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martes, 8 de agosto de 2017

Cristo En La Barca (Parte ()

por C. H. MacKintosh

En el momento de extremo peligro o de angustiosa necesidad en la vida del hombre es el momento oportuno para Dios. Éste es un dicho muy familiar en el mundo de habla inglesa, que citamos a menudo y que, sin ninguna duda, creemos plenamente; y, sin embargo, cuando a nosotros mismos nos toca pasar por un momento crítico, cuando nos vemos enredados en un gran aprieto, a menudo estamos poco dispuestos a contar únicamente con la oportunidad de Dios. Una cosa es exponer una verdad o escucharla, y muy otra realizar el poder de esa verdad. No es lo mismo hablar de la capacidad de Dios para guardarnos de la tempestad cuando navegamos sobre un mar en reposo, que poner a prueba esa misma capacidad cuando realmente se desata la tempestad a nuestro alrededor. Sin embargo, Dios es siempre el mismo. En la tempestad o en la calma, en la enfermedad o en la salud, en las necesidades o en las circunstancias favorables, en la pobreza o en la abundancia, Él es Ael mismo ayer, y hoy, y por los siglos@ (He. 13:8); Él es la misma gran realidad sobre la cual la fe puede apoyarse y de la cual puede echar mano en cualquier tiempo y circunstancia.
     Lamentablemente, (somos incrédulos!, y ésta es la causa de nuestras flaquezas y caídas. Nos hallamos perplejos y agitados cuando deberíamos estar tranquilos y confiados; buscamos socorro de todos lados cuando deberíamos contar con Dios; hacemos Aseñas a los compañeros@ en lugar de Aponer los ojos en Jesús@. Y de este modo, sufrimos una gran pérdida al mismo tiempo que deshonramos al Señor en nuestros caminos. Pocas cosas habrá, sin duda, por las que debamos humillarnos más profundamente que por nuestra tendencia a no confiar en el Señor cuando surgen las dificultades y las pruebas; y seguramente afligimos su corazón al no confiar en Él, pues la desconfianza hiere siempre a un corazón que ama.

     Veamos, por ejemplo, la escena entre José y sus hermanos en el capítulo 50 del Génesis: AViendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban@ (vv. 15-17).
     Triste respuesta a cambio de todo el amor y los cuidados que José había prodigado a sus hermanos. )Cómo podían suponer que aquel que les había perdonado tan libre y completamente, que había salvado sus vidas cuando estaban enteramente en sus manos, querría desatar contra ellos, después de tantos años de bondad, su ira y su venganza? Fue ciertamente grave el error de parte de ellos, y no es de extrañar que José llorara mientras hablaban. (Qué respuesta a todos sus indignos temores y a sus terribles sospechas! (Un mar de lágrimas! (Así es el amor! AY les respondió José: No temáis; )acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón@ (vv. 19- 21).
Así ocurrió con los discípulos en la ocasión que estamos considerando. Meditemos un poco este pasaje. AAquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal@ (Mr. 4:35-38).

