martes, 4 de septiembre de 2012

GUARDA LA VERDAD


El pueblo de Dios en la edad de la iglesia tiene una responsabilidad específica respecto a la falsa doctrina y la enseñanza errónea. La verdad de Dios debe ser siempre guardada celosamente. Nuestro corazón necesita ser íntegro y nuestra enseñanza sana: “Ten cuidado de ti mismo, y de la doctrina” (1 Ti. 4:16; véase también Hch. 20:28). Nuestra responsabilidad divinamente dada de preservar la pureza doctrinal demanda que tomemos estos siete pasos:

1. Examina Todo Por La Palabra De Dios. “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Ts. 5:21). La inerrante Palabra de Dios es el estándar objetivo con el que debemos probar todas las cosas. En nuestros tiempos hay muchos vientos de doctrina (Ef. 4:14), y deben ser examinados y escrudiñados según la perfecta verdad de Dios. El pueblo de Dios necesita mucho discernimiento cuando lee libros, escucha mensajes grabados o mensajes de radio, y ve programas religiosos en el televisor. Debemos preguntarnos cómo cada enseñanza cuadra con la Palabra de Dios. ¿Lo que enseñan es una verdad que podemos sostener/defender o es un error que debe ser rechazado? Que el bendito Espíritu de Dos nos dé mentes alertas para discernir entre la verdad y el error, para que no abracemos ninguna opinión que sea contraria a la mente del Señor, aunque venga de un conocido y respetado maestro de la Biblia.

2. Instruir Al Pueblo De Dios. Tal era el ministerio del apóstol Pablo: “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27). El pueblo de Dios necesita sumergirse en un programa de instrucción total. El diablo mismo sabe la importancia de la enseñanza. El “testigo de Jehová” normal y corriente, por ejemplo, está siempre preparado para explicar la esperanza falsa que tiene. Pero el creyente bíblico normal y corriente es terriblemente ignorante respecto a la verdad de Dios. Muchos creyentes tendrían dificultad demostrando de las Escrituras aun la verdad básica de que Jesucristo es Dios. Muchas iglesias locales funcionan como centros evangelísticos en lugar de centros de edificación. Se le enseña a la gente cómo ser salva, y por eso damos gracias a Dios, pero los creyentes no están siendo edificados en la santísima fe. Por lo tanto son doctrinalmente analfabetos y carecen totalmente de preparación para evaluar correctamente un punto de vista doctrinal desviado como lo es por ejemplo la teoría de que Cristo comenzó a ser el Hijo en la encarnación. Cuanto más entendamos la verdad acerca de la persona de Cristo, más podremos detectar lo que es falso. Un maestro de la Biblia dijo que “la mejor defensa contra la enseñanza falsa es una cristología profundamente bíblica”.

3. Poner Al Descubierto La Enseñanza Errónea. Pablo hacía esto repetidamente en sus epístolas. Expuso la falsa enseñanza de Himeneo y Fileto, que se desviaron respecto a la resurrección (2 Ti. 2:17-18). Cuando era necesario, Pablo nombraba a los culpables. Hoy en día solemos oír que nuestro ministerio debe ser positivo y amoroso, y que no debemos señalar diferencias doctrinales porque esto causa división en el cuerpo de Cristo. El predicador John MacArthur, al tratar al movimiento moderno carismático, dijo, muy acertadamente, lo siguiente:

“Ese tipo de pensamiento sacrifica la verdad por una paz superficial. Tal actitud se ha extendido en la iglesia contemporánea... No es malo analizar diferencias doctrinales a la luz de las Escrituras. No  es necesariamente contencioso enunciar desacuerdo con lo que se proclama en el nombre de Jesús, y exponer y condenar enseñanza falsa y comportamiento no bíblico. El apóstol Pablo veía necesario a veces reprender a personas nombrándolas en las epístolas que iban a ser leídas públicamente (Fil. 4:2-3; 1 Ti. 1:20; 2 Ti. 2:17)”.

4. Advertir Al Pueblo De Dios. No debemos despreciar el ministerio de advertir. No quiera Dios que los que hoy están en los púlpitos sean centinelas tímidas. De nuevo Pablo es nuestro ejemplo: “Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hch. 20:31). Los que se limitan a enseñar al pueblo de Dios verdades “positivas” sin dar advertencias, sólo engordan a las ovejas para los lobos que no perdonarán al rebaño (Hch. 20:29-30).
¿Son los creyentes inmunes a los peligros? ¿Están a salvo de la contaminación de los errores sutiles? ¿El dios de este mundo ha perdido todo control e influencia sobre nuestras mentes? Si esas preguntas pueden ser respondidas afirmativamente, entonces el ministerio de advertir es totalmente innecesario.

