viernes, 13 de marzo de 2026

Prepárate Para La Eternidad

 


    Es asombroso el pensamiento de la eternidad. Amigo, ¿te has detenido a reflexionar seriamente sobre ello? No permitas que las cosas pasajeras te cieguen ante las realidades eternas. Vas a la eternidad. Cada tic-tac del reloj y cada latido del corazón te acerca más a ella. “La corriente imparable del tiempo arrastra a todo ser humano hacia la eternidad”. Incontables millones de personas han poblado este mundo, y ¿dónde están ahora? Todos, excepto la generación presente, ya están en la eternidad, y esta sigue en pos de ellos. Cada hora mueren miles de personas. En el tiempo que te cuesta leer esto, cruzan al otro lado y ya no volverán. No dejan de existir. Eternamente están en el cielo o en el infierno, pues no existen más opciones.

Pronto te puede tocar a ti, amigo. 
¿Estás preparado? ¿Dónde pasarás la eternidad?

         Para quienes confían en Jesucristo y han nacido de nuevo por la fe, la eternidad no causa temor y la muerte no es una calamidad. Es simplemente pasar de una escena de problemas, preocupaciones, dolores y gemidos a la presencia de Cristo, donde nada de eso existe, donde solo hay gozo y satisfacción para siempre. Contemplarán la gloria resplandeciente del Cielo, verán a Dios, escucharán alabanzas y sentirán una paz y un gozo que no existen en este mundo. Pero, si no has querido confiar en Cristo y seguirle en esta vida, ¿por qué piensas que al morir estarás con Él? No te engañes.
         ¡Qué terrible es entrar en la eternidad sin ser salvo! ¡Cuán horrible es cerrar los ojos en este mundo y abrirlos en las tinieblas y el tormento de una eternidad perdida! Nuestro Señor relata el caso verídico de un hombre que vivió, murió, fue sepultado y “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos” (S. Lucas 16.23). Lo más amargo para todas las personas perdidas es el saber que todo eso es eterno. Su lamentable y desdichada condición jamás cambiará, porque así entraron en la eternidad.
         Una gota de agua sacada del mar lo reduce, aunque por poco, porque el mar está compuesto de gotas de agua. Pero un millón de años sacados de la eternidad no la disminuye. No está compuesto de tiempo. La eternidad es como la vida de Dios, sin comienzo ni fin. ¡Qué pensamiento tan abrumador! Prepárate ahora, antes de cruzar el umbral de la muerte y entrar en tu destino eterno. Jesucristo declara: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. No te equivoques. Solo Jesucristo puede perdonarte y darte la vida eterna.

 ¡Eternidad! ¡Qué grande eres! 
¡Eternidad, que nunca mueres!
Oh dime: ¿Dónde yo iré? 
¿Qué suerte allí yo encontraré?
Feliz o triste, ¿cuál será? ¡
La eternidad se acerca ya!


¡Eternidad!  ¿Qué cuentas llevas?
¡Eternidad!  ¿Con qué me pagas
las horas del carnal placer,
las obras que dejé de hacer?
Pesar o gozo, ¿cuál será?
¡La eternidad se acerca ya!

 


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