     Tenemos aquí una escena interesante a la vez que instructiva. A los pobres discípulos les toca vivir un momento de extremo peligro, una situación límite. No saben qué más hacer. Una recia tempestad, la barca llena de agua, el Maestro durmiendo. Era realmente un momento de prueba y, si nos miramos a nosotros mismos, seguramente no nos extrañará el miedo y la agitación de los discípulos. De haber estado en su lugar, sin duda habríamos reaccionado de la misma manera. Sin embargo, no podemos sino ver dónde fallaron. El relato se escribió para nuestra enseñanza, y debemos estudiarlo y tratar de aprender la lección que nos enseña. 
No hay nada más absurdo ni más irracional que la incredulidad, cuando la consideramos con calma. En la escena que nos ocupa, la incredulidad de los discípulos es, evidentemente, absurda. En efecto, )qué podía ser más absurdo que suponer que la barca podía hundirse con el propio Hijo de Dios a bordo? Y, sin embargo, eso es lo que temían. Se dirá que precisamente en ese momento no pensaban en el Hijo de Dios. A la verdad, pensaban en la tempestad, en las olas, en la barca que se llenaba de agua, y, juzgando a la manera de los hombres, parecía una situación desesperada. El corazón incrédulo razona siempre así. Mira las circunstancias y deja a Dios de lado. La fe, en cambio, no considera más que a Dios, y deja las circunstancias de lado.
(Qué diferencia! La fe se goza en los momentos de extremo peligro o de angustiosa necesidad, simplemente porque los tales son una oportunidad para Dios. La fe se complace en concentrarse en Dios, en encontrarse sobre ese terreno ajeno a la criatura, para que Dios manifieste su gloria; en ver que las Avasijas vacías@ se multipliquen para que Dios las llene (2 R. 4:3-6). Podemos afirmar ciertamente que la fe habría permitido a los discípulos acostarse y dormir junto a su divino Maestro en medio de la tempestad. La incredulidad, por otro lado, los hizo estar sobresaltados; no pudieron permanecer tranquilos ellos mismos, y perturbaron el sueño del Señor con sus incrédulas aprensiones. Él, cansado por un intenso y agobiador trabajo,  había aprovechado la travesía para reposar durante unos instantes. Sabía lo que era el cansancio. Había descendido hasta todas nuestras circunstancias, de modo que pudo familiarizarse con todos nuestros sentimientos y debilidades, habiendo sido tentado en todo según nuestra semejanza, a excepción del pecado. En todo respecto fue hallado como hombre y, como tal, dormía sobre un cabezal, balanceado por las olas del mar. El viento y las olas sacudían la barca, a pesar de que el Creador se hallaba a bordo en la persona de ese Siervo abrumado y dormido.
     (Profundo misterio! El que hizo el mar y podía sostener los vientos en su mano todopoderosa, dormía allí, en la popa de la barca, y dejaba que el viento le tratase sin más miramientos que a un hombre cualquiera. Tal era la realidad de la naturaleza humana de nuestro bendito Señor. Estaba cansado, dormía, y era sacudido en medio de ese mar que sus manos habían hecho. Detente, lector, y medita sobre esta maravillosa escena. Ninguna lengua podría hablar de ella como conviene. No podemos detenernos más en este punto; sólo podemos meditar y adorar.

continuará, d.v.

de sus Escritos Misceláneos, tomo I, capítulo 3

sábado, 3 de junio de 2017

CARTA A UNA HERMANA EN PELIGRO

Querida hermana:

    ¿Está usted buscando un esposo bueno y fiel? Hay dos señores que quieren facilitarle un esposo.

    El primero se llama en Efesios 2:2 el “príncipe de la potestad del aire” Él tiene una familia grande y ellos se llaman los hijos de la desobediencia. Ellos no han obedecido al evangelio (ver 1 Pedro 4:17), y el apóstol Juan los llama “hijos del diablo” (1 Juan 3: 10). Una hija de Dios que se case con uno de éstos tendrá al diablo por suegro y le será imposible guardarle a él fuera del hogar. Pero el diablo es astuto, y él y los suyos pueden disfrazarse como ángeles de luz o ministros de justicia, con tal de engañar a un creyente y tenderle trampa. No han sido pocos los que han profesado ser creyentes para poderse casar con un creyente del cual estaban enamorados, por no decir encaprichados. Se bautizarán, irán a reuniones de iglesia, y harán casi lo que se les pida para “entrar en el círculo” y conseguir casarse con la persona que desean. Incluso se engañan a sí mismos, pensando que se han convertido cuando es todo una obra de teatro dirigido por los deseos carnales y por la mente del príncipe de la potestad del aire, el engañador maestro.

    Algunos de los hijos de este príncipe de las tinieblas son de buen parecer, amables, decentes y educados, pero no hay luz en sus corazones. Son entenebrecidos y son llevados cautivos por el diablo a la voluntad de él. Cuando una joven que confiesa el nombre del Señor se rebela contra Su palabra: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios 6:14), ella se convierte en una hija de desobediencia y pone en tela de duda si es salva o no. El amor es ciego y Satanás emplea muchas artimañas para enredar a una dama en un compromiso. Es como una araña que amarra a una mosca en su tela.

    El otro que le puede proveer un esposo se llama el Príncipe de la vida y paz. Desde el momento en que uno cree en Él como su Salvador, Él lleva el nombre de la tal persona sobre su corazón. Sus ojos están puestos en los suyos día y noche. Él es la fuente de toda bendición y felicidad. Tiene una familia grande y está llevando “muchos hijos a la gloria” (Hebreos 2: 10). Es infinitamente sabio, nunca se ha equivocado, y es digno de toda nuestra confianza.