5. Exige La Integridad Doctrinal. Si una iglesia... u organización tiene una declaración doctrinal fundamentada en las claras enseñanzas de la Biblia, debe ser mantenida por todos los líderes. La honestidad y la integridad demandan que realmente crean lo que profesan creer. Si firman o declaran que están de acuerdo, deben hacerlo sin reservas. No se deben admitir a los que no están en pleno acuerdo con la sana doctrina. La consistencia e integridad doctrinal demandan esto. Si una declaración doctrinal no refleja precisamente la enseñanza de la Biblia, debe ser cambiada para que corresponda con precisión a “las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas” (Lc. 1:1).
No hace muchos años, el director de una misión anunció que ya no estaba de acuerdo con la doctrina del arrebatamiento pretribulacional. Ese cambio en su modo de pensar le puso en conflicto con la declaración doctrinal de la misión que dirigía. Ya no podía estar totalmente de acuerdo con ella. Los directores tenían que tomar una decisión. Podían seguir los deseos del director y cambiar la declaración doctrinal para permitir su nuevo punto de vista sobre el arrebatamiento, o podían permanecer firmes en su posición doctrinal. Rehusaron cambiar, y el resultado fue que el director dimitió. El director se equivocó al abandonar la doctrina bíblica del arrebatamiento pretribulacional, pero hizo bien en dimitir ya que no podía con toda honestidad estar de acuerdo con la declaración doctrinal.
Si una declaración doctrinal incluye algo que dice: “Creemos que el Señor Jesucristo es el Hijo Eterno de Dios”, ¿cómo puede alguien firmar su acuerdo con la declaración si niega que Jesucristo es eternamente el Hijo de Dios? Los que creen que Jesucristo sólo comenzó a ser el Hijo cuando se encarnó no deberían esconder su desacuerdo en este punto. La inconsistencia es seria y el punto es todavía más serio cuando hombres cuyos escritos contradicen la sana posición doctrinal manifestada por sus colegas. Tales hombres dicen en efecto que la declaración doctrinal no significa lo que dice. Es una forma peligrosa de proceder. Hace que una declaración doctrinal sea un documento sin sentido.  Norman L. Geisler hizo la siguiente observación acertada:

“Esto es precisamente cómo las denominaciones se vuelven liberales, es decir, cuando sus declaraciones doctrinales son estiradas más allá de su sentido original para acomodar nuevas desviaciones doctrinales...No podemos permitir que esta doctrina crucial [de la resurrección corporal] sea diluida acomodando diferentes puntos de vista, no importa cuánto nos gusten los que mantienen esas posiciones. La verdad sencilla es que la caridad fraternal no debe usarse como excusa para descuidar la pureza doctrinal. La vigilancia eterna es el costo de la ortodoxia... Es verdaderamente triste el día en el que permitimos cambios en el sentido original de las doctrinas...”

El bien documentado caso del desvío del Seminario Fuller (en Los Ángeles, EE.UU.) de la doctrina de la inerrancia de la Biblia ilustra lo que sucede cuando se claudica en la integridad doctrinal. La posición original de Fuller era muy clara. Decía que la Biblia “está libre de todo error en todo y en cada parte”. Un profesor no pudo, en conciencia, firmar y como resultado salió del seminario. Sin embargo, hubo otros profesores que firmaron su acuerdo cuando realmente no creían en la doctrina de la inerrancia de la Biblia. Claramente violaron la integridad doctrinal. ¿Cómo pueden tales declaraciones tener validez si los que firman lo hacen con reservas mentales y no creen realmente lo que firman? Se vuelve un documento sin sentido. Aproximadamente una década después del comienzo de la controversia, el Seminario Fuller cambió su declaración doctrinal para que ya no dijera “libre de todo error”. La levadura de la transigencia doctrinal leudó toda la masa.
Los líderes espirituales no deben tolerar ni acomodar posiciones doctrinales que no están de acuerdo  con la Palabra de Dios... La integridad y honestidad demandan que nos mantengamos firmes en la sana doctrina, la cual hemos dicho que creemos. Aun la Palabra de Dios es sin provecho si rehusamos creerla, obedecerla y practicarla (He. 4:2). La exhortación de Pablo a Timoteo es apropiada: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 1:13). 
6. Habla La Verdad En Amor. El apóstol Pablo expresó la importancia de estar los creyentes unidos en el conocimiento del Hijo de Dios, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13). La unidad que  gozan los creyentes se basa en la verdad, y esta verdad se centra en la persona del Hijo de Dios. En este contexto Pablo declaró la necesidad de hablar “la verdad en amor” para que los creyentes crezcan “en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Ef. 4:15).
Hoy hay muchos que minimizan la importancia de la doctrina bíblica, diciendo que lo único que realmente importa es el amor. Dicen que lo que creemos no importa mientras nos amemos unos a otros. Para ellos la marca de verdadera ortodoxia es el amor, no la doctrina. Dirían que si verdaderamente nos amamos, no nos dejaremos dividir por asuntos doctrinales. Piensan que si los creyentes van a ganar el mundo para Cristo, deben enterrar sus diferencias y proclamar el corazón esencial del evangelio de modo positivo.
¿Realmente debemos sacrificar la verdad y sana doctrina por el amor, la tolerancia, la paz y la unidad? ¿No se goza el amor de la verdad? (1 Co. 13:6) El apóstol Juan habló frecuentemente del amor en sus epístolas, pero también pronunció palabras muy fuertes en contra de los que no permanecen en la doctrina correcta de Cristo (2 Jn. 7-11). Es esencial predicar el evangelio, pero si descuidamos la verdad y la doctrina, peligra incluso el evangelio que predicamos. El mensaje del evangelio se centra en la persona de Jesucristo el Hijo de Dios (Ro. 1:1-4). ¿Cómo podemos predicar a Cristo de manera que honra a Dios si no guardamos celosamente la verdad acerca de Cristo y quién es? El mensaje del evangelio siempre debe ser “conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3-4).
La doctrina bíblica es extremadamente importante. Se salvan las almas y los creyentes son santificados y unidos en base a la verdad de Dios (Stg. 1:18; Jn. 17:17; Ef. 4:13-15). Si realmente amamos a una persona, desearemos que sea totalmente adoctrinada y fundamentada en la verdad de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis. La unidad verdadera se goza sólo en la medida que creyentes entran en una comprensión común de la Palabra de Dios. Desde la perspectiva divina los que impiden la causa de la unidad cristiana son los que rehúsan sostener fiel y obedientemente la Palabra escrita de Dios. La verdad de Dios debe prevalecer. “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tit. 2:1).

