viernes, 18 de noviembre de 2011

"Para Esto Fuisteis Llamados"

Texto: 1 Pedro 2:20-21


Los del mundo preguntan por qué sufrimos nosotros los creyentes – dónde está nuestro Dios – tanto pensar en Dios, leer la Biblia, reunirse como iglesia, y luego pasan desgracias. O sea, dicen que si somos creyentes, y si es verdad lo que creemos, no tendríamos que sufrir. Y entre evangélicos hay quienes enseñan que si uno es creyente y tiene fe, no debe ser pobre, ni tener dolores, ni estar enfermo, etc.  No extraña que haya gente en sus iglesias, buscando no la salvación, no a Cristo, sino que todo les vaya bien ahora a corto plazo. Uno podría ir a esas iglesias como quien va a una discoteca, para pasarlo bien y olvidar sus problemas. Hasta dónde llega la sabiduría humana. 
Pero la Biblia contiene la sabiduría que desciende de lo alto. 1 Pedro nos enseña lo contrario, que los creyentes a veces padecemos injustamente, porque “para esto fuisteis llamados” (v. 21). Nuestro comportamiento enmedio de la adversidad es parte de nuestro testimonio.
El salmista en el Salmo 73 se molestaba porque sufría, pero a los impíos les salían bien las cosas. Fue para él duro trabajo considerar esto. Pero luego, si seguimos leyendo este excelente salmo, vemos que lo puso todo en perspectiva y comprendió. Falta nos hace hacer lo mismo.
En Hechos 14:22 la palabra apostólica era que “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”.
En Juan 15:18-20, el Señor advierte a Sus discípulos acerca de cómo será su vida en este mundo: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”
En Juan 16:33 el Señor promete: “en el mundo tendréis aflicción”.  Pedro estaba allí escuchándole ese día, y luego es Pedro que escribe inspirado por el Espíritu Santo: “para esto fuisteis llamados”. Seguimos al “Aborrecido”, ¿y qué esperamos, que nos aplauden?” No pasará. Además, Cristo dijo: “¡Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!” (Lc. 6:26). 
¿Esperamos que el mundo, el diablo y la carne los premien por ser creyentes? Antes al contrario, todos se ponen en contra. Vivimos en un mundo caído, arruinado por el pecado y bajo el dominio de Satanás. Cuando vengan los problemas, las dificultades, los apuros, las injusticias, y cualquier otro tipo de problema, recordemos que tenemos oportunidad de tener un comportamiento y testimonio distinto a los del mundo. Si sufrimos como creyentes, por nuestra fe [¡no como malhechores!], aceptemoslo de la mano del Señor, glorifiquémosle, y tengamos buen testimonio. Lo malo para nosotros viene a plazo corto, en esta vida. Por delante nos espera gozo eterno. Lo bueno para el incrédulo viene a plazo corto, sólo en esta vida, y por delante le espera condenación y dolor eterno.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Acostumbrándose a las Tinieblas

escribe Vance Havner

Tiempo atrás un amigo me llevó a un restaurante donde aparentemente aman las tinieblas más que la luz. Di un traspie al entrar en la caverna oscura, manejé con torpeza la silla al sentarme y dije que hacía falta una linterna para leer el menú. Cuando llegó la comida, la comí por fe y no por vista. Sin embargo, poco a poco comencé a distinguir las cosas algo mejor. Mi amigo comentó: “¿No es curioso cómo nos acostumbramos a las tinieblas?”
    Vivimos en las tinieblas. El capítulo final de esta época está dominado por el príncipe y las huestes de las tinieblas. Los seres humanos aman más las tinieblas que la luz porque sus obras son malas. La noche está avanzada; la negrura es más extensiva, excesiva y más densa justo antes del alba.
    No obstante, los primeros cristianos iluminaron el mundo porque la luz absoluta estaba en marcado contraste con las tinieblas absolutas. Los cristianos primitivos creían que el evangelio era la única esperanza del mundo, que sin él todos los hombres estaban perdidos y que todas las religiones eran falsas. Pero llegó el día cuando la Iglesia y el mundo mezclaron la luz con las tinieblas. La Iglesia se acostumbró a las tinieblas y durante siglos vivió inmersa en ella. Hoy en día, demasiados cristianos piensan que hay algo de tinieblas en nuestra luz y algo de luz en las tinieblas del mundo. Dudamos a medias de nuestro propio evangelio y creemos a medias en la religión de esta edad. Andamos sigilosamente en la oscuridad cuando deberíamos iluminar al mundo con la luz. Necesitamos sacar nuestras antorchas de debajo de las cestas y las camas, quitar las lentes de la transigencia, y dejar que nuestra luz brille en nuestros corazones, hogares, negicios, iglesias y comunidades, con aquella luz que brilla en el Salvador, las Escrituras y los santos.

Traducido con permiso de la revista “Uplook”

viernes, 16 de julio de 2010

Cuatro Cosas Crucificadas...


en la crucifixión de Cristo

El Viejo Hombre Crucificado. “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Ro. 6:6). El verbo compuesto que se traduce “crucificado juntamente” significa ser crucificado en compañía de otros, como cuando los malhechores fueron crucificados con Cristo. El “viejo hombre” que fue crucificado con Cristo es la suma total de nuestra vieja vida egoísta.
Cuando los gabaonitas vinieron a Josué, vinieron con “sacos viejos...cueros viejos...zapatos viejos...vestidos viejos”. Todo ese lote de basura debía haberse quemado, pero tomaron a Josué de sorpresa. Ahora bien, nuestro “Josué” no se engañó: nuestras viejas costumbres formadas en el pecado no deben dominarnos más cuando las veamos en el Calvario.

Nuestro “Yo” Crucificado. “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gá. 2:20). Aquí de nuevo es co-crucifixión. Si se examina la ramita de una hoja muerta, se verá que el viejo canal de la savia está bloqueado por una barrera invisible al ojo natural. La planta cerró la puerta a la hoja del año pasado, condenándola a podrirse. Pronto se comienza a soltar de la rama, el viento la sacude, y se cae. Así también la cruz de Cristo cierra la vida del “yo”, y se torna una barrera entre él y nosotros cuando nos consideremos muertos con Cristo. No es auto-crucifixión sino crucifixión con Cristo; no es mortificarnos a nosotros mismos, sino creer que hemos muerto con Él en Su muerte.

La Carne Crucificada. “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá. 5:24). La carne denota el principio de vida en el hombre que está alejada de Dios, y es incurable e irreparablemente mala. De la manera en que la sangre de Cristo nos acerca a Dios, esta muerte mata aquello que nos hizo alejar de Él. Escojo poner en medio de la situación al Cristo que murió por me. Ante Él toda tentación huye.

El Mundo Crucificado. “El mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gá. 6:14). El mundo es el sistema del hombre por el cual la gente intenta estar feliz sin Dios – la religión, los placeres, la política y todo lo demás.
Somos crucificados al mundo y a todo lo que en él hay. Si quieres ver el mundo como es en realidad, ¡mira lo que hizo a nuestro Salvador! Leemos de la sabiduría degradante del mundo (1 Co. 1:21); el carácter malvado del mundo (Gá. 1:4), la corriente del mundo (Ef. 2:2), las tinieblas dominantes del mundo (Ef. 6:12), la oposición de la amistad del mundo (Stg. 4:4), la contaminación del mundo (2 P. 2:20) y la trinidad falsa de las cosas del mundo (1 Jn. 2:15). Deben ser a nosotros como cosas muertas; entonces nosotros también seremos como cosa muerta al mundo.
Seleccionado,
traducido de la revista UPLOOK, septiembre 2003