    El sí sabe si usted debe casarse o no, y sabe cuándo y con quién se debe casar. Si usted debe casarse, lo cual sería el caso normal de la mayoría de las personas, el Señor sabe como nadie más con quién debe casarse. Pero hay que tener cuidado, no con el Señor, sino con algunos de Su casa que quieren hacer el trabajo de Él. Están dispuestos a arreglar parejas, y piensan que hacen un servicio, pero sus conocimientos no son infinitos, tampoco lo es su sabiduría, y como seres humanos puede equivocarse fácilmente. Por esto aconsejamos que esperes en el Señor, porque Él sabe lo mejor.  Si es Su divina voluntad que te cases, Él y nadie más tiene el esposo idóneo para usted, y quiere que usted tenga un hogar donde Él sea honrado. Se contenta cuando sus hijos le obedecen, y dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Pero se aflige cuando sus hijos echan por detrás de la espalda Su Palabra y obedecen a otras voces, a las de seres humanos que operan en una esfera que no les corresponde, a la voz de sus pasiones, o la voz de Satanás. Cualquiera de estas voces puede sacarle a un creyente de la voluntad de Dios que es buena, perfecta y agradable como ninguna otra (Ro. 12:1-2). Así se equivocó nuestra primera madre, Eva, y ella tuvo que llevar un castigo de dolor y lágrimas, es decir, tuvo que vivir con las consecuencias de su error y pecado.

    Le aconsejó encarecidamente que se pare en el camino y pregunte por “el buen camino” (Jeremías 6:16). “Andad por él”, dijo Dios por el profeta, “y hallaréis descanso para vuestra alma”. No sea rebelde como aquellos de quienes habló él, que contestaron: “No andaremos”. Hable al Señor en oración en esta noche. Pida su perdón por rebeldía contra la Palabra de Dios, y busque su consejo, con la Biblia abierta. Pida fortaleza para evitar el desastre en su vida, y que el Señor le bendiga.
 
Nótese: Esta carta está igual de válida para el hermano en Cristo que busca esposa.

Adaptado de un artículo que apareció en la revista “Nuestra Santificación”, una compilación de escritos por S. J. Saword (1894-1988), publicado en Venezuela, 1999. Tomado de:  CONGREGADOS EN MI NOMBRE, Año 2003, Nº 1

jueves, 6 de octubre de 2016

Alerta de Tormenta

Con el terrible huracán Matthew al frente de las noticias, amenazando y causando tanta destrucción, es buen momento para recordar que hay tormentas peores que huracánes, y Dios ya nos advirtió. Pero, ¿Quién se lo toma en serio?


“Alerta máxima del Servicio Nacional Meteorológico...
El Servicio Nacional Meteorológico ha puesto una alerta máxima hasta las 6:00 de la mañana del sábado por la posibilidad de que se produzcan fenómenos tormentosos acompañados de tornados, que podrán alcanzar velocidades de 200 km/h en las zonas alertadas.  Se aconseja que la población que habite en estas zonas de alerta estén pendientes de los medios de comunicación para posibles cambios en la previsión meteorológica”.