7. Protege La Pureza Doctrinal De la Asamblea Local De Creyentes.  El error debe ser afrontado, no ignorado. No debe ser tolerado ni minimizado. Los que enseñan el error deben ser confrontados de manera honesta y bíblica, en amor. Los líderes piadosos en las iglesias deben proteger a la iglesia local de errores y desvíos: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:28-30). Ironside reconoció esto y dio la siguiente amonestación:

“El error doctrinal entra en las iglesias de maneras muy sutiles y aparentemente inofensivas.
Siempre es correcto estar firme en lo que Dios ha revelado acerca de la Persona y obra de Su bendito Hijo. El padre de mentiras trafica en media-verdades, y especializa en falacias muy sutiles acerca del Señor Jesús, nuestro único y suficiente Salvador”.

Los desvíos de la Palabra de Dios pueden ser muy pequeños al principio y difíciles de discernir. Por esta razón muchos no han podido ver los problemas y peligros de la posición de los que creen que Cristo comenzó a ser el Hijo en la encarnación. Muchos de los que niegan que Cristo sea el Hijo eterno todavía creen en la deidad de Cristo. Creen en la preexistencia o eternidad de Cristo. Creen en las tres personas de la Trinidad que eternamente han existido. ¿Es su concepto de Cristo como Hijo realmente un problema serio? ¿Es un error insidioso que, de no ser detenido, dañará el cuerpo de Cristo?
La negación de la relación verdadera, esencial, apropiada, única, eterna e inherente con el Padre es error serio. No debemos aprobar la enseñanza que dice que la relación Padre/Hijo no existía antes de la encarnación. No debemos robar a la segunda persona de la Trinidad de Su identidad esencial como el amado y eterno Hijo del Padre (Col. 1:13). Debemos oponernos estrenuamente a cualquier enseñanza que diga que  para Cristo el ser Hijo no tiene nada que ver con Su naturaleza y esencia. Es el verdadero corazón del asunto de la eternidad del Hijo.
El negar la eternidad del Hijo puede parecer sólo una pequeña variación, un pequeño desvío, pero el error puede conducir a otros serios desvíos de la verdad. La enseñanza falsa es peligrosa no sólo porque tergiversa la verdad que es el fundamento de nuestra fe, sino también porque nos encamina mal y puede causar el desvío de otros. El que acepta una doctrina falsa acerca de Cristo puede contribuir a un ambiente  en la que otra persona albergue otra doctrina peligrosa. Los cristianos tienen la responsabilidad de guardar la verdad acerca de Jesucristo el Hijo Eterno para ayudar a otros a evitar otros errores serios.
Si se permite, la negación de la doctrina del Hijo Eterno dañará al cuerpo de Cristo. Podemos colaborar en la prevención de tal daño si defendemos la doctrina, y podemos defender la doctrina señalando los problemas que afrontan los que la niegan.

del libro The Eternal Sonship Of Christ (“El Hijo Eterno de Dios”), por George W. Zeller y Renald E. Showers, Loizeaux, 1993, págs. 80-88, traducido por Carlos Tomás Knott

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