A continuación, presentamos el prefacio del libro El Plan Divino Para las Misiones, por W. E. Vine, porque el tema que trata es muy necesario hoy en día, debido a los "pequeños desvíos" que hay en muchas iglesias.
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"Ningún desvío del plan divino debe ser tratado como un asunto trivial. Aunque parezca de poca importancia, los “pequeños desvíos” solo abrirán paso a violaciones más grandes y serias de la voluntad de Dios. Debemos vigilar con gran cuidado el comienzo de las cosas, y probarlas constantemente con la Palabra de Dios. Por ejemplo, el romanismo moderno es simplemente el fruto maduro de principios adoptados en tiempos primitivos. En aquel entonces, podían parecer pequeñas divergencias inofensivas de las enseñanzas y prácticas apostólicas y, seguramente, cada modificación parecía tener su lógica, pero ¡mirad hoy cuán graves son los errores y problemas que provienen de esas innovaciones que parecían insignificantes!
Ahora bien, es cierto que no todos los métodos nuevos son necesariamente “desviaciones”. Hay una diferencia entre algo que no es bíblico y algo que es antibíblico. En su día, la “lista” de Esdras de los que dejaron a sus amigos y hogares para edificar la casa de Dios y, después, los “tesoreros” de Nehemías eran cosas nuevas en su día. Un intercesor como Daniel podría hacer buen uso de una lista en sus oraciones. Sin esos tesoreros muchos levitas habrían sido descuidados en la distribución, pero así podían seguir sirviendo al Señor sin perder de vista a Aquel que era su herencia. Hace doscientos años que una escuela dominical era un método nuevo. Hace cien años que los tratados eran algo nuevo, y hace cincuenta años, las carpas y los autobuses usados para el evangelio no existían, pero esas cosas no eran métodos de filisteos. En 1 Crónicas 16:7, el servicio ordenado y reverente de los cánticos era nuevo en comparación con la irrupción de gritos de alabanza y música en 1 Crónicas 13:8, pero no por eso era un “carro nuevo”. En su celo y descuido, David se había desviado de la voluntad de Dios y había provocado su castigo, porque había adoptado métodos erróneos. Esos métodos no eran erróneos simplemente por ser nuevos, sino porque eran contrarios a lo establecido en la Palabra de Dios.
Nuestra única salvaguardia es ceñirnos a la Palabra de Dios y consultar siempre al Dios de la Palabra. Él nunca nos guiará para actuar en contra de Su Palabra, pero en respuesta a nuestras oraciones podría enseñarnos una nueva manera de obedecerla. En nuestros tiempos se dio el caso de unos empleados ferroviarios que, para disputar con la empresa, “siguieron las normas” de trabajo, lo que costó 300.000 libras esterlinas (hoy equivaldrían a más de 400.000 euros). Es totalmente insensible trabajar así en cualquier servicio, y solo causa confusión. El conocimiento de la Palabra de Dios es necesario para obedecerla, pero lastimosamente es posible que el conocimiento estimule un espíritu de independencia. Podríamos confiar tanto en nuestro conocimiento que olvidamos que necesitamos estar siempre a Su pies en oración. Necesitamos más que el raciocinio. Es necesario que Dios nos guíe siempre a través de Su Palabra para que entendamos cómo se aplica a la situación actual. Su guía es imprescindible para que actuemos con inteligencia espiritual.
No basta con conocer la mente de Dios. Si no nos sometemos constantemente a Dios con un espíritu humilde, nuestra obediencia, aunque honesta e inteligente, podría ser simplemente una manifestación de obstinación. En lugar de dejarnos guiar por el Espíritu, es fácil que recaigamos en la carne con su orgullo de conocimientos y su raciocinio, pero de ese modo perderemos el “grato olor de Cristo” (2 Co. 2:15) en nuestro servicio.
Deseo que la lectura atenta de estas páginas nos ilumine la comprensión del propósito de Dios. Pero también que cada uno sea encaminado para cumplir la misión del Hijo que vino para manifestar al Padre y hacer Su voluntad. Él nos declara: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21). Nos envía con Su autoridad y Su Espíritu para cumplir Sus propósitos en la proclamación divina de Su Palabra, el evangelio de la paz. Deseo que estas meditaciones nos ayuden a escudriñar las Escrituras, no solo para aumentar nuestros conocimientos, sino para conformarnos a la voluntad de Dios. Cuando la verdad se apodere de nuestros corazones, se manifestará excelentemente en nuestro carácter y en un servicio aceptable".
W. E. Vine. M.A. (1873-1949)

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