen que está justificado maldecir a Israel y oponerse a la nación porque, según dicen, Israel ha cometido pecados e injusticias. (Quienes lo dicen también pecan y son injustos). Pero debemos conocer el contexto del libro de Números.  Israel estaba siendo juzgado por una serie de pecados y toda una generación iba muriéndose en el desierto. El Salmo 90 trata sobre la ira de Dios contra Su pueblo por sus pecados, pero en ningún momento Dios abandonó ni desechó a la nación. Cuando Balaam vio a Israel, bajo la influencia divina declaró: “He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla. No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él” (Nm. 23.20-21). William MacDonald comenta:

 

“El segundo oráculo aseguró a Balac que la bendición original de Dios sobre Israel no había cambiado (vv. 18–20). La primera parte del versículo 21 describe la posición de la nación, no sus prácticas. El pueblo fue reconocido como justo por la fe. De igual manera, el creyente hoy en día se halla ante Dios con toda la perfección de Su amado Hijo. El Señor estaba con Israel, y el pueblo podía clamar con júbilo porque Él reinaba como rey entre ellos (v. 21b). Los rescató de Egipto y les había dado fuerzas. No se cumpliría ninguna maldición contra ellos. Más bien, las victorias que ganaría Israel causarían que las naciones dijeran: “Lo que ha hecho Dios!” (vv. 22–24). Puesto que Balaam se negó a maldecir al pueblo, Balac mandó que tampoco lo bendijera (v. 25), pero el profeta protestó que sólo podía hacer lo que Jehová mandara”.[1]

 

Debemos tomar nota de que no basta con no maldecir a Israel, sino que debemos bendecirlo y reconocer su lugar privilegiado. Sin embargo, hoy en día escuchamos a evangélicos afirmar que Israel ya no es el pueblo de Dios porque rechazó y crucificó al Mesías. Quienes así hablan piensan que ese fue un pecado imperdonable por el que Dios ha desechado a Israel, pero se equivocan. No solo eso, sino que también emplean el argumento de la Iglesia católica romana y de los nazis, que maldicen a la nación judía por la crucifixión de Cristo (olvidando que Roma también tuvo mucha culpa). ¿Qué dice la Escritura? “¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera (Ro. 11.1). “No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció” (Ro. 11.2). Los incrédulos de la nación son castigados, pero Dios nunca desecha a la nación. Leamos nuevamente Sus palabras a Israel: “…porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres” (Dt. 4.31). Dios afirma tres cosas:

1.      No dejará a Israel.

2.      No destruirá a Israel.

3.      No se olvidará del pacto que les juró a los patriarcas.

 

No es Moisés sino Dios quien lo promete. ¿Y qué dijo antes el profeta Balaam? “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Nm. 23.19). Por tanto, quedan sin fundamento las alegaciones de quienes dicen que Israel hoy no es el pueblo de Dios ni goza de Su favor. No depende de ellos, sino de Dios que lo juró. Así que, “no maldigas al pueblo”.

Tercero, “porque bendito es”. Cuando Dios le dijo esto a Balaam, Israel llevaba cuarenta años de castigos divinos por su desobediencia y había muerto toda una generación incrédula. Pero, “bendito es”. Nada puede hacer que Dios quite de Su pueblo, la nación, Su bendición soberana. Fue dada sin mérito, y así se mantiene. Dios anunció la bendición de Su gracia soberana a Abraham cuando apenas había salido de Ur de los caldeos y le quedaba mucho que aprender. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición (Gn. 12.2). Siglos después, y a pesar de toda la conducta de los israelitas durante esos años, Balaam declaró que había recibido órdenes divinas: “He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla”. Pablo declara: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11.29). Nadie debe seguir buscando motivos para revocar la bendición, porque Dios no cambiará lo que ha determinado.

            Israel es bendito, por la gracia de Dios, por la elección soberana (Ro. 9.11, 16), y por las inquebrantables promesas divinas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Dios no necesita nuestro permiso ni aprobación para hacerlo. En el cielo las opiniones y protestas humanas no tienen peso. Todo se cumplirá con la nación de Israel, no con la Iglesia ni con nadie más. No es por la conducta de Israel, sino por la voluntad soberana de Dios. Aunque se juzgue a los individuos y generaciones desobedientes y se pierdan, la nación nunca perderá su posición favorecida. “Bendita es”.

Carlos Tomás Knott


[1] William MacDonald, Comentario Bíblico, pág. 88, CLIE.