   
“También debes saber esto; que en los postreros tiempos vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1).  Este versículo nos da una vista profética y una alerta sobre el final de la era de la iglesia. Las alertas de tormenta de Dios son aún más serias que las del Servicio Nacional Meteorológico. Eso quiere decir que cuando leemos una, debemos de prestar atención y tomar acción. Hagamos un paralelo a las palabras de la alerta del Servicio Nacional. “Una alerta de tiempos peligrosos significa que las condiciones son favorables para el desvío, el error y el mal espiritual en, y cerca de, la zona de alerta. Las personas en estas zonas deben estar pendientes de las condiciones espirituales peligrosas y consultar a las Escrituras para información y avisos adicionales”. Hay una declaración y una alerta posteriores en 2 Timoteo 3:13 que nos dice que las cosas no están mejorando. “Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”.
    En el versículo uno tenemos un aviso: “También debes saber esto”, dice el apóstol bajo inspiración divina. Esto no es una suposición ni una conjetura, sino una declaración clara sobre cosas que sin duda alguna llegarán a ocurrir. ¿Cuándo? “En los últimos días”, se nos dice. La palabra es eschatos y significa “extremo, sumo” (Hch. 1:8) o “último en el tiempo”. El final de la era presente está claramente en mente. Hay muchos avisos en el Nuevo Testamento sobre los últimos días. ¿Los conocemos, y los tomamos en serio? Aquí se nos avisa claramente del peligro: “vendrán tiempos peligrosos”. Esta palabra, “peligroso” viene de una palabra traducida “feroz” en Mateo 8:28. Significa complicado, difícil de soportar. ¿Por qué serán los tiempos complicados y difíciles de soportar? Porque “las condiciones son favorables para el desvío, el error y el mal espiritual en, y cerca de, la zona de alerta”. ¿Cuál es la zona de alerta? Sigue leyendo. Pero el aviso dado en el versículo uno debe de despertarnos y ponernos a todos en alerta. Viene una tormenta y tiene un poder destructivo.
    En los versículos 2-5a tenemos una descripción de las condiciones. Dieciocho condiciones peligrosas y destructivas se describen en los versículos 2-4. Estas condiciones empiezan con un amor extraviado (mal dirigido, desencaminado). En vez de amar Su venida (4:8), “habrá hombres amadores de sí mismos”. En cierto sentido este es el pecado padre que engendra a los demás. Sin embargo hoy el amor propio no sólo se enseña en el mundo, sino también en las iglesias, gracias a la llamada “psicología cristiana”. Sin duda, al escribir estas palabras, Pablo estaba impresionado ante el cambio futuro. En Romanos 7:18 dijo claramente: “y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien”. En Lucas 9:23 el Señor demandaba que Sus seguidores se negaran a sí mismos diariamente. El amor propio y la voluntad propia no tienen lugar en el reino de Dios. La próxima palabra en esta descripción es “avaros”, que quiere decir literalmente “amantes de la plata” y entonces “amantes del dinero”. Primera de Timoteo 6:10 dice que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Y sin embargo las cosas que puede comprar son fuerzas poderosas hoy. El materialismo abunda, y sin embargo los materialistas están ciegos; ¡creen que los avisos acerca de los ricos y sus riquezas son para alguien más rico que ellos! Alguien dijo que en el billete del dolar estadounidense las palabras “en Dios confiamos” deberían cambiarse a “en este dios confiamos”, y seguramente tenía razón. El amor a uno mismo y el amor al dinero son malvados y destructivos. Seguimos leyendo y la descripción no mejora: “vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural (otro amor extraviado), implacables, calumniadores, intemperantes (pasiones indómitas), crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que a Dios”. Esto último se podría traducir: “amantes de los deleites en vez de amantes de Dios”, y esa es exactamente la idea aquí. Es otro amor extraviado. Algo indigno del amor ha desplazado, expulsado y ahogado el amor a Dios, que es el primer y más grande mandamiento. Conocerle es amarle, pero ¿quién tiene tiempo o interés? Hoy las personas aman la música, el deporte, la comida, la aventura, la televisión, las películas, las novelas y miles de otras cosas. Se aman toda clase de deleites, pero a Dios no se le ama. Al leer los versículos 2-4 vemos juntarse nubes negras de tormenta en el horizonte y sentimos como aumenta el viento. Vienen problemas, pero ¿dónde? ¿Cuál es la zona de alerta?
    Encontramos la información cuando leemos la primera parte del versículo 5. “Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”. Las personas de la iglesia. Tienen una apariencia de piedad, exteriormente. Se llaman cristianos y profesan conocer a Dios. Pero con sus obras le niegan (Tito 1:16). No tienen ningún poder espiritual, no tienen victoria sobre el pecado, no tienen una vida piadosa de devoción amante al Señor. Son impotentes, como un coche sin motor, están vacíos por dentro. Esas condiciones terribles, pecaminosas y destructivas descritas en los versículos 2-4 siempre han estado en el mundo desde los primeros capítulos de Génesis. Son los mismos viejos pecados de siempre, por decirlo así. Romanos 1 también habla de ellos, y da una lista aún más larga. Pero la diferencia es que en los postreros días estos pecados y estas personas pecaminosas van a infiltrarse en la iglesia. Las barreras de la separación, una palabra olvidada entre los evangélicos, no solo se han bajado, ¡sino que han desaparecido! Esto es por lo que los tiempos son peligrosos, difíciles de soportar. Porque la zona de alerta es la iglesia. En tiempos pasados, cuando el comportamiento de una persona encajaba con los versículos 2-4 estaba claro que no era creyente. Hoy en día la gente no piensa con tanta claridad. Los cristianos profesantes llenan las iglesias y van en multitud a los “conciertos cristianos” para disfrutar del entretenimiento ofrecido. Es la era de la iglesia orientada al consumidor, y si quieres que sea grande (que en América equivale al éxito), tienes que darle a la gente lo que quiere. Consulta a los estrategas del marketing o a los expertos en crecimiento eclesial. Pero si la gente viene por motivos tan egoístas, y si todo cuanto tienes que hacer es “levantar la mano”, o “hacer una oración” para ser salvo, sabemos el por qué de estas condiciones. No ha habido predicación del Evangelio, no ha habido declaración del pecado, no ha habido convicción, no ha habido ningún despertar para huir de la ira venidera, no ha habido arrepentimiento, no ha habido fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo – así, no ha habido salvación. Lo que vemos hoy no tiene nada que ver con la iglesia apostólica del cristianismo del Nuevo Testamento, sin embargo, todos somos felices. Los postreros días y los tiempos peligrosos están aquí. ¡El mundo se ha infiltrado en la iglesia y es difícil distinguir entre los dos! De hecho, muchas personas en las iglesias nunca han visto condiciones de santidad y separación. “Nacieron” en una iglesia donde ya había entrado el mundo, y estas terribles condiciones les parecen completamente normales. Tiempos peligrosos, sí, ¡tiempos de confusión y falta de discernimiento! “Condiciones favorables para el desvío, el error y el mal espiritual en, y cerca de, la zona de alerta”. El potencial para el daño es grande, ¡y la zona de alerta es la iglesia! ¿Qué hemos de hacer?
    En el versículo 5b tenemos instrucciones. Cuando la gente sabe que se acerca una tormenta, dedican todo su tiempo a prepararse, a tapar las ventanas, juntar provisiones y a veces a evacuar la zona de peligro.
    Nuestro Señor dijo: “porque los hijos de este siglo son más sagaces...que los hijos de la luz” (Lc 16:8). Hemos recibido una alerta, y nuestras instrucciones son sucintas y claras, no complicadas o técnicas. Dicen: “a éstos evita”. Podríamos decir: “aléjate del peligro”. Estas son las instrucciones apostólicas, y más, ¡son instrucciones divinas! La idea es evitar la clase de personas descritas en los versículos 2-4. Sabemos cómo evitar un charco o una persona desagradable, y deberíamos ser más diligentes en evitar a estas personas descritas. No hemos de tener comunión con ellas. Tiene que haber separación, a nivel personal y a nivel de asamblea. Los ancianos han de hacer caso a la Palabra, y asimismo todo creyente individual. Aún así muchos vacilan en lugar de hacer lo que dice la exhortación. Quizá están involucrados amigos o familiares. Quizás tienen miedo del menosprecio o el no ser invitados a ciertos círculos. Nuestro amor por el Señor y Su Palabra debe eclipsar toda otra preocupación. La única manera de evitar la contaminación y el daño es evitando a las personas descritas en nuestro texto. Acuérdate, no estamos hablando de no tener contacto con la gente del mundo que sabe que es inconversa y viven de acuerdo a eso. Debemos de alcanzarles y testificarles, no bajo sus términos, sino bajo los de Dios. La exhortación a evitar significa no tener comunión con aquellos quienes se llaman a sí mismos cristianos, “teniendo apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella”. No podemos andar con ellos porque no estamos de acuerdo (Amós 3:3). Pero hay algo más aparte de “a estos evita”. El versículo 14 dice: “pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido”. La palabra clave aquí es “persiste”. Sigue, no cambies, persevera. Timoteo había sido enseñado por el apóstol Pablo, y tenía que seguir fiel a lo que había aprendido. Tenemos que asegurarnos de que lo que hemos aprendido es doctrina apostólica, no las ideas de los hombres, técnicas de marketing, etc. Que cada uno de nosotros sea fiel a las enseñanzas del Nuevo Testamento. Que hagamos caso a los avisos y seamos diligentes en responder a las exhortaciones, y más preocupados por obedecer al Señor que por agradar a los hombres o mantener el status quo. Debemos recordar que hombres como Pablo nos han dado estas instrucciones, y que esos “santos hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo”. Una terrible tormenta de mundanalidad y falsa profesión se cierne sobre las iglesias. Que el Señor nos ayude a todos a hacer caso a las alertas e instrucciones de la Escritura, y que nos salve del daño y la pérdida espiritual.
Carlos Tomás Knott